El método de Inés Palombo: "En mi caso, la felicidad tiene que ver con vivir el momento"
La actriz rosarina, protagonista de Maldita Felicidad junto a Pablo Echarri, Paola Krum y Carlos Portaluppi, atraviesa un camino marcado por el amor propio y el autodescubrimiento. Ese presente en expansión también se refleja en su escuela de artes escénicas y en una forma de vida donde el “aquí y ahora” se vuelve central.
Inés Palombo llegó a Buenos Aires a los 18 años desde su Rosario natal y construyó una carrera como actriz de teatro y televisión, a la que con el tiempo le sumó una nueva dimensión de coach ontológica. Hoy dirige el Método IP, su propia escuela donde fusiona teatro y desarrollo personal en lo que ella define como “una mezcla muy poderosa que trasciende lo actoral y contribuye al crecimiento personal”.
Desde sus inicios en Rebelde Way, tira en la que interpretó a la villana Sol Rivarola, sus papeles en televisión, cine y teatro fueron creciendo. Además de las novelas juveniles 1/2 falta, El refugio y Romeo y Julieta, tuvo participaciones especiales en La niñera, Floricienta, Casados con hijos, Sos mi vida y Mujeres asesinas. El camino actoral estuvo acompañado por las clases de teatro, que dio por muchos años y retomó después de la pandemia, su formación en el coaching ontológico y la maternidad.
Actualmente protagoniza la obra Maldita felicidad junto a Pablo Echarri, Paola Krum y Carlos Portaluppi, bajo la dirección de Daniel Veronese. Ahí encarna a Ari, una invitada que siempre se muestra radiante en las redes sociales y a quien, precisamente por eso, le preguntan qué es la felicidad. Lo que empieza como un juego inocente desencadena una noche en que las miserias y verdades de los cuatro personajes salen a la luz.

–¿Cómo fue sumarte a este elencazo? ¿Cómo fue la dinámica de los ensayos y la relación con el director?
–Fue muy rico. Yo ya había trabajado con Carlos Portaluppi en Jardines salvajes, así que teníamos historia juntos. Pero acá era la primera vez que trabajaba con Pablo como actor, porque él me había producido en Mi amor, mi amor, con Juan Gil Navarro, pero nunca habíamos actuado juntos. A Paola no la conocía y con Daniel había audicionado hace tiempo, así que no tuve que hacer casting, lo cual estuvo muy bien. Daniel me acompañó mucho y me permitió el tiempo de búsqueda sobre mi personaje, fue una muy buena experiencia.
Humanamente fue todo muy cálido, muy cómodo y amoroso. No hay divismo, todo lo contrario, son generosísimos todos. Los cuatro somos iguales en ese sentido: cuando alguien hace algo bueno, nos lo marcamos y celebramos entre nosotros.
–Tu personaje llega desde afuera e irrumpe en la noche de los tres, ¿cómo construiste a esa mujer que de repente pone todo patas para arriba?
–Mi personaje entra de una manera que se puede prejuzgar como un momento divertido, buena onda o que representa la alegría, y después tiene una vuelta de tuerca. No está desarrolladísimo en el guion, pero creo que le saqué todo el jugo posible. Sigo buscando función a función, eso tiene que ver con mi forma de ser actriz y lo disfruto mucho. Y después está todo lo relacionado a escuchar, que para el actor es todo un tema. Yo se lo digo a mis alumnos: uno cuando empieza a actuar piensa que si habla es más importante, pero a veces un silencio cuenta mucho más. Eso también es una búsqueda permanente: qué le pasa a este personaje escuchando todo lo que dicen los otros.

–La obra tiene como premisa central la pregunta por la felicidad. ¿Qué es la felicidad para vos?
–Es algo que busco día a día, más siendo coach y acompañando a otros, creo que para eso venimos un poco al mundo. En mi caso la felicidad tiene que ver con vivir el momento, el aquí y ahora, algo que sigo trabajando yo misma también, porque soy muy multitasking y no paro (se ríe). Siempre pongo el ejemplo de darle la manito a mi hijo e ir caminando por la calle, eso es felicidad, las cosas chiquititas. Ser fiel a uno mismo, hacer las cosas que uno ama.
–Además de actriz y coach ontológica, sos directora del Método IP, tu escuela de teatro y desarrollo personal. ¿De dónde nació esa idea y a quiénes está dirigida?
–Di clases de teatro durante diez años, después corté cuando me embaracé y viajé mucho. En la pandemia retomé, ya llevaba muchos años siendo coach y, sin querer, mis clases empezaron a combinar las dos cosas. El año pasado volví de manera más formal y ahí nació Método IP; algo que ya venía haciendo naturalmente pero sin nombre y apellido y en lo que confío porque veo los resultados. Es la primera escuela en Argentina con esta mezcla que para mí es muy poderosa: teatro y desarrollo personal.

Los alumnos no tienen que querer ser actores –hay médicos, profesores, psicólogas, de todo–. Trabajamos el cuerpo, el lenguaje y la emoción. El teatro lo abordamos principalmente desde la improvisación y el desarrollo personal se centra en el amor propio, que creo que es la base de todo. Abordamos el amor propio no desde el egoísmo, sino para ser mejor mamá, mejor amiga, mejor pareja. Desde ahí las relaciones son más sanas y uno es más sincero consigo mismo. La escuela tiene una base de amor, muy diferente a la competencia que hay afuera.
–¿Qué aprendiste de tus alumnos que quizás el escenario no te enseñó?
–La importancia que tiene el compromiso de cada uno de querer salir de donde está y no es feliz. Cuando querés, podés salir. A veces llega gente y uno ve cuánto la voluntad y las ganas te transforman, el poder de creer en uno es muy importante. Con ellos se materializó lo que ya pensaba, pero mis alumnos me lo siguen enseñando día a día, veo su evolución en lo concreto y me encanta.
–Volviendo a "Maldita felicidad", ¿tienen programado llevar la obra de gira?
–Sí. Empezamos por la provincia de Buenos Aires, después vamos a Mendoza, Córdoba y Rosario, que es mi ciudad, así que estoy muy emocionada, nunca fui con una obra tan importante. Desde los 8 años bailaba danza clásica en teatros muy importantes de allá, después hice comedia musical, pero nunca fui con algo así. Le estoy avisando a gente que hace mil años que no veo, es una excusa hermosa para volver. Vamos al Broadway de Rosario, que es un teatro imponente.

–Con todo lo que estás haciendo, la obra, la gira, tu escuela, ¿cómo manejás los tiempos?
–Tengo un nene de cuatro años y un marido que es lo más y me recontra banca. Somos un equipo; mi felicidad y mi trabajo son de todos. También tengo la familia de él acá y, por suerte, nos sostienen y ayudan bastante. Este año estoy trabajando el aquí y ahora más que nunca, porque si me pongo a pensar en todo lo que tengo por delante me vuelvo loca (se ríe). Voy pasito a pasito y confío en que todo se va a ir acomodando, eso que les digo a mis alumnos lo tengo que aplicar yo primero. Hay una frase que puede sonar trillada, pero que cuando estudiaba me marcó mucho y aplica a este presente: “Uno enseña lo que tiene que aprender”.
Fotos: NM producciones
Make up: Renata Márquez

