Juanchi Baleirón: "Somos conscientes de que fuimos pioneros en subirnos al género y hacerlo popular"
Cuatro décadas después de sus primeros pasos, Los Pericos celebran su historia con Inmortal, un álbum que reafirma el lugar que conquistaron dentro de la música masiva y demuestra cómo llegaron a convertirse en la banda de reggae más grande de la Argentina.
Los Pericos están de regreso con música nueva, las primeras diez canciones originales en una década, luego de haberse tomado un tiempo para volver a mostrar su potencia en directo con el álbum 3000 Vivos y reversionar a otros artistas en Viva Pericos!
Con 40 años de carrera a cuestas –los cumplen en diciembre y ya están preparando los festejos–, acaban de sacar Inmortal, un disco que condensa la trayectoria con la que el grupo logró llevar el reggae a la masividad en la Argentina, dotándolo de un sonido propio y original que es su marca registrada.
En esta charla con El Planeta Urbano, Juanchi Baleirón, mítico cantante y guitarrista del grupo, explica cómo este nuevo trabajo los pone en el terreno de las bandas clásicas, mientras recuerda cómo llegaron a ocupar un lugar tan importante en el rock nacional.
–Ponerle Inmortal al álbum que coincide con sus 40 años es toda una declaración de principios. ¿Cómo se logra mantener la frescura después de tanto tiempo?
–Para una banda, 40 años es mucho, te hace sentir cierta inmortalidad. Cuando uno era más joven, por ahí quedaba mejor acercarse a la actualidad musical y a las tendencias. Pero hoy te das cuenta de que lo importante, a esta altura, siendo una banda clásica, es conservar la frescura y cierta línea estética que forma parte de tu ADN. Por más que quieras hacer las cosas más o menos jugadas o locas, siempre va a estar esa impronta y esos colores nuestros tan especiales.

Entendimos que ser clásicos también implica responder a eso. Siempre nos gusta coquetear con algún ritmo, pero no estamos desesperadamente buscando el sonido de moda que escuchan los pibes. En todo caso, está bueno hacer esas cosas en conjunción. Para este álbum buscamos artistas con los que tenemos afinidad musical y humana, desde Néstor Ramljak de Nonpalidece, que es un hermano; Sabino, un artista que descubrimos hace un par de años; hasta Facu Soto, de Guasones, que participa en la canción más rockera del disco.
–Abel Pintos es otro de los invitados estelares…
–Abel la rompió. Encontramos una canción tan linda y especial para él que quedó muy bien plasmada. Le puso unas ganas y un amor increíbles. Nos dijo que estaba esperando ese llamado para que lo invitáramos a grabar y, cuando se dio, nos confesó que era un sueño cumplido. También están los chicos de El Plan de la Mariposa, que la rompieron. Vinieron los cinco hermanos Andersen y pusieron su impronta, tanto en las voces como en el acordeón, la guitarra y el violín. Después participó Denny Denan, un brasileño de un grupo muy groso que se llama Timbalada, que es muy fan de Los Pericos y que ya había grabado una versión de “Párate y mira” hace un tiempo. Todo se dio de manera muy natural.
–Si bien ustedes siempre hicieron reggae, a lo largo de su discografía experimentaron con otros géneros y les fue muy bien. En retrospectiva, ¿cómo ves el desarrollo musical de la banda?
–En la historia del sonido de Los Pericos hay varias etapas. La primera fue la de juntarnos por diversión a tocar reggae, incluso antes de la etapa de Bahiano, cuando cantaba otro chico. Nuestra principal influencia era el reggae blanco de esa época. Hacíamos shows esporádicos en fiestas de amigos. El cantante anterior se fue, vino Bahiano y empezamos a hacer reggae de raíz. En ese proceso aparecieron otras influencias que generaron un sonido propio. No somos una banda purista. Si queremos, podemos serlo, pero con el tiempo nos dimos cuenta de que esa búsqueda generó nuestro sello.
Pasaron un par de discos hasta que apareció Big Yuyo, donde reforzamos ese sonido híbrido que, según la época, fue más bailable, más reflexivo o más oscuro, pero siempre con nuestra impronta. Hubo una etapa entre ese disco, Pampas Reggae y Yerba Buena en la que hicimos una música muy fiestera y contagiosa que nos hizo conocidos en toda Latinoamérica.
Después quisimos bajar un par de cambios y salió un disco divino como Mystic Love, con canciones más profundas como “Sin cadenas” o “Pupilas lejanas”. También hicimos 7, un disco más rockero y el primero en el que yo canto, y después volvimos a la frescura con Pura vida. Transitamos muchas etapas y por suerte el éxito nos acompañó. A esta altura, lo importante es tener ganas y sentirte identificado con lo que hacés. No es una carrera contra nadie ni contra vos mismo, sino hacer lo que te gusta y disfrutarlo.
–Si bien nunca fueron una banda purista, gracias a Los Pericos el reggae se hizo muy conocido en la Argentina. ¿Son conscientes de eso?
–Sí, fuimos pioneros en subirnos al género y hacerlo popular. Siempre decimos que una señal de eso era que la gente no sabía ni pronunciar la palabra “reggae”. Solo lo sabían los especialistas o los que habían viajado. Se empezó a pronunciar bien cuando lo hicimos masivo nosotros.
En el 88 estábamos solos porque, si bien había un nicho de bandas como Alphonso S’Entrega, Todos al Obelisco o La Zimbabwe, la música de Los Pericos fue transversal: entramos en la casa de la gente que no era fanática del género. Antes apenas estaban Sumo, que hacía un reggae potente, y Los Abuelos de la Nada, que lo fusionaron con pop. Con el éxito de El ritual de la banana hicimos nuestro lío y a partir de ahí creció la movida del reggae argentino con un sello propio que tuvo su pico a principios de los 2000. Guillermo Bonetto de Los Cafres fue parte de Los Pericos y vivió esa génesis. Fidel Nadal siempre estuvo ahí haciendo lo suyo y Dread Mar-I fue un gigante que lo llevó a todos lados.

Somos conscientes de que hicimos nuestro aporte al comienzo y generamos ese ruido, pero cuando descubrimos que era más interesante tener un sonido propio que ser tradicionalistas, encontramos nuestra libertad. A nuestro primer disco sí lo cargamos con todos los elementos del reggae porque necesitábamos esa identidad, pero después se fue diluyendo en pos de desarrollar nuestro propio estilo.
–Su álbum debut fue muy exitoso. ¿Qué recordás de ese momento de explosión de popularidad?
–Fue el disco más vendido de 1988, en una época en la que los charts no eran para el rock sino para artistas masivos como Julio Iglesias. No entendíamos nada, todo fue muy rápido. Estábamos boludeando en la sala de ensayo y, de repente, grabamos un demo porque el papá del Topo, nuestro baterista, nos dijo: “Che, déjense de joder, graben un demo porque está bueno lo que hacen”. Nosotros no proyectábamos nada más allá de la diversión. Grabamos “Jamaica Reggae” y “El ritual de la Banana”, lo llevamos a la Rock & Pop, Mario Pergolini lo pasó y explotó todo. En poco tiempo ya tocábamos en lugares grandes. De un día para el otro estábamos jugando en primera con amigos, divirtiéndonos y tocando la música que nos gustaba sin concesiones.
–Hubo un punto de inflexión en el grupo, que fue cuando se fue el Bahiano y vos pasaste a ser el cantante. ¿Cómo atravesaron ese proceso de transición tan desafiante?
–Al principio buscamos un cantante, pero no encontrábamos a nadie. Como yo hacía los coros en los ensayos, dije: “Bueno, canto yo”. Arrancó de forma muy espontánea. Fuimos con determinación y empuje atravesando un período de adaptación para que yo me sintiera cómodo y pudiera transmitir energía positiva sin tanta presión. Algunos preferirán lo de antes y otros esto, pero nosotros, de cabezas duras, huimos hacia adelante (risas).

–¿Van a hacer algo especial por los 40 años?
–Recién cuando los cumplamos, que será a partir del 14 de diciembre. Mientras tanto, vamos a presentar el disco nuevo el 22 de octubre en el Gran Rex y en otros lugares, como Colombia, México y Honduras. Como parte del concepto de Inmortal, decidimos llevar cápsulas del tiempo a diferentes ciudades en donde estamos tocando. Es un baúl que se cierra de manera hermética y dentro ponemos diez objetos que representan el álbum, ya sea por el nombre de las canciones o por las letras. Lo enterramos con una placa por 50 años y dejamos un QR con las canciones y algunas sorpresas para quienes lo abran dentro de medio siglo. Es una linda excusa para viajar y reconocer a las ciudades que nos bancaron siempre. Ya lo hicimos en Mendoza y Córdoba, y seguiremos en Salta, Ciudad de México y Guadalajara.
–Fuiste productor de muchísimos discos importantes de rock nacional. ¿Cómo ves la escena actual?
–La gente busca lo auténtico, más allá del género. En el under hay músicos increíbles, por lo que no hay que quedarse solo con lo que suena. Argentina es un faro que ilumina con artistas geniales, algunos con una impronta muy nuestra y otros con proyección internacional. Hay que celebrar que seguimos teniendo un crisol de bandas buenísimas.
FOTOS: NORA LEZANO Y SEBASTIÁN ARPESELLA

