¿En qué piensa un emperador filósofo?: entrevista a Natacha Bustos sobre el último gran representante del estoicismo
Por Alejandra Hayon
Escritas durante sus campañas militares, las Meditaciones, de Marco Aurelio (Editorial Octubre) reúnen las reflexiones personales del emperador romano, uno de los principales representantes del estoicismo. En medio de guerras, pestes y conflictos de poder, Marco Aurelio encontró en la filosofía una herramienta para interrogar su propia práctica y pensar cómo vivir frente a aquello que no se puede controlar. Su figura permite revisar algunas ideas centrales del estoicismo e invita a preguntar qué pueden decir hoy, en un mundo atravesado también por incertidumbres y conflictos.
Natacha Bustos, especialista en estoicismo y autora del análisis preliminar que acompaña esta edición de Meditaciones, aborda el pensamiento de Marco Aurelio y sus contradicciones como hombre de poder.
–¿Quién fue Marco Aurelio y por qué llegó a ser uno de los representantes más importantes del estoicismo? ¿Cuáles fueron sus pensamientos centrales?
–Marco Aurelio es uno de los grandes representantes del estoicismo romano, probablemente su último gran representante. Su importancia radica, en primer lugar, en que fue emperador de Roma. Al adherir al estoicismo, pone en valor esta tradición intelectual como doctrina, como filosofía y como modo de vida: era una filosofía sostenida y practicada por el propio emperador de Roma.

Al mismo tiempo, Marco Aurelio asume ciertas contradicciones propias de su experiencia de vida. Era alguien que tenía una enorme solvencia económica y política y podía formarse según sus propios intereses, pero también era un hombre sensible, atormentado muchas veces por las responsabilidades que implicaba gobernar. Tenía que decidir sobre la vida y la muerte de otras personas, y ese ejercicio del poder –que fácilmente puede tornarse autoritario o despótico–, no le resultaba nada sencillo.
Por eso, en ocasiones fue criticado por ser un emperador débil. De hecho, una de las cuestiones que destacan los historiadores de Marco Aurelio es su actitud frente a una traición. Cuando descubre quiénes habían intentado derrocar su gobierno, decide perdonarles la vida, algo que no era frecuente en ese momento.
–Decís que se puede pensar a Marco Aurelio como un filósofo de fronteras: de las fronteras del territorio, pero también de las fronteras del pensamiento. ¿Qué significa?
–Marco Aurelio es un pensador que escribe desde y entre las fronteras. Por un lado, estuvo durante muchos años en las fronteras del Danubio, debido a las campañas militares y la defensa del territorio de Roma y del Imperio. Pero también escribe desde las fronteras de sus propias contradicciones: entre lo que es correcto y lo que no lo es, entre lo que se debe hacer y lo que no, entre lo que se espera de alguien que tiene un enorme poder y lo que esa persona realmente quiere hacer. Son las fronteras de su propia práctica. Y también está la frontera de la filosofía como una forma de decir, entender y vivir el mundo.

Hay, incluso, una especie de frontera poética en la manera en que Marco Aurelio elige hacer filosofía. Él hace filosofía escribiendo sus meditaciones, que son, en cierto sentido, una suerte de diario íntimo, una relación epistolar consigo mismo, aunque al mismo tiempo sabe que esa escritura va a ser vista por otros. En esas meditaciones aparecen escrituras cotidianas que problematizan lo que existe, que buscan volver extraño aquello que damos por sentado.
Marco Aurelio se pregunta explícita e implícitamente por el sentido de sus propias tareas como emperador: ¿qué sentido tiene todo esto? ¿Por qué estamos acá? ¿Por qué nos matamos entre nosotros? ¿Por qué hay odio? ¿Por qué existen las disputas de poder?
–Muchas veces se asocia al estoicismo con el individualismo y con una supuesta no intervención en los asuntos colectivos. ¿Cuál es la postura de Marco Aurelio?
Una de las grandes cuestiones que preocupan a Marco Aurelio es la idea del cosmopolitismo, que ya viene del estoicismo antiguo: pensar la patria o la ciudad como un mundo. Todos tenemos una patria común que es la humanidad. Por eso, nada de lo que le sucede a los demás debería resultarnos indiferente. Cuando Marco Aurelio insiste en que no hay que alejarse del guía interior, está hablando de una especie de brújula del sentido de la vida. Ese guía interior orienta el cuidado de nosotros mismos, pero ese cuidado de nosotros mismos es, al mismo tiempo, el cuidado de los otros. Este es uno de los puntos centrales de la filosofía estoica.

Tiene mucho de introspección y de prácticas que se realizan individualmente, pero siempre asumiendo que, si cuido de mí mismo también cuido de los otros. Está también la teoría de la familiaridad, que viene del estoicismo antiguo y se va resignificando en el estoicismo romano. Se trata de pensar el amor por uno mismo como una capacidad de expansión: los seres humanos somos capaces de querer y de generar comunidad. Quien no puede cuidar a otros tampoco puede cuidarse verdaderamente a sí mismo, y viceversa.
–Nada más alejado del individualismo…
–Claro, por eso mismo quererse a uno mismo no es un acto de narcisismo. Para el estoicismo, ese amor es el que permite generar comunidad. Si yo no puedo quererme a mí mismo, tampoco puedo querer a los otros. También aparece la idea de la providencia: existe un plan, una especie de razón universal que organiza el mundo. En esta línea, Marco Aurelio sostiene que si nosotros podemos conocer ese plan y entender cómo funciona el mundo —un mundo en el que hay cosas que no elegimos y otras que sí elegimos—, de algún modo podemos vivir un poco mejor.

Podemos padecer un poco menos y, entonces, tener más margen para querer y para cuidar. Justamente por eso, el estoicismo es una filosofía que busca fortalecer la subjetividad o interioridad pero eso no equivale a decir que es una filosofía individualista en los términos contemporáneos de la expresión.
–¿Crees que hoy existe una necesidad mayor de volcarse al estudio o la práctica de este tipo de filosofías, como el estoicismo?
–Creo que esta necesidad de buscar respuestas en este tipo de filosofías está vinculada con la coyuntura de crisis, ya sea política, económica o de valores. De hecho, el estoicismo como forma de vida y forma de hacer filosofía también surge en un momento de crisis. Son momentos en que se hace necesario volver a pensarlo todo y estas filosofías pueden traer respuestas en tiempos de incertidumbre y preocupación. Tanto es así que el estoicismo, como otras filosofías de su época, se dicen a sí mismas filosofías terapéuticas, porque de alguna manera buscan sanar los dolores del alma. Pero ahí también puede haber una trampa.
Hay ciertas lecturas del estoicismo, sobre todo las que están muy de moda, el estoicismo mainstream, que señalan que nos tenemos que conocer y transformar a nosotros mismos pero para lo que las grandes corporaciones y el mercado esperan de nosotros y nosotras. Hay como un borramiento y una intención de neutralizar la politicidad del estoicismo, por eso muchas de estas lecturas de moda son tramposas porque nos dicen cómo acomodarnos mejor a estas circunstancias de la vida en función de los intereses de otros.

Y justamente el estoicismo nos propone otra cosa: un fortalecimiento de la interioridad y la subjetividad dentro de una búsqueda honesta y sincera y, muchas veces, dura hacia el encuentro con nosotros mismos. No tiene que ver con lo que se espera de nosotros… Es algo potente porque no se trata de una filosofía de la resignación. Hay una finalidad que tiene que ver con el bien común que, en muchas lecturas del estoicismo de moda, queda intencionalmente silenciada.
Fotos: Rocío González

