Las Leonas: las claves para entender la dimensión de un equipo que transformó al hockey nacional en fenómeno cultural
La conquista de la Copa del Mundo ante Países Bajos corona un camino de mística, legado y pertenencia. En esta nota, las claves para entender la dimensión de un equipo que transformó al hockey nacional en fenómeno cultural y que, a fuerza de garra y excelencia, sigue haciendo historia.
Por Florencia Mó
Y un día llegó la tercera estrella para ellas, esa que se hizo esquiva tantas veces después de aquel campeonato inolvidable en Rosario 2010. Las Leonas, que desde hace 26 años se mantienen entre los tres mejores equipos del mundo en hockey sobre césped, lograron lo que en los últimos años parecía casi imposible: ganarle en su propia casa a Países Bajos, el amplio dominador de este deporte que ganó nueve de los 16 Mundiales jugados y cinco Juegos Olímpicos de los 12 disputados. ¿Cómo dimensionar, entonces, esta Copa del Mundo para un equipo totalmente amateur que le jugó de igual a igual al verdadero dream team? Sí, se puede decir que fue garra, corazón y talento, pero detrás de eso hay mucho más.
EL CAMINO IDEAL
El debut fue empate 1-1 con Estados Unidos, un equipo que siempre molesta a la Argentina; un triunfo clave ante Alemania por 3-2 y un cierre lógico con un 2-0 sobre Escocia. De esta manera, Las Leonas pasaron primeras de grupo, con la suerte de que el segundo fuera Alemania. ¿Por qué? El formato del torneo tuvo las mismas características que los Juegos Olímpicos Sídney 2000. Las Selecciones que pasaran a la segunda fase arrastraban los puntos, y por eso pasaron con 3 mientras las germanas con 0.
Si Argentina seguía con lo planeado, el equipo de Fernando Ferrara quedaría primero también en la segunda fase y así evitaría al temido Países Bajos hasta la final. Un gran triunfo 3-0 ante España y un partido durísimo que terminó en empate 0-0 con Bélgica confirmaron ese primer puesto y la clasificación a semifinales. En esa instancia Las Leonas eran favoritas frente a Australia, pero solo Julieta Jankunas pudo destrabar el partido para el 1-0 definitivo. Ahora sí, llegaría la gran final y como había dicho la capitana, María José Granatto, “esto estaba escrito”.

El equipo jugó el mejor partido del torneo, empató cerca del final y en los shoot out fue todo de la “China” Cosentino, la arquera que evitó que las neerlandesas convirtieran tres de los cuatro penales que ejecutaron. Sofía Cairó, al igual que en París 2024, selló la victoria con una definición propia de una Copa del Mundo y así el destino dio revancha.
JUNTAS O NADA
Fernando Ferrara asumió a fines de 2021, cuando reemplazó a Carlos Retegui post Tokio 2020. El entrenador ya había tenido su experiencia mundialista en 2022, cuando Las Leonas cayeron ante Países Bajos en la final. Esta exigencia, que en otro momento era un secreto a voces, fue comentada por todas las jugadoras post campeonato: si querían ser parte de este proceso en el año olímpico o mundialista, debían jugar y permanecer en el país para poder prepararse de la mejor manera y entrenar juntas de cara a las grandes citas deportivas.

Esto repercutió obviamente en las condiciones de las jugadoras que en lugar de formar parte de un equipo profesional y cobrar por ello, lo hicieron en la segunda y hasta tercera categoría del hockey femenino metropolitano completamente amateur. Justo para las jugadoras o no, habrá que darle crédito a esta manera de trabajar que dio sus frutos en Amstelveen/Wagener 2026.
GOLPE DURO AL ORGULLO
Tantas finales, tantas definiciones y siempre la misma pared naranja enfrente. De los últimos 10 partidos ante Países Bajos, Las Leonas habían ganado solo uno. Sin embargo, otra razón para que todo termine como terminó el 29 de agosto fue tocar fondo. Argentina había perdido la final 2022, las semifinales de París 2024, pero ninguna derrota se sintió tan dura, (según las propias jugadoras) como el 0-4 ante el equipo neerlandés en Santiago del Estero por la Pro League 2025.

El partido se suspendió a falta de 4’ para el final por fuertes lluvias y días después la FIH resolvió que los seis puntos irían para Países Bajos. Ese match marcó un antes y un después, y a partir de allí, cuerpo técnico y jugadoras trabajaron hasta los mínimos detalles para, ahora sí, poder superarlas.
EL LEGADO Y LA VIGENCIA
El apodo de la Selección femenina de hockey surgió en Sídney 2000 tras la frustración de siempre quedar cerca del podio. En medio de la competencia, el cuerpo técnico, encabezado por Sergio “Cachito” Vigil, leyó un cuento para todo el equipo y casi sin querer dio paso a lo que luego se convirtió en la chispa del mito. Fue la capitana Karina Masotta quien lució por primera vez el distintivo –una leona dibujada a mano por Inés Arrondo– antes de colgarse una medalla de plata que cambió el deporte argentino para siempre.

A partir de allí, un puñado de mujeres fue construyendo una hegemonía inolvidable: desde la magia irrepetible de Luciana Aymar –elegida ocho veces como la mejor jugadora del mundo– y los goles de Soledad García o Noel Barrionuevo, hasta referentes como Magdalena Aicega, Vanina Oneto o Belén Succi, por nombrar solo a algunas de las figuras que forjaron el ADN del seleccionado. Pasaron 26 años desde aquel hito inaugural, pero la vigencia se mantiene intacta. Con seis medallas en los últimos siete Juegos Olímpicos y una jerarquía inquebrantable, la excelencia, el sacrificio y el talento siguen siendo la marca registrada de un equipo cuya mayor virtud fue lograr que la renovación constante preserve siempre la misma esencia.
EXPERIENCIA Y JUVENTUD
Con un promedio de edad de 26 años, el equilibrio perfecto entre recorrido y juventud fue determinante. La solidez de jugadoras con rodaje como Agostina Alonso, María José Granatto, Victoria Sauze, Eugenia Trinchinetti, Victoria Granatto, Sofía Toccalino y Agustina Gorzelany se combinó con la frescura de Zoe Díaz –elegida la mejor jugadora Sub 23 del Mundial– y de la mendocina Milagros Alastra, ambas de 20 años. Lara Casas, Juana Castellaro, Sofía Cairó y Valentina Raposo completan el lote de las más jóvenes de este plantel de veinte, sin embargo, acumulan una cantidad de partidos y torneos internacionales que las sitúa lejos de ser novatas. Esta fusión resultó crucial para darle aire al equipo en los momentos más difíciles y el respaldo perfecto para Las Leonas que la venían luchando hace varios años y solían quedarse a un paso de la gloria.

EL ADN ARGENTINO
En cada hazaña del deporte nacional surge la misma pregunta: ¿cómo un país del fin del mundo, sin la estructura ni la financiación de las potencias europeas, sigue siendo un semillero inagotable de talento? Mientras las jugadoras de Países Bajos se dedican profesionalmente al hockey, Las Leonas integran planteles amateurs en clubes donde incluso pagan para jugar.
¿No hay canchas de agua disponibles? Se entrena sobre césped y arena el tiempo que sea necesario. ¿Hay que trabajar de otra cosa para bancar el sueño de ser atleta de élite? Se hace. ¿Salen campeonas y no pasan el himno en la premiación? Se canta a cappella junto a las familias desde la tribuna. Ese sentido de pertenencia y el hábito de arreglárselas con lo que hay genera un plus único: el de ser argentino.

Sin embargo, lejos de romantizar la falta de recursos, referentes como Majo Granatto, Victoria Sauze y Sofía Cairó no dudaron en alzar la voz para reclamar lo que corresponde: el apoyo estatal necesario, becas del ENARD acordes a atletas de alto rendimiento e infraestructura de calidad para competir de igual a igual. Si aquel destello de Sídney 2000 logró triplicar la cifra de jugadoras federadas en el país, hoy son incontables las niñas que corretean por los clubes soñando con vestir esa misma camiseta. Brindarles el respaldo que merecen es la única forma de garantizar que esta historia no dependa solo del milagro argentino.
Fotos: gentileza prensa FIH

