Protagonista de muchos de los éxitos del último tiempo de la pantalla grande y chica, el intérprete y psiquiatra acaba de estrenar El Reino, uno de los trabajos más auspiciosos del año. En esta charla reflexiona sobre el presente y el futuro del cine y el teatro y no le esquiva al clamor popular: la vuelta de Los simuladores.


Te propongo este experimento, pensá en tres actores argentinos: seguramente uno de los que vino a tu mente es Diego Peretti. En una era en la que los productos se imponen a los protagonistas, Peretti es una de esas pocas figuras convocantes que siguen cortando entradas.

Protagonista de éxitos tan disímiles como Mamá se fue de viajeEl robo del sigloTiempo de valientesNo sos vos, soy yo, alma de Los simuladores, la serie más popular y querida de la televisión argentina, hincha devoto de River Plate. Uno de esos actores que también pueden hacer Un tranvía llamado DeseoMuerte de un viajante o la versión argentina de In Treatment sin naufragar.

Protagonista de El reino, la nueva serie de ocho episodios que ya puede verse en Netflix, donde interpreta a Emilio Vásquez Pena, un enigmático y oscuro pastor evangelista que se postula para la presidencia, Peretti es ante todo un tipo sincero que no escapa a ninguna pregunta. Oficio, locura, Los simuladores y un amor perdido por el cine que ya no es, en esta charla.

La Iglesia evangélica es una institución muy poderosa. En Brasil tienen cadenas de televisión y han sido responsables de muchas tiras muy exitosas en la Argentina, como Moisés. ¿Cómo encaraste el desafío de interpretar a un pastor de conducta tan dudosa?

–Me metí a investigar la cultura evangelista en una iglesia que tiene relieve dentro de la Ciudad de Buenos Aires; encontré personas muy agradables que se abrieron a decirme cómo pensaban, cómo funcionaba una iglesia evangelista y qué entendían ellos de meterse en política.

La verdad es que no era gente que se pareciera en lo más mínimo a la familia de la serie. Pero me ayudó mucho para comprender su cultura, sus modismos, su forma de entender la religión y de dialogar con Dios.

“Para el personaje, me metí en una iglesia evangelista de la Ciudad de Buenos Aires; encontré personas muy agradables que se abrieron a decirme cómo pensaban, cómo funcionaba la institución y qué entendían ellos de involucrarse en política.”

–Ese es un punto interesante, porque la palabra es central en el oficio del actor a la hora de preparar un personaje. ¿Qué descubriste ahí?

Ellos tienen un diálogo mucho más natural y libre, despojado de tantos rituales y acartonamientos, como puede tener una iglesia mucho más histórica, como la cristiana. Eso me ayudó a tener un poquito más de organicidad y fe para crear un personaje tan colorido.

Después de ver a un montón de pastores evangelistas dirigirse a grandes masas de público, apelé a hacer una síntesis propia del histrionismo que puede llegar a tener un hombre como ese y me comporté con total libertad en las escenas que tenían que ver con la exposición pública.

Después, en el ámbito más privado, la relación que tengo con el personaje de Mercedes Morán, que hace de mi esposa, dibuja un poco una intimidad retorcida, de características bastante perversas que hacen que el líder este que se está gestando no vaya bien rumbeado.

–Lo sospechábamos, te digo. Porque hay algo que vos manejás muy bien: el tipo está muy pendiente de su aspecto, muy armadito bajo una especie de máscara, pero algo oscuro se esconde en la mirada de ese hombre supuestamente de fe. Nunca mejor dicho aquello de que la procesión va por dentro.

–Lo tomo como un elogio porque es lo que quise transmitir, yo lo interpreté de esa manera. La cosa escondida que va por dentro es ese lugar oculto donde Emilio ve cómo su absoluto pensamiento divino va teniendo posibilidades de irradiarse en la gente. Y ese poder en su vida íntima le da una impunidad muy grande que lo arroja a bordear áreas cercanas a la depravación.

Intérpretes de lujo para El Reino: Peretti y Mercedes Morán, quienes encarnan al Pastor Emilio y la Pastora Elena. Atrás, Victoria Almeida (Magdalena).

–Hombre poco confiable, Emilio Vásquez Pena. Y ya que estoy frente al pastor, te voy a confesar algo: vos te recibiste de psiquiatra y yo de psicóloga. Siempre digo que la psicología es una gran aliada del periodismo a la hora de escuchar y repreguntar. ¿Te da una mano la psiquiatría a la hora de meterte en la cabeza de tus personajes?

Cuando son personajes tan extremos desde su temperamento con respecto a mí, y que aparecen como enfermos a la vista de todos, apelo a cierto conocimiento psiquiátrico. Viste que el psicótico tiene certezas, no admite dudas. Si escucha a Maradona diciéndole verdades, lo escucha y tiene un poder telepático con Maradona, eso para él es así.

Y en el caso de este personaje, Emilio, el problema es que su megalomanía, su delirio, lo hace creer que es el portador de la palabra de Dios, no simbólicamente sino de hecho. En este caso, además, a ese delirio lo empieza a circundar la realidad, y los hechos concretos parecen darle la razón. La locura en ese caso comienza a socializarse. 

–Hay mucha expectativa porque El reino es el megaestreno nacional del año, tiene un elenco cinematográfico dentro de un 2021 que vino muy difícil para el cine argentino. Vos fuiste uno de los pocos que estrenó una película en lo que va del año (La noche mágica, de Gastón Portal). En 2020 se exhibía mucho cine argentino en CineAr, este año eso cambió. ¿Por qué casi no hay estrenos nacionales?

–El cine está en pandemia y el teatro también, eso es innegable. En las plataformas se puede realizar un poco más porque se trabajó un protocolo de filmación, tienen rédito porque salen a través de los hogares, no dependen de la convocatoria a una sala cerrada. El cine en esta instancia está herido, Dios quiera que no mortalmente, pero está herido.

El teatro lo mismo, en la medida que se alarga esta cultura sanitaria va siendo cada vez más difícil sacar a la gente de sus hogares para llevarla a un cine o a un teatro. Hay muy poca producción nacional porque no existen perspectivas claras de ver cuánto se puede recuperar de la inversión en boletería. En ese sentido, el cine está en terapia intensiva; al teatro le veo más capacidad de recuperación. No sólo acá, a nivel mundial pasa eso, hay una incertidumbre sobre el poder del cine como arte popular.

«Tenemos ganas de hacer la película de Los Simuladores pero todavía falta el guión.»

–¿Creés que la pandemia aceleró un cambio en los consumos culturales?

–Sí, se va achicando la pantalla de lo que podemos ver. Yo recuerdo que iba a cines enormes, con pantallas espectaculares, las Panavision… ¡Uf, todo eso era extraordinario! Ahora voy al IMAX a ver el tridimensional, también me gusta, o el bidimensional en pantalla grande, pero cada vez se va recortando más: salas chicas, los cines en los shoppings, no hay mucha diferencia con tu casa. Yo creo que eso va a tener un rebote y en algún momento puede generar un modo de ver cine mucho más atractivo. 

–Esperemos que sí. Y ya que hablamos de esperanza, tengo que preguntarte por algo, estoy esperando al otro Emilio, ¿vuelve?

–¿El otro Emilio?

–Ravenna (su personaje en Los simuladores). Mi mamá me dijo: “Cuando hables con Peretti preguntale si vuelven Los simuladores. Tengo que darle una respuesta.

–No podemos defraudar a tu mamá, sería lo último que desearía (risas). Tenemos ganas de hacer una película pero todavía falta el guion; sin un mapa no podemos decir mucho, pero la idea de los cinco –los cuatro simuladores y Damián Szifron– es hacer algo en un futuro para el cine.

–Por cosas así queremos que vuelva el cine definitivamente.

–También quiero eso, lo deseo con mucho fervor.

Fotos: Sebastián Arpesella.