Meryl Streep: las mil vidas de la intérprete más nominada en la historia de los Oscar

Del amor imposible de Los puentes de Madison al universo despiadado de El diablo viste a la moda, la consagrada actriz construyó una carrera capaz de atravesar todos los géneros, épocas y emociones sin perder humanidad. A partir del regreso de Miranda Priestly a la pantalla, recorremos las mil vidas de la intérprete más nominada en la historia de los Oscar: un caleidoscopio de personajes inolvidables, pasiones intensas y transformaciones permanentes.

Francesca tantea la manija del auto como una ciega en la oscuridad. Lo que vendrá, o lo que nunca fue, depende de ese gesto. Unos minutos antes vio a Robert parado bajo la lluvia, borroneado a través de los vidrios empañados. Francesca espera dentro de la pick up al marido con el que se aburre, un buen hombre, padre de sus hijos, compañero de una vida sin sobresaltos ni pasiones. Hace exactamente una semana había recorrido con Robert Kincaid, fotógrafo de Washington, todos los puentes de Madison, y se compró un vestido nuevo solo para que él la desnudara.

El marido vuelve a la camioneta, la pone en marcha y Francesca tiembla, no puede contener las lágrimas, el semáforo detiene tanto a su vehículo como al de Robert. Ella ve como él se inclina sobre el asiento vacío del acompañante: unos días atrás con ese mismo gesto Robert rozó la pierna de Francesca y ella reconoció el deseo. Su marido toca la bocina y ella permanece inmóvil viendo como la camioneta de Robert se aleja para siempre. No se anima a vivir un gran amor que será recuerdo silencioso, libro dedicado, pasión oculta. Cuando ella ya no esté, sus hijos descubrirán por qué guardaba junto a un vestido que nunca le vieron usar aquella foto que Kincaid le sacó en uno de los puentes de Madison.

Francesca no supo manotear la manija de la puerta a tiempo, pero Meryl Streep, que interpretó a ese personaje inolvidable, sí. Vivió mil vidas, se atrevió a todos los géneros y es la actriz con más nominaciones al Oscar de la historia. Trabajó con leyendas como Robert De Niro, Robert Redford, Clint Eastwood, Jack Nicholson, Dustin Hoffman, Nicolas Cage, su gran amor John Cazale y su actual pareja Martin Short.

Antes de formatear el imaginario pop de una generación con El diablo viste a la moda y de reencarnar a una Miranda Priestly menos temible y más domada por un mundo que vio caer el reino de las revistas de moda, cuando ni siquiera fantaseaba con la eterna gira promocional donde tuvo que darles notas a influencers, someterse a juegos absurdos con entrevistadores fanáticos y posar al lado de un zapato rojo con taco de tridente, Meryl Streep ya era el ama absoluta del cine.

Streep puede convertirse en aquella mirada que asoma bajo la capa de La amante del teniente francés o mutar en esa cocinera con voz nasal de Julie & Julia. También posee el don de transformarse en la madre feroz y vapuleada de Kramer vs Kramer, la escritora que recorre cada superficie de placer mientras Robert Redford le lava el pelo en África mía, en el fantasma terrible de Angels in America y en la autora obsesionada con un ladrón de orquídeas en Adaptation. Mamma Mia!, qué actriz es Meryl Streep.

ENAMORÁNDOSE

“Si te presentabas a un casting y estaba ella, ya podías ir volviéndote a tu casa: siempre fue la mejor de todas”, dijo Sigourney Weaver, una de las actrices que alimenta, con admiración y gracia, el mito vigente en la década de los 80 que decía que si te llegaba un guion era solo porque Meryl Streep lo había rechazado antes.

Hija de una artista plástica y de un empresario farmacéutico, la joven Meryl tuvo educación de elite, tomó clases de canto lírico, algo que años después le sirvió para encarnar a aquella madre desprejuiciada de Mamma Mia! y a Florence Foster Jenkins, la peor cantante de ópera de la historia en la película homónima de Stephen Frears. Se graduó en Teatro y Diseño de Vestuario en el exclusivo Vassar College –cualquier semejanza con los lookazos de Miranda Priestly y su famoso “todos quieren ser nosotros” no sería pura coincidencia–. Más tarde obtuvo su Maestría en Arte Dramático en la Universidad de Yale, la envidia de cualquier perfil de LinkedIn.

Se enamoró del teatro en una época donde ardía el off-Broadway y llegó al cine con una participación en la película Julia junto a Jane Fonda y Vanessa Redgrave. Dicen que cuando vio el resultado final en la pantalla lloró más que su personaje de Sophie’s Choice. La edición parecía hecha por el joven Manos de Tijera, habían recortado drásticamente su papel. Sin embargo de esa película se llevó la amistad de quien fue su máxima mentora: Jane Fonda. La gran actriz y activista supo reconocer a la debutante que cambiaría el mundo de la actuación. Dos potencias se saludan.

Un año después, en 1978, Meryl Streep lograba su primera nominación al Oscar con The Deer Hunter y ganaba un Emmy por la miniserie Holocausto. ¿Quién era esa actriz milagrosa capaz de encarnar a la novia de un enloquecido Christopher Walken, jugador de ruleta rusa, esclavo de todos los horrores de Vietnam, e interpretar también a la esposa aria de un artista judío sitiado por el nazismo? Esa chica que aún no cumplía 30 recibiría su primer Oscar al año siguiente por personificar a una madre que el guion presentaba como la villana de un divorcio tortuoso en Kramer vs Kramer. Dicen que a Streep no la convencía esa perspectiva de la historia y peleó para que su personaje no fuera la mala de la película sino una mujer real… y el mundo se enamoró de ella.

Pero hubo un amor anterior, el de Meryl y John Cazale. Trabajaron juntos en The Deer Hunter después de conocerse haciendo teatro. Cazale, actor icónico de los 70 que supo ser un ladrón de bancos sensible en Tarde de perros e interpretar a Fredo, el hermano de Michael Corleone que recibió el beso de la muerte en El Padrino, solía decirle a la joven Meryl que dejara de estudiar tanto el texto y se entregara al fuego de sus personajes. Ella contó que la llamaba en broma “hermoso robot” porque creía que le faltaba sentimiento sobre el escenario, sin imaginar que Streep conocería el abismo del amor y del dolor junto a él. La historia es conocida: Cazale murió de cáncer a los 42 años y Meryl, que tenía 28, fue quien lo acompañó hasta el último aliento. Su gran amigo Al Pacino dijo que nunca vio a alguien amar así.

Nueve meses después de la muerte de Cazale, Meryl Streep se casó con el escultor Don Gummer. Cuenta que necesitaba tener una razón para seguir viviendo y esa relación la llevó a encontrarla. Fue el padre de sus cuatro hijos, su socio en todas las premiaciones y la acompañó en cada etapa de su carrera. La ruptura de esa pareja se hizo pública con el divorcio, que ocurrió siete años después de estar separados, una discreción tan rara como la ficción.

(L-R) Anne Hathaway as Andy Sachs, Meryl Streep as Miranda Priestly and Stanley Tucci as Nigel Kipling in 20th Century Studios' THE DEVIL WEARS PRADA 2. Photo by Macall Polay. © 2026 20th Century Studios. All Rights Reserved.

Meryl cuenta con picardía que se enamoró de Robert Redford después de la quinta toma donde él le lavaba delicadamente la cabellera en África mía. También afirma que encarnar a la pareja que vive un amor imposible en Enamorarse junto a Robert De Niro fue un gustazo personal porque tuvo un star crush desde que lo vio en Mean Streets y siempre quiso hacer una película romántica con él.

Pero si hablamos de romance real, nunca vio venir el plot twist que le tenía reservada la vida cuando comenzó una relación con su compañero de Only Murders in the Building, el gran actor y comediante Martin Short. Amados por sus colegas y por el público, guardan su privacidad sin esconderse demasiado, van juntos al teatro, a comer, y pasean por Nueva York. Ella ha sido un sostén para Short, hombre muy sufrido que perdió a gran parte de su familia, incluso a su hija.

Ambos lo saben desde jóvenes: la vida es tan corta como aquella pócima que intentaba infructuosamente detener el paso del tiempo en La muerte le sienta bien.

ADAPTÁNDOSE

En Adaptation, el más delirante y perfecto ejercicio de metaficción de Charlie Kaufman, Meryl Streep interpreta a la versión ficcional de Susan Orlean, la periodista de The New Yorker autora original del libro que dio origen a esa película. Atrapada en un matrimonio tan adormecido como el de Francesca en Los puentes de Madison, Susan cree ver el resplandor del deseo en Laroche, un ladrón furtivo de orquídeas que extrae una sustancia alucinógena de las flores. La autoficción más retorcida de la historia encontrará en su camino un descenso a los infiernos que incluye a dos hermanos gemelos alter ego de Charlie Kaufman interpretados por Nicolas Cage, una carretera salvaje al descontrol y la imposibilidad de cualquier adaptación cinematográfica en una industria que ni siquiera sospechaba el poder omnipresente del algoritmo.

Esa Susan Orlean, escritora inadaptable, podría ser el reverso y el complemento de Meryl Streep, la actriz que se adaptó a todas las épocas y formatos pero también la intérprete que nunca temió experimentar. La cumbre del prestigio no fue un impedimento para calzarse el jardinero de jean y cantar todas las canciones de ABBA en Mamma Mia!, convertirse en la dudosa suegra de Big Little Lies o en la caricatura más irreverente de Anna Wintour en El diablo viste a la moda.

(L-R) Meryl Streep as Miranda Priestly and Stanley Tucci as Nigel Kipling in 20th Century Studios' THE DEVIL WEARS PRADA 2. Photo by Macall Polay. © 2026 20th Century Studios. All Rights Reserved.

Mientras tanto siguió entregándose a personajes tan contradictorios como el ángel exterminador de Angels in América, una repelente Dama de Hierro y la memorable Susan Orlean, la intelectual desquiciada capaz de llegar hasta el crimen. Meryl Streep pudo, puede y podrá ser todas ellas. Caleidoscopio humano, ¿de qué planeta viniste?

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