Folklore y juventud: radiografía de una nueva generación que cambió los beats del trap por la mística de la Salamanca

Con la presencia de Milo J y Cazzu en los festivales más tradicionales del país resignificando el lenguaje de los patios de tierra, queda demostrado que, para quebrar el algoritmo, lo disruptivo es volver a la raíz.

Se acelera el repique de los bombos legüeros y las bailarinas se abren paso. Aparece ella, la jefa del trap, más expuesta que nunca, para responder las preguntas de un público tradicional que hasta este preciso momento se cuestionaba qué hacía Cazzu en el mítico festival de doma y folklore. Esta vez no necesitó de las barras ni del autotune para decir: “Se acabó el tiempo, llegué yo, hagan silencio”. Bastó una desafiante mirada al frente y el pulso de punta, taco y suela para demostrar que la fiereza del malambo ya no es una exclusividad gauchesca ni de hombría sino de quien decida devorar las tablas con su arte y, por qué no, de una mujer.

Lo que ocurrió esa noche en el escenario de Jesús María y que luego encontraría su eco en la plaza sagrada de Cosquín no fue un evento aislado ni una estrategia de marketing de la producción: es el síntoma de un proceso que se viene gestando al calor de los feats devenidos en largas guitarreadas. No es solo Cazzu desde Jujuy con su disco Latinaje, también es Milo J descubriéndose en el latido de Santiago del Estero o Teresa Parodi compartiendo mesa y mística con Cuti y Roberto Carabajal. Es Soledad pasando de ser la niña que revoleaba el poncho como una rockstar a abrirle las puertas de su casa a La T y la M para grabar juntos. Es la postal de una peña multitudinaria en el Movistar Arena donde miles de adolescentes, entre palmas y zapateo, entonaron “La pucha con el hombre” con la misma pasión que cualquier éxito del verano.

Con la aprobación orgullosa de los pioneros y un respeto mutuo, una nueva generación de artistas decidió profundizar en sus raíces para resignificar nuestra música y proyectarla al mundo entero con estilo propio. Lo que antes parecía una grieta generacional, hoy es una fusión tan armoniosa como una buena zamba y tan viva como la chacarera más bailada.

Y ESTABA DONDE NACÍ LO QUE BUSCABA POR AHÍ

Es llamativo que un pibe de 18 años, referente de la música urbana y “joven promesa que agota estadios”, un día se sienta vacío y decida dar un giro para recordar qué sucedía en su casa de Morón cuando en las noches de verano se veía la Televisión Pública. Para entenderlo, hay que alejarse de las luces y los millones de la fama incipiente, pero también de esa idea de la nostalgia como algo pasado y pisado. Milo J lo describe con la honestidad de una catarsis: “Tengo la pasta global pa’ ser de los mejores. Me aburrí de hacer trap, negro, quiero hacer folklore”. Y si bien en su caso una conexión familiar con la cuna de poetas y cantores lo llevó hasta allí, cada artista tiene su propio modo de reactivar ese vínculo.

Juan Manuel Gigena Ábalos lo define como un “gen musical”, una herencia latente que solo espera el momento justo para reclamar su lugar. Primero guitarrista de Ciro y los Persas y luego del regreso de Los Piojos, Juan lleva un apellido que es un mapa de nuestra historia sonora (está relacionado nada menos que con los legendarios Hermanos Ábalos). “Yo me crie con esta música, pero a los 13 agarré una guitarra eléctrica, hice un par de distorsiones y me fui para otro lado. Sabiendo lo grosa que era la historia de mi familia, no le encontraba el sentido, no me salía naturalmente”, confiesa.

El quiebre llegó de forma espontánea en 2010, durante un ensayo con Ciro: “Le mostré un loopeo que hacía al ritmo de chacarera sumándole rock. Él flasheó y me dijo: ‘A partir de ahora, en cada show, te quedás solo en el escenario y tocás eso’”. Ese experimento espontáneo se convirtió en un puente que hoy, a su manera, cruzan cientos de artistas: Juan creó Gauchos of the Pampa, su propia banda de rock y folklore, y además es el director musical de ¡FAlklore!, la tertulia de Mex Urtizberea donde artistas, como el propio Milo J, terminan de sellar ese reencuentro generacional. “Musicalmente, uno tiene que seguir buscando motivaciones o rezando que aparezcan. Por suerte era algo que habitaba en mí y hoy me hace sentir como si tuviese 15 años otra vez”, agrega.

VUELVE A RENACER EL GRITO MARRÓN DE LA CHACARERA

La Argentina es un país tan extenso como diverso, y en esa geografía infinita, cada región custodia su propio glosario de lo sagrado y lo cotidiano. Por eso, casi resultaba absurdo que durante la última década lo mainstream nacional forzara un vocabulario repleto de gangster, flow, boss, money and bitches. Ese giro hacia la raíz, entonces, también es lingüístico. El folklore tiene un término para cada herida y una leyenda misteriosa para cada lugar: la soledad es el grito del kakuy; el talento innato es el pacto de almas con la Salamanca; los patios son un rezabaile, y lo que hoy denominamos aura es nada menos que payé. La naturaleza y la escasez ofrecen una poética genuina que despliega un abanico de palabras listas para brillar y rimar en cualquier batalla de freestyle o moderna copla.

Los sentidos propician esta revalorización, y no es solo apreciar el aroma de un jacarandá o la sombra del algarrobo, sino poner al frente el color que lo amalgama todo: el marrón. Este tono dejó de ser un color de fondo para convertirse en una declaración de principios. El marrón es el barro, el cuero, la chapa oxidada y, sobre todo, la identidad de nuestra piel.

Ese orgullo no queda solo en la lírica, sino que se traslada a la estética. “Es una búsqueda profundamente política y afectiva a la vez. Revalorizar las raíces y la identidad argentina no desde la nostalgia, sino desde una lectura contemporánea, implica disputar sentidos: demostrar que lo local, lo artesanal y lo criollo no pertenecen al pasado, sino que pueden dialogar con el presente global con potencia, sensualidad y sofisticación”, detallan Josefina Roveta y Francisco Guiot, las mentes creativas detrás de Esquina, firma que vistió a Cazzu en Jesús María.

El pañuelo de malambo como poncho de seda y las botas intervenidas con herraduras se volvieron elementos que antes parecían “de museo” y hoy son tendencia. No es casualidad que los outfits de estos eventos hayan sido los “Get Ready With Me” más virales del verano.

ENTRE A MI PAGO SIN GOLPEAR

Este fenómeno tiene su correlato en los números, derribando el mito de que el folklore es un género detenido en el tiempo. Según Spotify, en 2025 uno de cada tres oyentes de folklore en la plataforma tenía menos de 30 años. Y aunque en el primer ¡FAlklore! Soledad planteaba con preocupación que el algoritmo no solía difundir el género, ese evento terminó siendo, paradójicamente, el punto de quiebre para hacerlo tendencia y mostrar que evidentemente tiene su propia dinámica para ser masivo. Por ejemplo, en la Ciudad de Buenos Aires, las peñas pasaron a habitar desde pequeños centros culturales hasta teatros de la calle Corrientes o el gran Hipódromo de Palermo.

Para Maggie Cullen, una de las voces más talentosas de esta generación y ganadora del Premio Gardel a Mejor Álbum de Folklore 2024, la explicación es visceral: “Lo que veo arriba de los escenarios de los grandes festivales, pero también visitando muchísimos pueblos, es que el folklore está muy vivo, porque llega e interpela el corazón de quien lo escucha, y físicamente uno no puede ser indiferente. Renueva y da fuerza. Te invita a vivirlo y bailarlo con un pulso que tal vez no sabías que estaba ahí”, cuenta.

Maggie, que también fue parte de la primera mesa de ¡FA!, coincide en que las sonoridades representan los diversos modos de ver la vida en cada rincón del país, y en definitiva, esa riqueza es lo que conforma nuestras raíces. En un presente de pantallas y de redes (que de sociales solo tienen el nombre), esta generación descubrió que la verdadera vanguardia estaba en el patio de casa, en ese espacio de encuentro donde el tiempo se detiene para que circule la palabra y la guitarra. El folklore siempre estuvo vivo, solo que ahora es cuando más lo necesitamos.

Fotos de Maggie Cullen: Andy Cherniavsky

Fotos Cazzu Jesús María y Milo: gentileza CZ Comunicación

Artículos Relacionados>

Por Noelia Tegli

Visceral, disruptiva y siempre cambiante, la cantante chilenomexicana convierte cada etapa de su vida en una nueva identidad artística. En Femme Fatale, explora sus zonas más oscuras y reafirma una estética donde la intensidad emocional y la libertad creativa conviven sin límites.

Por Carolina Barbosa

La actriz rosarina, protagonista de Maldita Felicidad junto a Pablo Echarri, Paola Krum y Carlos Portaluppi, atraviesa un camino marcado por el amor propio y el autodescubrimiento. Ese presente en expansión también se refleja en su escuela de artes escénicas y en una forma de vida donde el “aquí y ahora” se vuelve central. 

Por Rolando Gallego

Lejos de la lógica de los grandes rodajes, la actriz se vuelca a un terreno más íntimo: el teatro independiente. Con No tiene un desgarrón, dirigida por Rita Cortese, explora un registro más expuesto en un momento de plena madurez artística. En diálogo con El Planeta Urbano, comparte el pulso de esta etapa y afirma: “Me encanta tener amigos creativos y hacer lo que nos gusta, me enriquece”.

Por Gimena Bugallo

Guitarrista de The Black Crowes, construyó una carrera que lo llevó de Riff y Viticus a escenarios internacionales, compartiendo música con figuras como John Fogerty, Ron Wood y Steven Tyler. Entre giras globales y proyectos propios, mantiene un vínculo activo con su origen, avanza en un nuevo disco solista y sostiene una certeza intacta: “Argentina es mi lugar en el mundo”.

Por El Planeta Urbano

La escena contemporánea se reinventa con experiencias inmersivas y propuestas que fusionan tecnología, pintura y concepto. Una temporada marcada por la diversidad y la experimentación.

Por Christian Ali Bravo

Declarados así por la Unesco, estos rincones combinan historia, paisajes y biodiversidad excepcionales. Desde un salar usado por la NASA hasta islas donde se bucea con leones marinos, lugares que invitan a viajar con la valija lista.

Por María Paz Moltedo

Tras una etapa de cambios, el líder de Indios retoma el pulso de la banda nacida en Rosario y presenta su nuevo disco, Artificio, en el Complejo Art Media. En diálogo con EPU, lo define como “el resultado de hacer arte”, reconoce que la curiosidad es su mayor motor creativo y afirma: “La clave es siempre sentirme un alumno”.

Por Christian Ali Bravo

La nieve ya está lista y los mejores centros del país calientan motores. Entre upgrades, glamping y actividades nocturnas, este invierno promete aventura.