Con Polka todavía en la cima tras 25 años de trayectoria, el productor más prolífico y exitoso del país se prepara para afrontar nuevos desafíos: otra película, otra obra de teatro, más ficciones para televisión y streaming y el deseo íntimo de volver a enamorarse.


“Corazón loco es la historia de Fernando, un hombre bígamo que ama profundamente a sus dos esposas. Las ama con locura. No es un pícaro, simplemente ama a las dos.” Adrián Suar habla apasionadamente de su nueva película mientras vigila con su sexto sentido de productor que todo salga perfecto. Estamos filmando la entrevista que acompaña esta tapa, y aunque en este caso él sea la estrella invitada, no puede evitar gritar “¡acción!” cuando comienza nuestro rodaje o “¡corten!” si escucha ruidos en el set que lo desconcentren. Su presencia impone respeto, su carisma atrapa y su faceta de actor queda en evidencia cuando habla sobre ese oficio que lo vio nacer.

–El argumento de la película es la venganza de las mujeres, no la bigamia del protagonista, ¿verdad?

–Arranca como una comedia, pero al minuto cuarenta de la película, cuando ellas se enteran de lo que pasa, todo se centra en la venganza, lo que lleva al género de la comedia al límite. Es una película de mujeres, aunque la lleve yo como personaje central. Cuando ellas encaran su venganza pasan cosas fuertes. No es una comedia liviana, y si bien por momentos está al borde de lo grotesco, es muy entretenida. Hicimos un focus group y la gente no lo condenó, entendió lo enamorado que está de las dos mujeres, aunque sabemos que Fernando tiene un freakismo importante.

–¿Qué opinás vos de esa conducta?

–Podés sentir amor por una persona y que te llegue un amor distinto por otra, pero esto de tener dos familias es algo poco frecuente. Tenés que estar mal psíquicamente para llevar algo así. Mi personaje tiene todo cronometrado: cuando sale de Mar del Plata, donde vive con una familia, y vuelve a Buenos Aires, se ocupa de todas las fechas, de los cumpleaños… Es un desgaste inmenso, pero él lo vive con mucha felicidad, hasta que algo falla.

–El amor es un tema frecuente en tus ficciones. ¿El amor mueve al mundo?

–Pasa que en las ficciones que yo propongo, el amor es lo que genera las tensiones necesarias para capturar la atención del espectador. Siempre hay un objeto de deseo de ella con él o de él con ella. El amor en la tele es algo que cuando está bien hecho pega bien, pero cuando está mal hecho pega muy mal, no te interesa.

–¿Te pasó de hacerlo mal y que no pegue?

–Muchas veces.

–Últimamente te está saliendo muy bien.

–Bueno, ahí vamos.

ATAV fue un éxito enorme que vino a demostrar que todavía se pueden hacer ficciones de alta calidad en televisión abierta. ¿Esto fue una meta que te propusiste?

–Sí, nos llevó mucho tiempo, fue una apuesta muy importante en la que se alinearon todos los planetas y salió todo bien.

–¿Esto vino a reavivar la tele en vivo frente al éxito arrasador del streaming?

–Cuando viene un éxito, la gente genera un sentido de pertenencia y de adicción al horario, de sentarse a ver la tele como ceremonia. La tele así te ordena: cuando tenés un programa que te gusta, sabés que llegás a tal hora y lo ves y te sentís parte. En ese sentido, la tele te acompaña.

–Como productor incursionás en el streaming también.

–Totalmente. Son plataformas que vinieron para quedarse y son otra manera de comunicarte con la gente.

–Seguís apostando al mercado nacional produciendo desde acá a pesar de los vaivenes económicos del país. ¿Por qué mantenés esa estructura?

–En principio porque me gusta, y además también porque tengo una responsabilidad, mucha gente a cargo, lo que hace que uno no decida solamente por sus propios intereses. Cualquiera que tenga una empresa sabe que eso es un compromiso, una responsabilidad, un sentido de pertenencia. Y, como te decía, me gusta lo que hago.

–¿Sentís el peso de tener la productora sobre tus espaldas?

–Sí, obvio, es una responsabilidad que no me es indiferente.

–¿Cómo manejás la presión?

–Estoy acostumbrado. No es que me guste, pero lo llevo, lo tengo trabajado.

–¿Y a nivel personal qué tipo de escapes o terapias tenés para sobrellevar estas presiones?

–Meditación nunca probé. Me cuesta, o no estoy preparado, no sé. Tengo amigos y amigas que la practican y me hablan maravillosamente bien, pero en mi caso nunca di con la persona ni tampoco yo pude llegar a ese punto de ponerme a meditar para encontrar algo lindo. No pude.

–¿Cómo son tus grados de ansiedad?

–No tan altos. No soy hiperansioso.

–¿Qué te produce ansiedad o qué te angustia?

–Ver a Boca (se ríe). En serio, muchas cosas cotidianas como el avión o los temas médicos me pueden generar ansiedad, pero nada al punto de sacarme de mi eje.

–¿Y miedos?

–No tengo ninguno instalado. Si voy al médico me aparece un miedito normal, pero no es que me agarra la paranoia de la hipocondría.

–¿Qué te genera la mayor felicidad?

–Muchas cosas: el trabajo, mis hijos, los momentos con amigos… El ocio me da felicidad.

–¿En qué consiste tu ocio?

–Salir a comer con amigos, descansar, no hacer nada.

–Sos medio sibarita, me contaron.

–Sí, bastante. Me gusta descubrir restaurantes nuevos, comidas y todo eso. No soy obsesivo con eso, pero si me recomiendan algo se me activa la curiosidad.

–Toda la organización que requiere tu tarea de productor, ¿la volcás al resto de tu vida cotidiana?

–Soy ordenado en general. A veces tengo períodos de mayor orden que trato de regular para “desordenarme” un poco, pero sí, tengo una tendencia a controlar el orden y tener el manejo de las cosas. Necesitás un poco de disciplina para lo que yo hago.

–¿Cuán enamoradizo sos?

–No soy tan enamoradizo, la verdad que no.

–¿Y según pasan los años, vas siendo menos?

–Menos, sí.

–Así te llevás menos decepciones, ¿verdad?

–Totalmente. Pero yo no me he llevado grandes decepciones a lo largo de mi vida.

–¿Sufriste por amor?

–Sí, claro, sufrí mucho. ¿Cómo vas a pasar por esta vida sin sufrir por amor? A nadie le gusta, pero sucede. La desilusión, el fracaso y la decepción amorosa son sentimientos muy duros.

–Hablando de fracaso, ¿le tenías miedo a fracasar antes de ser exitoso?

–No. Nunca tuve la cabeza puesta en eso. Aunque tampoco sabía que me iba a ir bien, en absoluto.

–¿Cómo es el éxito una vez que lo alcanzaste?

–No, para mí siempre es algo a alcanzar. Cada vez que empiezo un programa no sé si va a ser un éxito o no.

–¿Y en relación a vos?

–En ese sentido estoy mejor, ya llegando a un punto de mi vida en donde estoy tranquilo conmigo por lo logrado. Me aprobé, estoy aprobado.

–¿Antes no?

–No, antes menos. Pero con el correr de los años me fui aprobando, y ahora cada vez más y de manera más profunda, no de la boca para afuera.

–¿Te sentís más liviano ahora que estás aprobado?

–Sí. Más liviano seguro, mucho más liviano.

–¿Ahora podés disfrutar más?

–Totalmente, ahora intento disfrutar de cada pequeña cosa.

–¿Te gusta viajar?

–Sí, debería viajar más, pero a veces no puedo por mis obligaciones. He viajado mucho, sería un desagradecido si dijera lo contrario, pero podría viajar más, me gustaría.

–¿A esta altura de tu vida te planteás trabajar menos?

–Bueno, debería trabajar un poco menos. Igual no soy un workaholic, como mucha gente cree. Trato de optimizar mi tiempo y soy de delegar mucho.

–¿Qué responsabilidad sentís como padre frente al mundo que le vamos a dejar a la generación de tus hijos?

–En todo caso me preocupa qué armas les voy a dejar a ellos para que puedan constituirse como seres adultos el día de mañana.

–¿Sos un padre obsesivo?

–No, pero trato de conectarme para entender, y si tengo que retroceder sobre algo que hice mal no tengo problema, soy muy de retractarme para intentar tomar las mejores decisiones para mis hijos.

–¿Qué valores quisieras transmitirles a Tomás y Margarita?

–Varios. La decencia, ser buenas personas, no en el sentido idílico y poético de las palabras, sino ser personas de buenos actos, honestos. Y enseñarles a no observar siempre al otro con una mirada lapidaria, sino tener cierta vulnerabilidad con lo que le sucede. A veces los seres humanos somos muy de matar al pensamiento del otro, somos muy determinantes en eso, más con la vida ajena que con la propia. No hay que juzgar tanto al otro.

–Siendo Tomás un hombre de veinte años, ¿qué te enorgullece de él como hijo?

–Primero, me da tranquilidad que ya sea actor, que ya haya empezado a actuar, porque eso es un peso para un padre actor. Ya lo veo que actúa, que tiene herramientas para ser un actor, y eso me da orgullo y tranquilidad.

–¿Qué te queda pendiente a nivel personal?

–Disfrutar. Trato de ocuparme de reconocer las cosas importantes de las cosas que no son urgentes. Hay que disfrutar porque todo pasa muy rápido.

–¿Qué cosas te enojan y te impiden disfrutar?

–No soy un enojador serial, me enojo pero me dura poco, y hay muchas cosas con las que no me engancho porque me doy cuenta de que en definitiva son una estupidez.

–¿Qué no tolerás de los otros?

–A veces me enoja mucho la falta de comprensión del otro. Yo creo que las personas se pueden entender dialogando, aunque no estén de acuerdo en sus ideas.

–¿Qué nos podés contar de la obra que estrenás en mayo junto a Diego Peretti?

–Se llama Inmaduros, y es la historia de dos amigos de cincuenta años que se van a vivir juntos. Yo estoy divorciado y a él lo acaba de dejar la mujer con la que siempre vivió, así que viene a mi casa a pedir asilo. Como no sabe nada del mundo femenino, yo le propongo conocer durante un mes a distintas mujeres para que vea cómo es el tema. Armo reuniones en mi casa para que sucedan estos encuentros.

–¿Es una autobiografía?

–No (risas), pero podría serlo.

–¿Te gustaría volver a enamorarte?

–Sí, obvio. No sé si voy a lograrlo, pero me gustaría, claro que sí. Es difícil.

–¿No tiraste la toalla, entonces?

–No, para nada, además uno no tiene gobierno sobre esas cosas.

–¿Cuántas veces te enamoraste?

–Pocas, dos.

–Bueno, hay gente que dice que son dos o tres veces en la vida, hay gente que dice que es una, ¿vos qué pensás?

–Bueno, si no te la inventás mucho (porque viste que hay gente que se inventa el amor), no creo que sean muchas. No más de tres, te diría.

–Te queda una, entonces.

–¿En serio? ¡Ojalá!


Styling: Camila Mariani @ccamilamariani

Make up: Marisol Gutiérrez para @juicymakeup

Film: Luciano Scigliotti

Agradecimientos: Bolivia, Azzaro y Terán