NFTs inmersivos, la fiebre digital: cómo funcionan las llaves de acceso a vivencias 3.0

La tecnología abre un mundo de posibilidades para amplificar la nitidez de los shows artísticos y conectar con los fanáticos antes, durante y después del vivo. Desde fiestas electrónicas con pases a un backstage tour, hasta acceso a la cabina del DJ en medio del escenario.

Calor humano, fiebre digital. Tal vez se trate de construir sobre una obviedad, pero hoy el valor intrínseco de los shows posiblemente está por delante de cualquier tipo de experiencia: energía colectiva, conexión irremplazable. Sin embargo, las audiencias, que andan cada vez más exigentes, cada vez más propositivas, buscan sentirse parte y, con ese envión, anhelan amplificar narrativas hacia nuevos territorios. 

“Las experiencias inmersivas vienen a cumplir justamente con eso: amplificar la conexión y seguir generando valor entre los artistas, las marcas o los contenidos y sus comunidades”, explica Manuela Kohlhuber, de WEPLAY CREATORS, compañía dedicada a narrar historias en la blockchain. Historias que, en rigor, funcionan como llaves de acceso a vivencias 3.0.

Por estos días, desde WEPLAY CREATORS andan con el pecho inflado ya que vienen de presentar exitosamente Mute Inmersive Experience, un hito que propuso una experiencia novedosa dentro del mundo de las fiestas electrónicas.

“Una experiencia auditiva de otro planeta te transportará a un momento donde sos protagonista”, vendía el flyer con una enorme imagen del DJ bosnio-alemán Solomun. “La experiencia incluía desbloquear una llave de acceso de insider, pases para un backstage tour, ubicaciones en el escenario, parking de producción. Algo a lo que muchas veces sólo acceden quienes trabajan del otro lado del escenario y no el público”, cuenta Manuela.

“En Broadway y en Hollywood ya existen proyectos en donde, al comprar un NFT, el owner puede participar junto a los productores de decisiones claves como la elección de los actores, la música y elementos de la historia.”
Manuela Kohlhuber, de WEPLAY CREATORS

El auge de los NFT

Entretanto, el vapor de la discusión se eleva hacia el mundo de los NFT, principal contraseña de estas propuestas. Allí, entonces, se contempla el peso de cuánto se puede innovar en ese universo. “Más allá de la burbuja y la polémica en torno a qué es o no arte, percibimos que la innovación podría estar más relacionada con las posibilidades de hacer partícipe a las audiencias de manera directa, tanto en la creación de la obra de su artista favorito como en las utilidades, dando un retorno económico del negocio a sus seguidores o bien otro tipo de beneficios como experiencias ‘tangibles’”, explica Moni Bega, de WEPLAY CREATORS.

En ese sentido, los NFTs funcionan como certificaciones de propiedad y creación, validados por contratos inteligentes. “Pensando esa posibilidad de la tecnología a favor de los artistas, supongo que la innovación dependerá de cuánto esté dispuesto cada uno a arriesgarse e involucrarse con sus audiencias”, continúa Bega.

Por caso, los NFTs abren un cosmos de posibilidades para, justamente, amplificar la nitidez de los shows en vivo y conectar con los fanáticos antes, durante y después del mismo. Se convirtieron en una herramienta para interactuar y fidelizar comunidades, que pone a los fans en un lugar participativo, de protagonistas, y subleva la vieja noción de meros consumidores pasivos.

“En Broadway y en Hollywood ya existen proyectos en donde, al comprar un NFT, se desbloquea no solo acceso a contenido exclusivo, sino al proceso de creación de obras de teatro o series: el owner del NFT puede participar junto a los productores de decisiones claves como la elección de los actores, la música y elementos de la historia”, detalla Manuela.

En su caso, como muchos, tanto Manuela como Moni llegaron a la blockchain y web3 en plena pandemia. Ahí, en ese encierro, primó la creatividad y, ante la ausencia del contacto físico y la presencialidad, hubo que consolidar nuevas alternativas. “Trabajamos en la industria del entretenimiento y con el cierre total se pararon todos nuestros proyectos.

Arrancamos una búsqueda por reinventarnos, empezamos a mirar qué estaba pasando en nuestra industria en el resto del mundo y qué podíamos hacer desde acá para brindarles a nuestros artistas nuevas formas de monetizar su arte, a través de acuerdos más transparentes. Y, también, de seguir conectados con sus comunidades”, revela Kohlhuber.

 “Un NFT puede ser la certificación de originalidad de casi cualquier cosa que tenga valor para un mercado determinado: desde un meme, un tuit, una imagen, un single musical, un videoclip o una pieza de arte.” 

¿Burbujas en el aire?

A la sazón, la avanzada de los NFT y del “criptoarte” en la sociedad también trajo aparejada otra discusión ligada al verdadero lugar que ocupan y, asimismo, desde allí, se yergue la posibilidad de que se manifiesten como “burbujas”. Unas burbujas que bien podrían explotar.

De hecho, aferrándose a esa idea, hasta la serie de animación South Park –en sus flamantes especiales pandémicos– desliza con acidez esta conjetura. “Pasa como con todo lo que es nuevo. Resulta inevitable que surjan tanto entusiastas como detractores. Hoy, la irrupción de esta ‘nueva’ tecnología toca intereses y cimientos de todas las industrias, no sólo del arte, donde es comprensible cierta resistencia, sobre todo porque además hay tanto por desaprender como por aprender”, dice Bega.

Es que, a pesar del boom mediático (con el enorme interés de la prensa que provoca una especie de excitación entre los usuarios), el fenómeno aún se encuentra en etapas muy iniciales. “El criptoarte comparte la lógica del mercado de arte tradicional que reconoce un valor en lo intangible y, con la incorporación de personalidades de renombre, consigue visibilizar la novedad e instalar el tema del cambio tecnológico, posiblemente con consecuencias políticas y sociales”, apoya Bega. Y sigue: “Cada paso resignifica y redefine nuestros roles en la industria del entretenimiento”.

Las funciones de los NFT

Bajo este contexto, los NFTs pueden abarcar todas las escenas posibles, sean artísticas o no. En rigor, un NFT puede ser la certificación de originalidad de casi cualquier cosa que tenga valor para una audiencia o un mercado determinado: desde un meme, un tuit, una imagen, un single musical, un videoclip, una pieza de arte o, realmente, cualquier cosa. “Desde WEPLAY incursionamos en las que resultan de interés y nos ayudan a medir audiencias”, asegura Bega.

En ese sentido, el valor experiencial de las nuevas inmersiones digitales también compone otro latido: los owners de los NFT podrán quedarse con una prueba inmutable de haber estado ahí, en ese preciso momento donde sucedían los hechos (una fiesta electrónica, un recital, un partido de básquet, un convite político, un cumpleaños con chizitos y palitos, lo que sea), reemplazando a la vieja costumbre de guardar los tickets de los conciertos como memorabilia en un cajón. El famoso “Yo estuve ahí” pero erguido desde los ceros y unos de la Matrix digital.

De aquí en adelante, todo puede suceder. Y si bien la escena de la música electrónica parece estar un paso adelante –muchos se asumen como early adopters de esta tecnología e, incluso, se dio un interesante intercambio de NFT y contenido entre los creadores nacionales Samot Club y Solomun–, el resto de la galaxia artística parece estar expectante de las experiencias inmersivas.

Y en nuestro país, la adopción de los NFT comprime un estadío educativo donde todavía pesa lo tangible pero, como se vio con el Mute Inmersive Experience, existe un deseo irrefrenable por desbloquear nuevos escenarios. Y que esta especie de agujero de Alicia en el país de las maravillas los deposite en otro lado, con otras texturas, con otras anécdotas, con otras perspectivas, con otras formas de consumo, con nuevas colisiones con el futuro.

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