Florencia de la V: "Yo entro a los hogares con mi identidad y ese es uno de los logros más grandes de mi carrera"

Dice que la conducción le devolvió la confianza y le permitió reencontrarse con el público. A 15 años de su debut en la pantalla de El Nueve, se pone al frente de Los profesionales de siempre para seguir sumando desafíos. En esta entrevista, habla de su amor por el espectáculo y el compromiso por visibilizar la lucha LGBTIQ+.

Recorrer los pasillos de Conde 51 fue como adentrarse en un viaje en el tiempo. Los estudios y camarines traían recuerdos de sus comienzos como una tímida columnista en Venite con Georgina, o de su paso por el exitoso ciclo de La peluquería de Don Mateo. Florencia de la V, que sabe que para cumplir un sueño no basta con perseguirlo, regresa 15 años después a la pantalla de El Nueve con Los profesionales de siempre, un clásico del espectáculo que combina información con entretenimiento.

Con una carrera consolidada y su estilo inconfundible, la conductora comparte su felicidad por encontrar un nuevo espacio donde expresarse. “El valor agregado de mi voz lo utilizo con mucha responsabilidad, creo que lo he demostrado”, relata orgullosa en esta charla con El Planeta Urbano.

–¿Por qué te entusiasmó volver a la TV con un programa histórico como Los profesionales de siempre?

Primero, porque amo el espectáculo y creo que tengo una manera de hacerlo que a la gente le gusta. Los profesionales... fue una marca de El Nueve, y cuando me lo propusieron, dije que sí enseguida. Me encanta el desafío. Algunos me preguntaron por qué no le puse mi nombre al programa… para mí eso no es importante, no es un valor agregado que se llame “Florencia y algo”. La gente ya me conoce y creo que tengo suficiente personalidad para dejar mi sello. Lo que realmente importa es la identidad que uno le da al proyecto y lo que se haga en él, ¿no?

–En la promo decís: "Volví más mala que nunca". ¿Con qué Flor nos vamos a encontrar?

Es un latiguillo que decimos con mis amigas, haciendo parodia de La vengadora, esa miniserie de los 80 donde un esposo tira a su mujer a los cocodrilos y ella regresa con un plan de venganza. Yo no vuelvo con venganza, vuelvo con chimentos y más mala que nunca (se ríe).

–¿Cómo es trabajar con lo que nosotros conocemos como chimentos? ¿Por qué creés que nos entretienen tanto?

Porque a todos nos encanta saber del otro. Vos fijate que cuando estás en una reunión familiar, si alguien va a decir algo, se callan todos. La gente es chusma por naturaleza. Igual, cambió la forma de hacer espectáculo; hace unos años era mucho más crudo. Yo siempre elijo hacerlo más divertido. Me gusta lo periodístico, lo que tiene que ver con información, entonces sobre eso le aporto un poco de color para quitarle, tal vez, dramatismo. No soy de las que busca el chimento para agredir ni lastimar. Eso lo tengo presente, busco divertirme y generar buen clima. El programa va a ir al mediodía, un horario muy familiar, entonces buscamos un combo entre la información y el entretenimiento.

–Y a eso, le sumás tu carisma…

¡Y los looks! Porque si hay algo que sé que le gusta al público es ver con qué salgo a la pantalla. Me gusta poder jugar con esa fantasía que vendía la televisión de antes, donde era importante cómo te vestías, cómo te peinabas. Con el tiempo todo se volvió más casual, hasta la forma de hablar. Yo sigo queriendo aportar esa cuota de glam que a mí me llamaba la atención cuando veía a Pinky con esos peinados, esas blusas de seda con flores gigantes en el hombro. Por supuesto que no todos se pueden dar el lujo de vestir esas prendas pero me parece que fantasear con eso es algo muy televisivo.

–La magia de la televisión sigue vigente para los que dicen que no…

La televisión argentina sigue vigente y actual. Cuando ves programas de afuera, salvo grandes excepciones de canales enormes y con muchísimo presupuesto, son de una calidad bajísima, en serio. Nosotros tenemos una muy buena televisión, una gran calidad de personajes, diversos periodistas y conductores que podrían compartir con cualquiera del mundo. Hay muy buenos profesionales y contenidos acá.

–Cuando te despediste de Intrusos, destacaste que habías vuelto a confiar en vos misma gracias al público. ¿Qué sentís que te devuelven esos seguidores que te eligen?

Yo venía bastante descreída de un montón de cosas, quería dar ese volantazo pero no encontraba el proyecto para mí. La conducción me devolvió la confianza, me permitió volver a conectarme con el público como en el teatro, cuando le hablo a esa persona que está ahí sentada. Me pasa mucho que voy por la calle, y pasa alguien, me para y me saluda de una forma tan cálida que mi familia o amigos me preguntan “¿Pero los conocés?”. Y no, no los conozco, pero evidentemente hay un vínculo que se genera a través de la pantalla. Ahí tomo dimensión de lo que significa entrar a los hogares todos los días, ser compañía en esas rutinas y la complicidad que se construye.

–¿Ese vínculo te genera más responsabilidad que orgullo?

Sí, totalmente. El valor agregado de mi voz lo utilizo con mucha responsabilidad, creo que lo he demostrado. Siempre que expuse mis convicciones fueron desde el absoluto sentido común y, sobre todo, con el amor que le tengo a mi país. Las veces que me expresé fueron para proteger y responder ante lo que yo creía y lo que considero injusto.

–Además del talento en la conducción, encontraste en la escritura un espacio más para compartir tu mirada. ¿Cómo es la experiencia en las columnas de Página/ 12? ¿Más personal, más catártica?

Obvio, esa es otra Florencia. Me da mucha satisfacción haber armado un pequeño nicho ahí de muchos lectores que no me conocían de esa manera. Voy a diferentes lugares y gente muy diversa me dice que le gusta lo que escribo en el diario. Encontré un canal de expresión totalmente diferente, y creo es necesario porque quizás hay temas que todos los medios tratan pero hay que compartir las diferentes miradas y voces. Eso también se agradece en estos tiempos: la pluralidad.

–En una de tus notas en Página/ 12 dijiste: “Por lo visto, en esta época una trava empoderada, glamorosa, mamá, esposa, feliz y orgullosa es un posible objetivo de la batalla cultural que proyectan”. ¿Seguís confirmando eso?

Sí, claro, porque se quiere combatir la libertad. Yo entro a los hogares con mi identidad, mi familia, mis hijos, mi marido, con todo mi ser. Eso, particularmente, es uno de los logros más grandes que tengo en mi carrera. Antes, las disidencias y las trans solamente teníamos la posibilidad de ejercer la prostitución, ese era el único camino. No es así, tenemos los mismos derechos y me propongo demostrarlo cada día.

Cuando yo era chica, no había en la televisión conductoras trans. Estaban Susana, Mirtha, Liliana López Foresi, Pinky… entonces, que las infancias tengan esa posibilidad de ver la diversidad en todo su esplendor y con orgullo, con estelaridad, con glamour, potencia para bien. La visibilidad tiene que ver con empezar a ocupar lugares de importancia, de decisión. Todavía falta una trava en el Congreso.

–Como trabajadora de los medios, ¿qué opinás de los discursos de odio y homofobia que circulan constantemente? ¿Te parece que retrocedimos socialmente?

No me parece, retrocedimos. No puedo creer lo que se dice y cómo se ataca, es peor de lo que nos hubiéramos imaginado. Pero es algo que sucede en el mundo, hay privilegios que el patriarcado evidentemente no quiere perder. Había temas saldados, que fueron debatidos en el Congreso, que pasaron por el Senado, que se sancionaron… no hay discusión. El femicidio existe, no es una sensación, es algo que sucede y no puedo creer que tengamos que volver a ponerlo en discusión.

Hay un montón de temas para ocuparse y dejarnos a nosotras en paz, eh. Que si hablamos con la “e”, que la medicación de las infancias… Basta de meterse con nosotras. Ya pasamos tantas cosas como para seguir bancándonos este odio. En las redes claramente aumentó la violencia hacia las disidencias y ni hablemos en la calle. En estos últimos tiempos hubo muchos ataques al colectivo LGTBIQ+, hubo hasta un lesbicidio. La violencia de las redes no queda ahí, pasa a la calle.

–¿Creés que somos una sociedad al límite de la tolerancia?

–Estoy sorprendida con el silencio de la sociedad, no me sorprende ni el presidente, ni los políticos. ¿Por la estabilidad económica vamos a bancarnos que hagan cualquier cosa? Hay ataques constantes y estamos muy calmados, en una posición de “a mí no me va a tocar”, hasta que un día te toca. Todo el tiempo me pregunto por qué este silencio. Yo sé que la Argentina es un país diferente. Hace 30 años que trabajo en el espectáculo y cuando debuté no era esta Argentina. Era mucho más homofóbica, más machista, y sin embargo, me abrieron las puertas, tuve oportunidades laborales que fui aprovechando, era un privilegio poder ocupar esos espacios en ese momento siendo yo misma.

–¿Cuál te parece que es la salida?

–La resistencia siempre estuvo en las calles, allí es donde se lograron las mayores conquistas legislativas de nuestro país. Nosotras sabemos de qué se trata y los peligros que corremos. Vamos a seguir exigiendo la equidad de derechos, que se termine esta violencia machista, que dejen de matarnos. Basta de quejarnos en las redes sociales, basta de hacer catarsis, es hora de salir. Mirá cómo las maricas se organizaron enseguida. Todas salimos a la calle, hasta las travas viejas porque ya lo hicieron, porque ya vivimos esa época donde no podíamos ni siquiera hablar. ¡Imaginate ahora que sí tenemos derechos! Vamos a salir a defenderlos las veces que sean necesarias.

Fotos: Gabriel Machado para @machadocicala, gentileza Jotax

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