El secreto detrás de La chica del brunch: "Mi única condición para recomendar un lugar es que me tiene gustar"
Con más de cinco millones y medio de seguidores, se convirtió en una de las voces más influyentes de la gastronomía en redes sociales con su cuenta. En esta charla con EPU, repasa cómo nació una comunidad capaz de cambiar el destino de un restaurante, reflexiona sobre la responsabilidad que implica esa influencia y explica por qué eligió construir su contenido desde la recomendación antes que desde la crítica.
Por Pablo Seoane
Se crio en un ambiente familiar donde la comida ocupaba un lugar primordial. Si bien su padre guardaba sus secretos de platos griegos, la gran cocinera era su madre, que le preparaba el tupper de la escuela con recetas muy sofisticadas realizadas, por ejemplo, en base a champiñones. Consecuentemente, para la influencer de 33 años la gastronomía es sinónimo de amor. No en vano, tiene algunos alimentos tatuados –literalmente– en la piel.
Hace casi diez años, mientras manipulaba su celular, una compañera de oficina le hizo reparar en que el álbum de fotos de su teléfono había un potencial de un proyecto. Aquella sugerencia fue el puntapié inicial que derivaría en La chica del brunch: una cuenta de Instagram que arrancó hace unos 7 años y ya tiene más de cinco millones y medio de seguidores.
Y si bien, como su nombre lo indica, primero se dedicaba a realizar devoluciones sobre ese tipo de plato que se ingiere entre el desayuno y el almuerzo en cafeterías, luego su contenido se extendió a los bodegones, restaurantes y parrillas de campo, en los que también añadió el turismo como contenido.
El crecimiento fue semejante que hay dueños de restaurantes que le piden que no vaya porque no podrían sostener la respuesta que se genera tras su cobertura. Rocío le contó a EPU cómo es el criterio de selección, la dinámica que sigue con cada sitio, cómo se sostiene económicamente y por qué evita las críticas negativas.
–¿Cómo fue la génesis de La chica del brunch?
–Yo arranqué en prepandemia; siete años pasaron. Aunque antes me la pasaba yendo a cafeterías, restaurantes y siempre andaba con un anotador en el que ponía lo que me gustaba de los sitios y lo que no. En ese entonces, tenía trabajo en relación de dependencia y sacaba fotos. Un día estábamos en la oficina y le quería buscar una imagen a una compañera y me empezó a hacer chistes tras reparar en que el álbum de mi celular era todo de comida. Y me dice: “¿Por qué no hacés algo con esto?”. Y así arranqué con el brunch, que era lo que más me gustaba. Me fui a fijar con poca fe si estaba disponible el dominio La chica del brunch y milagrosamente, sí. Es decir que el nombre no lo pensé demasiado.

–¿En qué momento tu cuenta empezó a crecer de manera sostenida?
–Cuando comencé a desarrollar La chica… justo arrancó la pandemia, entonces me pregunté: “¿Qué hago ahora?”. ¿Qué iba a recomendar si no se podía salir? Entonces me metí con las recetas de cocina. Creo que lo hicieron demasiadas personas con la masa madre, con el yoga, con el pan. Yo me metí con las recetas más golosas: estaba pasándola mal, quería comer dulce y necesitaba chocolate en mis venas. Ahí tuve mi primer crecimiento en redes. Y el segundo, y el más importante, se da cuando se empiezan a habilitar los permisos para poder salir a comer; recuerdo que eran con turnos.
En ese momento, había una necesidad muy importante de los locales de difundirse porque era como empezar de cero. Y, además, no había tantas cuentas como ahora. Si bien existían los periodistas gastronómicos y otros tantos influencers, la diferencia que es yo me dediqué más a los reels, que recién se empezaban a instalar, y ahí fue mi crecimiento como absoluto. Fue hacia finales de 2020 que ese formato de video te permitía acercarte a audiencias que no te conocían.
–Comenzaste con el brunch, luego incorporaste los restaurantes, ahora también recomendás sitios turísticos vinculados, o no, con la gastronomía. ¿Cómo se produjo ese derrotero?
–La primera incorporación que yo hice fueron los bodegones. Temía que los seguidores me plantearan que yo solo me dedicaba a cafeterías o brunch, pero no, la aceptación fue buena. Entonces, luego pensé que se podría ir abriendo el abanico y apareció el turismo, aunque fue más por una inquietud personal, con la intención de no aburrirme y abrir el juego.

Arrancamos con lugares para comer en las afueras, donde íbamos con mi pareja y mis amigos, y luego llegué hasta sitios hermosos como el campo de tulipanes que hay en Trevelin, Chubut. Eso sí, hay que siempre tener el cuidado de no alejarse de la realidad porque a mí me sigue un público bastante popular. Entonces, en ese sentido, siempre trato de mantenerme al pie del cañón.
–¿Cómo es el criterio de selección de los lugares que visitás y la dinámica con cada uno? ¿Te llaman, pedís vos de visitarlo, hay un intercambio económico?
–Por un lado, voy a lugares por mi cuenta, siempre con el permiso correspondiente para grabar, porque hay gente que no le interesa. Me ha pasado de lugares que me digan “Mirá, yo no tengo la espalda para bancar la oleada, y se me va a descompaginar todo” y es súper entendible. Después, por otro lado, a veces me convocan sin ningún tipo de pago de por medio: simplemente me dicen que quieren que vaya a probar sus platos.
Y luego están los lugares más grandes, que son tipo franquicias, que tienen espalda para poder pagarme y yo siempre digo lo mismo: mi condición es, y siempre será, que a mí me tiene que gustar para poder aceptar un pago de por medio. O sea, me tiene que gustar el producto, lo que voy a consumir. Si no, se devuelve la plata y no se sube nada. No me gusta hacer reseñas negativas, me lleva mucho tiempo editar un contenido como para defenestrar un lugar y encima hay un montón de puestos de trabajo y familias en juego.
–Es un tema delicado ese...
–Sí, claro, de hecho, a mí me pasa últimamente que me mandan muchos mensajes diciéndome si no venís a grabar tengo que cerrar el local ya. La verdad que me resulta una situación como muy tensa: me pone una presión de que recaiga eso en mí porque sé que hay personas atrás que necesitan volver a su casa, pagarse el colectivo, la escuela de los pibes, lo que sea. Y es horrible porque en el último tiempo me sucede mucho; me pone muy mal.

–A propósito de presión, hasta ahora tenés cinco millones y medio de seguidores. ¿Cómo convivís con semejante dimensión de números?
–Yo trabajo mucho en terapia todas estas cuestiones. Y también reparo en lo siguiente: a veces hacés un video que no tiene la repercusión esperada porque quizás tuvo un millón de vistas y uno está acostumbrado a cantidades mayores. Te perseguís con que las marcas, que es prácticamente el gran porcentaje de lo que vivimos los creadores de contenido, no te van a convocar y la verdad es que las marcas saben hacer las lecturas pertinentes.
Además, después parás un poco y pensás: “¿Cuántos estadios de River Plate llenás con un millón de personas?”. Para que se entienda, tenés que alejarte un poco y dimensionar realmente lo que estás generando. Creo que lo importante, por lo menos en mi caso, es bajar a tierra. Me gusta la búsqueda de crecimiento y ver cómo me puedo reinventar, pero también hay que disfrutar del tiempo libre, de tus amigos, de la familia, de un fin de semana que a mí mucho no me sobran.
–¿Es cierto que te gustaría hacer una serie sobre comidas de la calle?
–Sí, me gustaría hacer una serie tipo Somebody Feed Phil de Phil Rosenthal, que es un tipo que viaja por todo el mundo comiendo. Bueno, a mí me gustaría hacerlo a nivel federal en Argentina, pero con puestos callejeros. O sea, como esos lugares donde hay una señora que hace las mejores tortillas rellenas de Purmamarca. Pienso ahora en un puesto de jamón crudo en Mendoza que es espectacular (se ríe). En resumen, dar a conocer la comida callejera de Argentina porque me parece que cada provincia tiene algo increíble para ofrecer.

–¿Vivís exclusivamente de La chica del brunch?
–Sí, yo ya tenía como un millón de seguidores, pero seguía trabajando en relación de dependencia. Hasta que un día tomé la decisión y me tiré a la pileta. Mi economía se nutre de trabajar con marcas, también algunos sitios que pagan, pero con mis reglas que explicaba antes; es de lo que vivimos la mayoría de los creadores. Además, tengo un representante, que sería una persona que tiene el contacto directo cuando aparecen marcas grandes que quieren pautar algún tipo de contenido en particular
–¿Qué significa la comida en tu vida?
–Para mí es amor, porque detrás de un plato de comida, hay esfuerzo, dedicación, laburo. No hay mejor plan que comida casera en casa. Me gusta cuando mi novio me hace un asado, por ejemplo, él es muy cocinero además. De chica, mis viejos laburaban hasta las 6 de la tarde, yo iba al colegio doble jornada porque no había otra posibilidad en ese momento y cuando salía, era el tiempo que yo podía compartir con ellos. Y en esos momentos, siempre había un plato para compartir. En mi casa era todo casero, nos encantaban las milanesas y las hacía mi vieja, que aunque estuviera cansada, le metía toda la dedicación. Así que para mí la comida es amor y una manera de transmitirles cariño a los demás.

