MALENA PICHOT • FURIA QUE SÍ

Dicen que las redes sociales son un ring para las mujeres con carácter, y ella está siempre con los guantes puestos. Las críticas, el humor y el fin de la ficción en los medios tradicionales. Charla a fondo con la voz más picante del stand up, que, asegura, ya se aburrió de hablar de feminismo.


Saltó a la fama gracias a una combinación explosiva entre sarcasmo y feminismo, los dos lenguajes más desafiantes de la época. Pero si hay algo que Malena Pichot tiene claro es que el humor sale del enojo y sólo se sobrevive haciendo chistes. Lo hizo cuando cortó con su primer novio y le dio vida a su alter ego, La Loca de Mierda, y lo vuelve a hacer hoy, en medio de una pandemia que sacó lo peor (y lo mejor) de la humanidad entera.

“Estaba muy deprimida, y escribir era lo único que tenía para no angustiarme demasiado”, explica previo al estreno de Leonor, un especial de comedia que produjo junto a Julián Lucero, basado en la historia real de Leonor Isabel de Schwarzenberg, una princesa de Austria. “Con su muerte nació el mito del vampirismo y fue quien inspiró a Bram Stoker para escribir Drácula. Entonces, recreamos la historia de esta vampira que, sin entender por qué, revive en la Argentina de 2000”. Así, mientras la gran mayoría transmite en vivo desde el living de su casa, la actriz, comediante y guionista le agrega fantasía al streaming y sube la apuesta. Luz, cámara, acción. Una vez más, Malena Pichot.

“Creo que los que hacen la tele tienen ese pensamiento básico. No se hacen, son boludos. Me pasa con las ficciones argentinas, que digo: ‘Este guion está escrito para un bebé’. Pero es lo que esa gente puede hacer.”

–Alguna vez dijiste: “Mi sueño es que la tele me dé plata para poder hacer cosas en internet”. ¿Qué te permite hacer internet que no te permite la tele?

–Lo que pasa es que la tele ya no produce ficción. Es un noticiero las 24 horas. Y antes estaba Polka nada más. Hoy, en un punto, es como la radio. Se transformó en programas de gente hablando y listo. La idea de ficción, como la conocemos, está en las plataformas de streaming.

–¿Creés que la tele subestima al público?

–Creo que los que hacen la tele tienen ese pensamiento básico. No se hacen, son boludos. Me pasa con las ficciones argentinas, que digo: ‘Este guion está escrito para un bebé’. Pero es lo que esa gente puede hacer, no es que nos quieren subestimar. La gente capacitada para hacer otra cosa no accede a los lugares de poder en donde puede generar buen contenido, porque los grandes productores no son buenos buscando talentos. Quieren otra cosa.

–¿Qué quieren?

–No sé cómo funciona, sigo sin saberlo.

–¿Creés que la tele va a morir en algún momento?

–Me parece que no, porque es una compañía que funciona. Más allá de todo, yo re veo tele en vivo.

–Cuando empezaste en los medios, lo primero que trascendió fue tu perfil feminista. ¿Te interesa seguir hablando de feminismo?

–A mí me aburrió muchísimo, porque yo no soy una teórica feminista que dedicó su vida a eso. Yo era una comediante que hacía chistes con el tema, como Señorita Bimbo. Lo que pasó fue que nosotras tuvimos una manera de hablar más amable, que enganchó más que la de un militante. Tuvimos la suerte de que nos escucharan. La militancia política es lo más importante del universo, pero a veces me torra escucharlos hablar.

¿Hay algún debate feminista que te siga interpelando?

–Me pasa con el trabajo sexual. Pero lo resuelvo muy fácil: hay un grupo de mujeres pidiendo derechos y hay que dárselos. Sí creo que es una explotación, pero yo no soy quién para decir qué explotación es peor. Es algo que existe, y es de un nivel de idealismo idiota pensar que va a dejar de pasar. Están los que dicen: ‘¿Te gustaría que tu hija fuese puta?’. Si la tuviera, no me gustaría que fuese puta, pero tampoco me gustaría que tenga un montón de otros trabajos tremendos.

–Está bueno no cerrarse al debate.

–Sobre todo cuando no sabés bien qué pensar. Es medio un mal del momento en el que nadie puede decir “no sé”.

–¿Y qué te produce el discurso abolicionista?

–Me parece violento, cruel, extremo. Culpar a las trabajadores sexuales de todos los males de la tierra, del patriarcado, me parece de una maldad y de poca empatía. Jamás voy a bancar la prostitución, pero sí quiero derechos para esas mujeres. En realidad, no es tan complejo. Es aceptar la complejidad en tu postura.

–En lo personal, ¿creés que se te juzgó de más por ser mujer?

–Más vale, amiga (se ríe). Si yo fuese hombre, ya hubiese escrito tres películas. Por ahora es una serie que vio todo el mundo en YouTube. A cualquier otro chabón le hubiesen dicho: “Che, ¿por qué no venís y escribís algo?”. Si fuese hombre tendría mucho más trabajo tradicional de guion.

“A mí me aburrió muchísimo hablar de feminismo, porque yo no soy una teórica feminista que dedicó su vida a eso. Yo era una guionista, comediante, que hacía chistes con el tema.”

–Siempre decís que con La Loca de Mierda te convertiste en la primera youtuber. ¿Volverías hoy a esta plataforma?

–Lo que pasa es que yo hacía algo muy distinto a lo que hacen hoy los youtubers, que es hablar de frente a cámara sobre cosas que piensan. Están sentados sobre el sillón haciéndose la paja con su voz. Yo también hablaba a cámara, pero contaba una historia, había escenas, planos, música. Eran como pequeños cuentitos. Por eso no me siento identificada con ellos. No lo digo mal, pero hablar a cámara solamente me parece una mierda. Algo pasatista.

Desde ese momento hasta hoy tu público se volvió más masivo. ¿Te pasa que ahora tenés que explicar más todo lo que hacés?

–Al revés. Cuando era más nueva en la cuestión pública me desesperaba por explicar todo. Ahora te das cuenta de que hay gente que no va a entender nunca, que no quiere entender. Te odia y punto.

–¿Te aburriste de pelear?

–No, me encanta pelear. Te cansás, no es que te deja de gustar. Gastás menos energía en pelotudeces, seleccionás con quién discutir, por qué. Igualmente, yo tengo un problema, que es de control de furia. En Twitter siempre escribo superenojada. Pero lo hago menos que antes. La semana pasada vi la película de Suar en Netflix, que es una mierda hermosa, y en otro momento de mi vida hubiese hecho un hilo de cien tuits. Ahora ni loca (se ríe). Con esas cosas digo que dejás de pelear.

–Volviendo al humor, ¿creés que sale del enojo?

–En mi caso, sí.

–Bueno, Tarde babyes una respuesta a quienes le tienen miedo a la legalización del aborto.

–Sí, salió cuando se discutía la ley. Yo estaba re apurada por terminar de grabar porque pensaba que iba a quedar viejo.

–¿Pensabas que salía la ley?

–Yo siempre imaginé que el aborto iba a ser legal en la Argentina cuando fuera muy viejita. Entonces, en el fondo, algo me decía que era imposible. El gobierno había abierto un debate para distraer a toda la izquierda y que nosotras estuviéramos entretenidas con algo. Lo usamos a nuestro favor igual, para legalizarlo en la conciencia social. Esa semana mirábamos el programa de Rial como si fuese el Mundial.

–¿Tenés esperanzas con este nuevo gobierno?

–Le tengo más fe que al anterior. Pero con 40 años, estoy entrando en una etapa de la vida en la que se pierden mucho las ilusiones. Lo voy a creer cuando pase.

Leonor

El estreno de Leonor, dirigido por Esteban Garay Santaló, será el 2 de octubre a las 20. Las entradas pueden adquirirse en eventbrite.com.ar.

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