Una charla con Charo López: "Siento que 'Cualca' sigue muy vigente"

La actriz y comediante divide sus días entre el streaming, los shows, el paso por la exitosa serie En el barro, su papel en la próxima película de Lucía Puenzo y nuevos personajes que la desafían a avanzar hacia lugares más oscuros. En esta charla con EPU, reflexiona sobre el presente del humor y los rumores sobre la esperada vuelta de Cualca.

Por Alejandra Bertolami

Desde hace más de una década, Charo López construye una trayectoria singular dentro del humor argentino. Actriz, comediante y performer, su trabajo se caracteriza por una versatilidad que le permite moverse con naturalidad entre la comedia absurda, la observación social y registros más introspectivos. Muchos la conocieron a partir del fenómeno Cualca, donde desplegó una galería de personajes breves pero memorables, capaces de condensar en pocos minutos una mirada aguda sobre la época.

Mientras suma proyectos en streaming y televisión, su recorrido sigue ampliándose hacia nuevos territorios actorales. En la serie En el barro interpreta a Sabina, un personaje atravesado por la crudeza del encierro pero también por pequeños destellos de humor y humanidad. Pero detrás de la seguridad escénica aparece un rasgo más íntimo: cierto pudor frente a su propio trabajo. “Me daba miedo”, confiesa al recordar la expectativa por ver cómo sería recibido su personaje. Esa mezcla de audacia artística y timidez personal convive en una voz que, desde el humor y una mirada profundamente contemporánea, sigue interrogando el presente.

–¿Cómo te llegó la propuesta de En el barro? ¿Qué tiene tu personaje que no tiene Charo?

–Hice un casting para la primera temporada, para otro personaje, y no quedé. Después me volvieron a contactar para la segunda temporada, esta vez con el personaje de Sabina. Traté de construir un personaje con algo de humor y cierta disociación propia de alguien que está preso. Muchas veces, cuando uno piensa en ese contexto, imagina enseguida la rudeza y una energía oscura. Yo intenté alivianar un poco ese lugar: pensar en una persona cuya cotidianeidad es estar encerrada, alguien que ya está un poco de vuelta con esa realidad. Tiene sus quiebres oscuros, pero también quise darle momentos de luz, pequeños destellos de humor.

–¿Cómo fueron las grabaciones?

–Las grabaciones fueron un flash desde el primer día. Ir al estudio donde estaba montada La Quebrada era entrar en una especie de realidad paralela. La escenografía está tan bien hecha que todo lo que ves y tocás se siente muy real. Desde ese momento hubo un entusiasmo total. Recuerdo la primera reunión con todas las compañeras: éramos un montón, muy distintas entre nosotras, y con actrices muy zarpadas. Yo, por ejemplo, soy muy fanática de Ana Garibaldi, siempre me pareció increíble. Sentía que estaba viviendo un sueño: ser parte de un spin-off de su personaje.

–¿Cómo fue la repercusión de tu personaje en tu entorno y qué significó para vos ser parte de una de las series más vistas?

–Tenía cierta inseguridad de no saber si había estado bien, mal, si había exagerado o qué. Pero también tenía esa sensación de ser parte de algo que está buenísimo, y eso me daba mucho orgullo. Las repercusiones de mi personaje, que fue medio fugaz pero muy intenso, fueron muy buenas. Así que para mí es todo felicidad: En el barro ocupa un lugar muy especial en mi vida.

–¿Sentís que después de este proyecto cambió algo en tu rumbo actoral?

–Este registro de actuación, que no es 100% comedia, me interesa mucho y también me divierte explorar. De hecho, tuve dos experiencias bastante seguidas en ese sentido: después de hacer En el barro, a los pocos meses, filmé con Lucía Puenzo la película sobre Pepita la Pistolera, que todavía no se estrenó. En esa película también tengo un papel que no es para nada gracioso. Fueron dos trabajos muy cercanos en el tiempo que me permitieron transitar ese registro más dramático.

–¿Qué tipo de personajes te gustaría explorar ahora?

–Creo que, en gran parte, el reflejo de mi perfil siempre fue lo que se vio en Cualca: hacer muchos personajes distintos, cortitos, y tratar de encontrar cierta profundidad en esa fugacidad. Pero también me gustaría hacer personajes con más tiempo para desarrollarse, poder entenderlos mejor, acompañar su arco. Me interesa construir roles en los que pueda profundizar más, personajes a los que les pasen cosas y que tengan un recorrido más amplio.

–Es imposible no pensar en Cualca y en su vigencia. ¿Sentís que el humor va mutando con la época?

–Siento que Cualca sigue muy vigente. Lo absurdo es que muchas de las cosas que nosotros planteábamos como irreales después terminaron volviéndose reales, y eso da un poco de miedo. Cuando lo mirás a la distancia, ves cómo nos fuimos acostumbrando a situaciones que hace diez o doce años nos parecían imposibles: en ese momento eran un chiste y hoy suceden de verdad. Eso también me genera una alerta para pensar cuál es el próximo paso del humor. ¿Cómo hacemos humor ahora, si lo que antes nos parecía una locura hoy ya es casi la regla o la nueva normalidad? ¿Cómo deliramos ahora? ¿Qué sería verdaderamente delirante hoy?

–Mucho esperan que vuelva Cualca. ¿Creés que podría ser factible?

–Tuvimos un pequeño coqueteo: nos volvimos a encontrar los cinco para una escena en otro proyecto que no es Cualca. Fue muy lindo el reencuentro, volver a vernos y charlar. Lo más mágico fue que, en cuestión de segundos, ya estábamos hablando como si nos hubiéramos visto el día anterior. Ese vínculo entre nosotros se mantiene y está buenísimo. Pero de ahí a que vuelva Cualca… todavía hay un gran trecho.

–¿Creés que hay ciertos tipos de humor que generan más incomodidad cuando los hace una mujer? ¿Sigue existiendo el prejuicio de que las mujeres son menos graciosas?

–Si antes ya se despreciaba mucho a las mujeres —no solo a las que hacen humor, sino a las que hablan y toman posición—, hoy eso sigue apareciendo. Las palabras más fuertes que escuché esta semana vinieron de dos mujeres. Y muchas de las que están más plantadas siguen siendo mujeres. En nuestro país eso pasó siempre: están las Abuelas y las Madres (de Plaza de Mayo). Por eso creo que no es solo en el humor, sino en general.

La mirada de las mujeres genera cierta incomodidad, incluso temor, y por eso muchas veces aparece ese intento de ningunearla. Pero al mismo tiempo veo que las nuevas generaciones, las chicas y las mujeres más jóvenes, ya no se compran el cuento de que no se puede, de que no se debe, de que somos menos. Entonces sí, tal vez la reacción o la represalia es más fuerte, pero también está a la altura de la resistencia. Y en ese sentido, está bien.

–Hacés de todo, incluso karaoke. ¿Cómo surgió esa idea? Además, se te ve bastante seguido en Mar del Plata.

–El karaoke surgió de manera muy orgánica. Yo hacía un unipersonal que se llamaba Mi amor, y el tramo final del show era un karaoke. La gente tenía muchas ganas de cantar, todos se animaban, y el cierre del espectáculo siempre era muy arriba. Una noche hicimos ese show en Club TRI, el club de Trimarchi, del festival de diseño, y ahí surgió la idea del karaoke. Pablo Pacheco propuso hacer un día que fuera todo karaoke, y a mí me pareció excelente. La gente empezó a responder muy bien: los karaokes empezaban a tener identidad propia. Va mucha gente de Mar del Plata, y para mí eso es lo mejor que puede pasar: llegar a un lugar donde no sos local y ver que está lleno de locales es muy flashero.

En el karaoke pasan dos cosas: suben personas a decir lo que quieren, y siento que puedo tener un escenario abierto para que eso suceda. Me enorgullece que la gente tenga ganas de hablar. Además, hay un segundo bloque en el que invitamos a quienes quieren mandar pistas propias; el escenario está caliente y encendido, hay público, y a veces se animan a probar sus canciones. Eso también está buenísimo. Nosotros tratamos de dar una respuesta a algo que se está pidiendo: ser escuchado.

–¿Qué nos podés contar sobre lo que se viene?

–Ahora estoy con el streaming y escribiendo junto a otras personas proyectos más grandes que espero que se concreten. También estoy en Industria Nacional y seguimos de gira con Qué olor, el programa que hacemos en Gelatina junto a Noelia Custodio. Con Adrián (Lakerman), además, estamos dando unas charlas que son como la versión dos de Loperman: más conversadas y menos teatrales.

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