Julieta Cardinali: "Está bueno que los artistas podamos abarcar proyectos que nos interpelen"

Lejos de la lógica de los grandes rodajes, la actriz se vuelca a un terreno más íntimo: el teatro independiente. Con No tiene un desgarrón, dirigida por Rita Cortese, explora un registro más expuesto en un momento de plena madurez artística. En diálogo con El Planeta Urbano, comparte el pulso de esta etapa y afirma: “Me encanta tener amigos creativos y hacer lo que nos gusta, me enriquece”.

Con más de treinta años de carrera, treinta películas, una infinidad de series y programas de televisión, un pasado como paquita de Xuxa en los 90, y un perfil empresarial en el rubro textil, Julieta Cardinali no deja de sumar proyectos nuevos a su vida. A la vez de ser madre de Charo y de venir de coprotagonizar Belén, con Dolores Fonzi, rol por el cual está nominada a los Premios Platino, que se entregarán en mayo en México, se lanza a su primera vez en el teatro independiente. Allí se pone en la piel de Zittel, una de las protagonistas de No tiene un desgarrón, junto a Vera Spinetta, en Dumont 4040, dirigida por Rita Cortese. El proyecto, nos cuenta, la tiene muy entusiasmada y también muy ansiosa. Julieta conversó con El Planeta Urbano el día de la función de reestreno, a horas de volver al personaje, y los nervios se sienten a flor de piel.

–Además de los nervios, ¿qué pasa un día de estreno?

–Me quedo un poco paralizada, como si estuviera encerrada en un paréntesis. Intento hacer cosas, pero no logro hacer mucho de nada. Dije, voy a hacer gimnasia porque parece que está bueno y a los 35 minutos miré al profesor y le dije: “Necesito irme”. Recién hablaba con Rita Cortese y le contaba todo esto y ella me decía que estaría preocupada si me viera tranquila. Es un poco como estar en otro planeta y la cabeza solamente puesta ahí, en el estreno. Y paso la letra una y otra vez en mi cabeza.

–¿Lográs dormir la noche anterior al estreno? Porque si además estás rumiando la letra, esta obra tiene muchísima.

–Duermo poquísimo. Me pasa mucho que rumeo la letra cuando duermo. Si me trabo, prendo la luz y me fijo en la letra. Mi personaje, la señora Zittel, es quien lleva adelante esta obra y tiene mucho texto. Nosotras decidimos contarlo en el formato de este texto clásico. El gran desafío fue cómo decir estos textos clásicos de una manera que se entiendan y a la vez que no sean un plomazo.

–Hay algo de la puesta que te transporta a un viaje. No solo por el texto, también por verlas a ustedes completamente despojadas, ¿cómo llegó la propuesta?

–Es un poco la atmósfera que quisimos crear para meter al espectador. Tenemos el privilegio de hacer teatro independiente, pero con gente que tiene mucha experiencia. La persona que hizo la escenografía es una argentina que vive en Barcelona y que hace escenografías para ópera. Entonces nos armó esta caja negra, con estos trajes que simulan personas colgando. Tenemos a Iván Gierasinchuk, D.F. de cine, de los mejores, que nos pone tachos que nos dan en la cara y nos lleva al teatro negro. Toda la atmósfera está creada para que sea un poco un viaje.

Es una obra corta pero cada frase está cargada de actualidad. Rita vino y nos dijo: "Tengo esta obra. Pero vamos a hacer la primera parte. Vamos a concentrarnos en estas dos mujeres, en estas dos empleadas domésticas, que están desarmando la casa". Ella la había hecho en el San Martín hace muchos años con Pompeyo Audivert y con Tina Serrano. Cuando la leímos nos emocionamos profundamente porque parece escrita para hoy. Cada frase fue escrita en 1984, pero estamos en el 2026 y estamos igual y peor. Al mismo tiempo tiene algo muy esperanzador la obra, de no entregarse, de no ceder, de seguir luchando, de seguir pensando cómo queremos vivir, de qué manera queremos vivir. Es una obra que me conmueve, me gusta mucho esta obra.

–Para ustedes debe ser fuertísimo también interpretar ese texto, ¿no?

–Yo lloro cada función. Me emociona cada función. Más todavía ahora.

–Y venís de hacer Belén, proyectos que llegan, que trascienden el hecho artístico… ¿Vos estás eligiendo ese rumbo más allá de hacer cada tanto alguna serie o película más pasatista?

–Sí, porque me representa, porque me siento identificada, siento que hablan mi mismo idioma. Tanto Belén como esta adaptación de Tomás Banderas hablan de lo que a mí me gusta hablar. Entonces estoy muy agradecida de haber hecho Belén y de estar haciendo esta obra en este momento. Me parece que está bueno que los artistas podamos también abarcar proyectos que nos interpelen. Y también está buenísimo, como vos decís, hacer proyectos que nos distraigan y que nos distiendan.

–¿Y te gusta aceptarlo así como un desafío?

–Sí, No tiene un desgarrón, es un desafío absoluto. Abarcar este texto es muy difícil. Pero está Rita y ya con su mirada y la capacidad para explicar cómo ella lo entiende, es todo como una clase de teatro en cada ensayo. Yo siento que crecí y que a mi formación le dio mucho. Y eso me gusta. Es muy profundo. Sin duda, este es el mejor desafío de los que he pasado.

–¿Cómo influye el equipo de trabajo? ¿Cómo es trabajar con amigas?

–Trabajar con amigos hace todo más fácil. En Belén, Dolores es la directora y es mi mejor amiga. Creo que hay algo en las actrices con experiencia, como Dolores o Rita, que saben cómo pedirte. Saben cuando no estás en la situación que tenés que estar. Ella me estaba dirigiendo. Entonces mientras me miraba, ella veía mis ojos y yo estaba haciendo lo que tenía que hacer. A mí me encanta tener mis amigas que se dedican a lo mismo. No hay competencia, hay hermandad. Nos gusta trabajar juntas.

–Sos alguien que cuida mucho su vida privada. ¿Es difícil? ¿Cuándo supiste que querías que fuera así?

–Nunca me sentí cómoda con la exposición. Me encanta ver los programas de chismes, me divierten, me entretienen, pero me da mucha vergüenza verme a mí, me siento muy expuesta, no sé manejarlo, no me interesa. Sé también que hay algo del ego que pide tener que estar todo el tiempo pero yo no tengo esa necesidad.

–Además después te pasa como cuando vas a un programa de televisión y alguna situación te descoloca, como ocurrió en lo Mirtha Legrand.

–Ese día me fui pensando que no debería haber ido… Pero el hecho de no poder decir lo que uno piensa es grave, ahí está el gran avance del fascismo: en no poder decir nada porque cualquier cosa se siente como una censura, pero no es una censura de afuera, sino de uno mismo también. En lo de Mirtha no dije nada fuera de lugar, ni nada que no esté pasando. Fue una palabra, una referencia a una situación. Eso hizo que mucha gente me apoye.

–También contabas cómo es la situación que se vive en el rubro textil, que conociste con tu marca, ¿cómo convive tu faceta empresarial con la actuación?

–Como no tenemos una industria enorme, en los tiempos muertos aprendí mucho el metié y me di cuenta que me hacía muy bien tener algo paralelo a mi profesión. Algo que me gusta, que tiene que ver con lo creativo, que me deja poder elegir mejor los otros procesos. Hace una semana puse ese proyecto en pausa hasta nuevo aviso. Es que es algo que a mí me gusta hacer y tengo la intención de volver pero ahora me quiero enfocar en la obra y con la marca no me parece que sea un momento para seguir, al menos por un tiempo.

–¿Y cómo es la Julieta mamá?

–La verdad es que a mí me encanta y es algo que me sale con mucha naturalidad. Yo tuve una gran madre. Me acuerdo que ella, antes de morir, me dijo: "Sos una gran mamá porque aprendiste de mí". Me gusta y lo disfruto, con todo lo que implica criar a una hija sola también. Por supuesto que podría decirte un montón de cosas duras pero soy tan feliz siendo la mamá de Charo, disfruto tanto ese rol que no me imagino de otra manera.

–¿Hay algún trabajo o papel que sientas que te queda pendiente?

–Lo primero que se me ocurre cuando me preguntan esto es que hay mil cosas buenísimas que entiendo que van a venir. No soy nostálgica, voy para adelante. Siempre pienso que va a venir algo mejor.

Fotos: Alejandra López y San Sebastián Film Fest

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