Natalia Oreiro: "No se habla tanto de la posibilidad de sentirse viva por fuera de lo establecido"
La actriz y cantante uruguaya vuelve al cine de la mano del director Juan Taratuto como protagonista de una historia donde el deseo es atravesado por las contradicciones propias del amor y la madurez.
Hay encuentros que llegan sin aviso y tienen la capacidad de poner en movimiento aquello que parecía detenido. Nada entre los dos, de Juan Taratuto, protagonizada por Natalia Oreiro y Gael García Bernal, parte de esa premisa para contar la historia de dos personas que, en medio de vidas construidas sobre certezas y mandatos, descubren una grieta por donde vuelve a entrar el deseo.
Ella es Mechi, una empleada de una multinacional cansada de sentir que nadie la ve: ni en su trabajo, donde sus esfuerzos pasan inadvertidos, ni en su propia casa, donde convive con un hombre que se dedica a inflar globos que se pinchan apenas entran en contacto con la realidad. Él es un hombre atrapado en un matrimonio atravesado por las presiones de un suegro que no le permite tomar sus propias decisiones. Cuando se conocen, la atracción aparece de inmediato, aunque ambos saben que ese encuentro tendrá consecuencias.
En diálogo con EPU, la actriz habla a fondo de su personaje, una mujer que llegó a un punto de su vida en el que todo a su alrededor parece un castillo de naipes a punto de desmoronarse: una oportunidad para preguntarse qué queda cuando una persona deja de vivir en automático y se anima, aunque sea por un instante, a escuchar lo que desea.
–La situación de la valija que le pasa a Mechi al comienzo de la película, ¿te pasó alguna vez?
–Sí (se ríe).
–¿Y te tocó también tener que ponerte la remera de la aerolínea porque te perdieron la valija?
–Me ha pasado muchas veces y siempre en relación a mi trabajo. Me pasó una vez llegando a Filipinas: iba por un día de promoción y no me llegó nada. Y bueno, no sabés lo que son los shoppings en Filipinas, son gigantes. No sabía ni qué comprar. Después me pasó varias veces más. La última vez fue cuando tenía que ir a Chipre por un trabajo. Llegamos, éramos veinte personas, tenía que dar un show y les llegó la valija a todos menos a mí, justo la que tenía la ropa del espectáculo. Yo tenía el AirTag y pensaba: “Esto no me va a servir para nada”. Lo miré y dije: “Está en Turquía”. Les mandé la ubicación.

–¿Y apareció?
–Sí, sí, llegó. Llegó a tiempo. Si no, también tenía que salir a comprar. Otra vez me pasó llegando a Portugal después de los Premios Platino. Me iba tres días, quería ir a una isla, a Porto, y aterrizamos. Nos tuvieron dos horas adentro del avión sin explicarnos qué había pasado. Cuando finalmente salimos, nos dijeron que nos íbamos sin valijas. Estuve tres días sin equipaje, nunca pude ir a Porto y terminé yéndome caminando hasta el hotel.
–Es increíble que recién ahora hayas trabajado con Juan Taratuto. Viendo la película uno piensa: ¿cómo no pasó antes?
–Y, no se nos había dado. Habíamos tenido charlas, sí, pero no por proyectos que él haya hecho, sino por proyectos que íbamos a hacer y que por H o por B no sucedieron. La pandemia, por ejemplo, atravesó muchas cosas. Pero finalmente esta película sí se dio. Yo quería trabajar con Juan, me encantan sus películas, las vi todas. Me gusta su cine, su mirada, cómo cambia de una película a otra. Me gusta cómo retrata a los personajes femeninos, la verdad con la que escribe y la manera en la que trabaja.
–¿Qué fue lo que más te atrajo de Mechi cuando llegó este personaje? ¿Qué encontraste en ella como actriz?
–Hay algo de la edad de Mechi que me parece muy interesante. Es una mujer atravesando un momento muy reconocible para muchas mujeres y del que no se habla tanto: la posibilidad de sentirse viva por fuera de lo establecido. Lo que la sorprende es reencontrarse con una parte de sí misma que creía olvidada. Hoy, además, vivimos hiperconectados, pero entre ellos aparece algo muy espontáneo: una conexión erótica, una necesidad de sentirse vivos, sin pensar tanto en proyectar un vínculo.

Para Mechi es más bien una pregunta: “¿Por qué no?”. Y ese “¿por qué no?” en una mujer tan estructurada la sorprende muchísimo. Como actriz, eso es muy rico. Porque es preguntarse cómo alguien que está agotada de la rutina, del trabajo, de la pareja, de la casa, de repente conoce a un hombre y esa misma noche termina teniendo sexo. Me parece algo muy adulto y muy valiente de mostrar en el cine: animarse a decir, simplemente; “¿Por qué no?”.
–Incluso pensando en que ese encuentro no necesariamente tiene que cambiarlo todo. Puede suceder y que después la vida continúe igual.
–Claro. Uno podría idealizar la situación y pensar: “Esto me sucede y cambia algo en mi vida”. O quizás no. Los personajes van entendiendo, a medida que pasa el tiempo en que se conocen, que tal vez es eso y nada más. Al principio no, al principio quieren que sea eterno, pero después empiezan a entender otras cosas. Porque uno muchas veces romantiza. Pero lo romantiza más en la cabeza, porque después, en lo concreto, las cosas son lo que son. Yo no puedo romantizar o proyectar algo con alguien solamente porque me está pasando algo a mí; no sé qué le pasa al otro. Es distinto cuando uno genera un vínculo con el tiempo, cuando va construyendo algo. Eso es un poco lo que Mechi tiene con su pareja.
–En ese sentido, la película también habla de una decisión. De animarse a hacer algo, pero también de aceptar las consecuencias.
–Sí. Ella se permite algo, pero tampoco vamos a spoilear la película. Se permite tomar una decisión que antes de ese viaje no podía tomar. Había hecho todo para llegar a ese momento de una manera prolija: tenía su abogada, tenía todo organizado. Pero después llega el momento de hacerlo y siempre aparece algo. ¿Y qué aparece? Puede aparecer la culpa, los mandatos, el miedo, la inseguridad, incluso la cuestión económica, que sabemos que para una mujer también es muy importante.

Para poder separarse de un vínculo que ya no la hace feliz, muchas veces necesita tener una seguridad económica. Si no tiene un trabajo o una independencia, se vuelve mucho más difícil. La cantidad de mujeres que se separan cuando tienen un trabajo es impresionante. Porque hay una realidad concreta detrás de las decisiones personales.
–Y además Mechi tiene esa sensación de no encontrar nunca el lugar donde encaja. En el trabajo, incluso cuando la llaman para viajar, siente que no la están viendo.
–Sí, totalmente. Y en eso también se identifica con el personaje de Gael, aunque estén en lugares diferentes. Mechi tiene una gran frustración no solamente con su relación de pareja, sino también con su vida profesional. Ella quiso generar una bisagra, cambiar algo dentro del sistema en el que estaba, algo que su amiga sí logra y que le genera una mezcla muy humana de admiración y envidia. Mientras tanto, ella se acomodó por seguridad, para poder pagar las cuentas, en un lugar donde no es vista ni escuchada. Y ahí aparece una pregunta compleja: una decisión personal puede ser válida porque es tu vida, pero también tiene consecuencias. No desaparecen, dejan una marca.
Me interesaba esa particularidad de Mechi: es una mujer que también sostiene su casa y que carga con la presión de hacer que todo siga funcionando. Y eso también la deserotiza. Porque la película tiene una cuota erótica que no está ligada solamente a lo romántico, sino a esa posibilidad de volver a sentirse deseada, de conectar con una parte propia que estaba apagada.
–Quiero preguntarte por Gael. ¿Cómo fue ese encuentro?
–No habíamos trabajado juntos, pero de alguna manera nos conocíamos, habíamos charlado. Y fue muy simple, porque hay algo de ese idioma que tenemos los actores cuando nos embarcamos en una película: sabemos el cuento que vamos a contar, nos comprendemos, nos acompañamos, nos cuidamos.

Gael es súper cercano, muy gracioso, muy ocurrente. Charlábamos mucho en los cortes, antes también por teléfono. Nos poníamos de acuerdo, tirábamos propuestas sobre lo que nosotros veíamos de los personajes y después lo conversábamos entre los tres. La verdad es que fue muy lindo. Es muy divertido Gael, pero al mismo tiempo es muy profesional. Y tiene algo que para mí es muy valioso: te hace sentir que está descubriendo algo por primera vez. Eso a veces se pierde, porque cuando alguien tiene mucha experiencia puede aparecer cierta mecánica, y con él no pasa eso.
–Además, en la película se lo ve en un registro diferente.
–Sí, hacemos una linda química. No sabíamos si íbamos a funcionar juntos y terminó pasando eso. Nos reíamos de las mismas cosas, tenemos un código parecido. Y creo que eso también se nota en pantalla.

