Música 3.0: el mundo virtual y un sinfín de posibilidades para conocer nuevos talentos

Internet se convirtió en la principal aliada de la industria discográfica y está ayudando a los artistas independientes a llegar adonde antes era imposible. Plataformas de streaming, compañías que gestionan dentro del entorno digital y hasta sellos que están comercializando a través de la tecnología blockchain.

La autogestión y el hazlo tú mismo en la música existen desde hace casi ya medio siglo, pero las plataformas de streaming y de descarga digital permitieron a los músicos independientes distribuir sus canciones a todo el mundo de una manera sencilla sin tener que desembolsar grandes cantidades de dinero en la fabricación de discos, cuya distribución siempre queda limitada a un pequeño circuito de disquerías.

Internet, al abrir un mundo infinito de posibilidades, también generó una sobreoferta: hay tanto disponible que es necesario que los artistas se distingan de alguna manera. Ahí es donde entran las diferentes empresas que se ocupan no solo de subir la música a todos lados sino también de generar un vínculo con los artistas y desarrollarlos. 

Un salvavidas digital

El streaming, literalmente, salvó a la industria discográfica. Según la Federación Internacional de la Industria Fonográfica (IFPI), hoy representa, a nivel mundial, el 65 por ciento de sus ingresos totales y su crecimiento no parece haber alcanzado su techo. Por si fuera poco, está potenciando las ventas de CD y vinilos, que en 2021 aumentaron por primera vez en veinte años.

En la Argentina, que es el tercer mercado de música digital más grande de la región y el 30º de todo el mundo, es aún más apabullante: según la Cámara Argentina de Productores de Fonogramas y Videogramas (Capif), el 90,1% de los ingresos proviene de la reproducción digital, mientras que lo percibido por la compra de soporte físico no llega al 10%.

Frente a este panorama, los músicos independientes hoy deben pensar estrategias para sobresalir y llegar a una audiencia que está siendo constantemente estimulada con canciones nuevas, no solo en las plataformas sino también en las redes sociales, como TikTok e Instagram, donde la música es un elemento fundamental para viralizar el contenido que generan los usuarios.

“El artista tiene que entender que su música es un negocio y necesita comercializarse”, observa Bruno Duque, Head de TuneCore para Latinoamérica y Brasil. Como consecuencia de las nuevas formas de consumir música, el titular de la división latina de esta distribuidora de música digital cree que “la consistencia de los lanzamientos es ahora más rápida y la vida de una canción más corta”, por lo que “el punto principal para un artista independiente es ser capaz de entender cómo funciona el mercado digital, que cambia constantemente y brinda nuevas oportunidades, pero también es más competitivo”.

TuneCore acaba de lanzar nuevos planes para que los músicos indies puedan gestionar sus lanzamientos de forma ilimitada de acuerdo con sus necesidades. Hay desde una opción gratuita, que permite distribuir la música en redes sociales, hasta un modelo completo diseñado para artistas consolidados y sellos independientes que manejan un volumen mayor de producciones y que apuntan a que su catálogo esté presente en todos los canales virtuales existentes. A diferencia de otros servicios, la filial de la empresa estadounidense de música Believe cobra una tarifa anual y el artista se queda con todos los ingresos que genera.

La aldea global

Mientras que el 30% de la música que escuchan los argentinos en Spotify es nacional, cada vez más músicos de este lado del mundo logran llevar sus canciones a una audiencia global, en especial los de trap y reggaetón, como Duki, Bizarrap, Nicki Nicole y María Becerra. Para que esto suceda, la industria discográfica se tuvo que adaptar a los nuevos tiempos y comprender que su clásico modelo de negocios había cambiado. Uno de los primeros que lo entendieron en el país fue Espantapájaros, que empezó hace más de una década subiendo contenido a YouTube, cuando el portal de videos online aún no había sido comprado por Google y el streaming parecía una utopía.

Hoy son una compañía de música que se dedica a fichar artistas y a hacerlos crecer las plataformas digitales, cubriendo todos los aspectos del negocio, desde el registro de las obras hasta la elaboración de un plan de lanzamiento.

De esta manera, les dan las herramientas que necesitan para construir una carrera profesional, a las que quizás no hubieran podido acceder tan fácilmente. “Nosotros desarrollamos talentos”, explica Marcelo Rossi, fundador y A&R, que en sus inicios obtuvo los permisos de Gustavo Cerati y Luis Alberto Spinetta para subir sus videos a YouTube, cuando los grandes sellos ignoraban su potencial comercial y había otros usuarios sacando provecho de ese material.

Espantapájaros, además de haber lanzado las carreras de Cazzu, La Delio Valdez, Zaramay y Franky Style, entre otros, también rescató material de alto valor histórico, como las presentaciones de Artaud que hizo el Flaco en 1973 en el teatro Astral, que fueron publicadas con el aval de la familia Spinetta. Actualmente, tienen un catálogo que también incluye a Fabiana Cantilo, Valeria Lynch, La Charo, Arbolito, los traperos El Villano y Falke 912 y Man Ray, que acaba de relanzar como EP digital su trabajo de 2013 Purpurina.

La autogestión como bandera

Espantapájaros se distingue por su curaduría de artistas. Ellos salen a buscarlos donde sea, incluyendo los barrios más vulnerables, y les dan visibilidad en el entorno digital. “Nosotros no pertenecemos a la industria ni queremos formar parte de ella. Estamos tratando de inventar una nueva forma de dar a conocer la música haciendo todo lo contrario a lo que ya se conoce, porque hoy la industria es una máquina de producción masiva”, reflexiona Marcelo. “Queremos que todos los artistas sean independientes y exitosos como el Indio Solari. Y nosotros administramos su independencia.”

Para Bruno Duque es fundamental darles la misma importancia a todas las plataformas, ya que las más usadas a la vez son las más competitivas. En ese sentido, Bandcamp se presenta como una opción interesante para los músicos independientes, aunque también es utilizada por artistas consagrados, de la talla de Björk, Radiohead y Peter Gabriel.

Con un espíritu similar al que tenía MySpace hace quince años, cada intérprete crea un perfil donde puede subir toda su música, administrarla y venderla directamente sin intermediarios al precio que desee. El modelo de negocios de Bandcamp no se centra en el streaming, que es gratuito, sino en la descarga de archivos en alta calidad y en la venta de discos físicos y merchandising, de los cuales la empresa se lleva entre el 10 y el 15 por ciento de los ingresos.

El mercado NFT

La tecnología digital ofrece nuevos horizontes y la comercialización de la música está llegando a la web 3.0, donde ya hay sellos y artistas vendiendo álbumes y sencillos en NFT, es decir, a través de la tecnología blockchain. “Comprar un NFT implica hacerse de algo único. No es muy diferente a adquirir un objeto de colección o una obra de arte. Cuando uno adquiere este tipo de artículos, más allá de lo estético y lo sentimental, lo hace con el convencimiento de que por detrás hay un proyecto muy valioso que será apreciado en el tiempo.” La explicación es del productor Sergio Borromei, más conocido como Maxolydian, que junto a Franco “Dilo” Di Lorenzo fundó Fuxia Art, la primera discográfica dedicada exclusivamente a lanzamientos en NFT y vinilo. 

Su primer estreno es Ultima Thule, el nuevo álbum de Daniel Melero, que puede adquirirse en el sitio qurable.co pagando con tarjeta de crédito o la criptomoneda Ethereum. Al tratarse de un canal de venta directo, el sello ofrece, además del LP, otras experiencias, como entradas a shows y el acceso a remixes exclusivos y a las pistas individuales en multitrack para que el comprador pueda remezclar con total libertad los temas del ex líder de Los Encargados. El sello, incluso, habilitó un concurso de remixes en el que el propio Melero elegirá al ganador. 

“La tecnología blockchain es una gran herramienta para dar transparencia a cualquier iniciativa, lo cual habilita la posibilidad de que la audiencia no sea un mero consumidor pasivo, sino más bien un socio. Quien adquiere un NFT siente que está comprando algo que no es fungible y, por lo tanto, tiene un valor subjetivo que radica en cómo la identidad de una persona se proyecta en los objetos que colecciona”, dice Maxolydian, que sumó al proyecto a referentes de la música electrónica, como Mariano Marcial, Franco Cinelli y Kenneth James Gibson.

“Hay tres puntos clave en relación al consumo de NFT de música”, afirma Nicolás Madoery, director de 432HZ, empresa que desarrolló Futurx, un programa de profesionalización para músicos sobre esta nueva tecnología. “Uno tiene que ver con lo emocional, ya que hay una vinculación más cercana con el artista; otro tipo de utilidad se asocia con el acceso exclusivo a determinado espacio o comunidad virtual, y el último está relacionado con la especulación, ya que un NFT puede incrementar su valor más adelante.”

Un mundo en exploración

Fuxia Art no es el único que está experimentado con las ventajas de la tecnología blockchain. Bohemian Groove Corp, casa de Dillom y el resto de la Rip Gang, lanzó una colección de NFT gratuita llena de beneficios, como tickets, vinilos y merchandising. “La intención era poder brindarles a nuestros seguidores, en su mayoría ajenos a este universo, la posibilidad de ser parte de este movimiento sin necesidad de incurrir en gastos, rompiendo el paradigma de exclusividad asociado a los NFT. Nos pareció el camino más sólido para construir nuestra comunidad integrando a nuestro fandom de una forma simple y amena”, explican desde el sello.

Tras años luchando contra la piratería, la industria discográfica encontró en la internet, a la que por mucho tiempo vio como enemiga, su principal aliada para reconvertir el negocio, que evoluciona constantemente. El futuro ya llegó, y ya sea en soporte físico, plataformas de streaming, la web 3.0 o el metaverso, el objetivo es que la música esté presente (y genere ingresos) en todos lados.

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