Mercedes Morán en la piel de Doña Tota, la madre de Diego Armando Maradona

Protagonista de las series más exitosas de la televisión y el cine argentino, la actriz que hace poco se puso en la piel de una inquietante pastora en El reino cambia de frente para darle voz a una de las mujeres más representativas de la cultura pop criolla.

"El precio es alto, claramente", dirá Mercedes Morán cuando le pregunto lo inevitable: "¿Cuán caro es tomar postura sobre temas cruciales en la opinión pública?".

Dice esto con un tono de voz bajo y pausado. El peso de sus palabras, el contenido, se contrapone con esa manera cándida de hablar. Lejos de todo divismo, Mercedes se comporta de manera sumamente terrenal. Toma Coca-Cola común, fuma, pica algo del catering con el equipo de producción, nos charla entre ese espacio muerto que siempre queda entre las fotos y la entrevista.

Dice que no sabe posar, que la incomoda tener que sacarse fotos. Dice esto y pienso en su relación con la cámara, en la innumerable cantidad de personajes que interpretó, siempre con éxito, en sus 66 años de vida. 

–¿Notás que hoy, a pesar de todas las deconstrucciones, sigue habiendo un tema con la edad, una gerontofobia de la que muy pocos hablan?

–A mí por suerte no me pasa, pero claramente sé diferenciar cuando, por algún motivo que me excede, soy de alguna manera un caso aislado. También sucede con las actrices que a determinada edad ya son menos requeridas para papeles protagónicos y el hecho de que a mí en este momento no me esté sucediendo es fortuito. Así que me hago cargo de que eso sucede en general, totalmente.

–Por eso, en algún punto, es que llevás una bandera sin quererlo, ¿no? De ser distinta y tener éxito siendo distinta.

–Sí, bueno, también el hecho de construir personajes diferentes, que es lo que a mí más me divierte, ¿no? Me gusta que mi impronta como persona esté bien separada de lo que son los personajes porque colabora. Para mí es funcional eso: si tenés una personalidad muy, muy marcada es difícil meterte en otros cuerpos, hacer otros personajes, y a mí lo que me divierte de la actuación es eso, ser diferentes mujeres.

–Contame de tu personaje de Doña Tota en la serie Maradona: Sueño Bendito.

–Estrenamos el 29 de octubre por Amazon Prime Video, lo veníamos esperando hace mucho tiempo. Estoy muy contenta, muy orgullosa de la serie, de la calidad, del elenco extraordinario, y fui muy feliz haciendo este personaje tan icónico.

–¿Qué sentiste cuando te llamaron para hacer a la mamá del Diego?

–No, pensé que se habían equivocado.

–Sí, por el physique du rol, vos decías nada que ver…

–(Risas) Alejandro Aimetta, que es el director y creador de la serie, director argentino radicado en Los Ángeles y México, tenía muy en claro los roles. Imaginate que interpretar a esa mujer, a esa madre por excelencia, fue muy interesante, sobre todo por poder incursionar en algunos lugares y encontrarme con gente que me hizo conocer con más profundidad la historia de Diego.

El tiempo que abarca la serie es extenso, somos varios actores haciendo el mismo personaje según las edades. A mí me toca hacer de Doña Tota madre de Diego pequeño, del Diego adolescente y de la primera juventud. Rita Cortese hace de Doña Tota del Diego mayor. Me tocó la época de la infancia de los Maradona y muchas de las locaciones que usamos eran las reales, fue realmente emocionalmente conectar con eso.

Es difícil cuando te toca interpretar personajes reales que han existido, y sobre todo estos que son tan conocidos y que están en el imaginario de la gente. Es bien distinta la responsabilidad a cuando hacés un personaje absolutamente de ficción, pero bueno, dentro de esos márgenes intentamos ser lo más libres posibles.

–¿Te da miedo que te digan algo?

–Y, bueno, sí, parafraseando al fútbol: cuando salimos a la cancha, te pueden decir que jugaste bien, que jugaste mal, que te perdiste goles… lo que una siempre sabe es que hace lo mejor posible. Para mí todo lo vincular con su marido, con sus otros hijos, con el mundo que la rodeaba, con las mujeres que se acercaban a Diego, también cuenta quién era Doña Tota.

–¿Y qué pasa cuando el personaje que tenés que interpretar, como pasó con la pastora de El reino, es tan retorcido, tan distante a tu esencia y a lo que vos pensás del mundo?

–Con la actuación, en general, trato de no juzgar a los personajes sino entender las razones de por qué hacen lo que hacen, e introducirme en la cabeza de una mujer que está en las antípodas de lo que yo pienso también es una manera para mí, como persona, de hacer algo nutritivo y poder correr los límites, correr los prejuicios y poder comprender a alguien que en la vida no comprendería fácilmente. 

–¿Cómo tomaste el oleaje mediático y social que vino después con El reino?

–Mirá, a mí me sorprendió la reacción de este grupo evangélico que atacó tanto a una de los dos autores, Marcelo Piñeyro y Claudia Piñeiro, pero se ensañaron con Claudia. Yo pienso que la serie habla del poder y de cada zona oscura donde aparecen manejos del poder horribles y para eso, en esta serie, se eligieron tres universos como el de la justicia, la política y la Iglesia, donde están estas administraciones de poder, de claroscuro, muy notable y funcional a la historia que querían contar. No me pareció una crítica puntual ni a las Iglesias, ni a la política ni a la justicia.

–Igualmente, ¿sentís que hay una intolerancia mayor hacia los grupos disidentes y las minorías?

–Bueno, a las feministas siempre nos dicen ok en el mejor de los casos, pero que conservemos los modos, las maneras. Son movimientos que tienen que imponerse y enfrentarse a cosas que están muy arraigadas y que tienen reacciones muy violentas, entonces es absurdo y paradójico que a las mujeres se nos pida que seamos delicadas a la hora de pedir nuestros derechos. A veces imponer algo, romper alguna estructura, atravesar un límite, no siempre lo podés hacer de la manera más elegante. 

–Y eso, indudablemente, molesta a un cierto sector de la sociedad. 

–Absolutamente. Me parece que todo eso está movido por un pánico, por un miedo muy grande de que algo se descontrole con este asumir de nuestras sexualidades, nuestras libertades, nuestros pedidos de derechos, que a toda la parte más conservadora de la sociedad altera muchísimo. Porque, por ejemplo, con el lenguaje inclusivo también sucede que se burlan o se brotan, no pueden entender algo de lo que para mí no deja de ser una manifestación política de inclusión.

–¿Cómo te llevás con las expectativas que puedan poner en vos?

–De las únicas que me hago cargo son las que se despiertan con los trabajos. Sobre todo, en el cine o en las series, gran parte del marketing previo y de la prensa previa tiene que ver históricamente con despertar expectativas, despertar el deseo y las expectativas de la gente que vaya al cine o lo que fuera. De esas me hago cargo porque trabajo para ellas, pero las expectativas en cuanto a mi persona, en general, esa frase de “me debo a mi público”, no la hago mía y las únicas que me importan son las de la gente muy cercana a la que quiero mucho y me importa su opinión.

–¿Y cómo reaccionás ante alguien que no piensa políticamente como vos y dice “es la mejor actriz que conozco, pero qué bajón que piense así”?

–Está bien, a mí también me pasa con algunos actores o actrices, o algunos artistas que no piensan como yo pero que puedo disfrutar de su obra. Es raro, ¿no? Lo que pasa que los actores y actrices somos intérpretes, yo no soy autora, ni directora, y ahí hay una expresión de algo de lo que necesitás contar o decir. Por supuesto que elijo los materiales y tengo en cuenta mi manera de pensar a la hora de elegir pero soy básicamente una intérprete, trato de ser eso para quien me dirige.

–¿Cómo te llevás con las redes sociales?

–Sigo aprendiendo (risas). Y a veces me olvido que detrás de eso, hay 300 mil personas pendientes de lo que pusiste.

–Pero no es que te arrepentís de algo que hayas puesto.

–Muchas veces sí, me arrepiento.

–Sobre todo por la repercusión que no deseabas.

–Claro, por la dimensión que toma, ¿no? Por la escalada que ocurre, en ese sentido sí, porque de golpe te sacan de contexto, te ponen una frase, sos tapa de un diario y algo que era nada que ver se convierte en otra cosa. Sería tonto de mi parte no hacerlo y pensar que soy tan omnipotente, corrijo cuando sea necesario o reitero, depende.

Los precios que pagás por hacer públicos tus pensamientos para mí siempre son más baratos que el de auto reprimirme y el de auto censurarme. Yo tengo la edad que tengo y en mi adolescencia y juventud me tocó convivir con el proceso militar, donde fuimos tan reprimidos por lo que decíamos y pensábamos.

Yo creo de verdad que la mejor manera de consolidar el sistema democrático es haciendo uso de las libertades. Soy una persona pública y no me puedo imaginar administrando la información de lo que pienso, de lo que tengo que decir, de qué me conviene, qué no me conviene.

–También la modalidad de las redes sociales crea bandos más fuertes, ¿no?

–Sí, no sé si son las redes o los grandes poderes. Siempre me gusta pensar que no todo lo que sucede es responsabilidad nuestra, que eso es lo que nos hacen creer. Creo que las grandes responsabilidades emergen de lugares muy altos que no tenemos ni idea, siempre somos un territorio de disputa, como país, como sociedad, de grandes intereses que no tenemos idea y esos mismos intereses nos hacen creer que nosotros somos los responsables de todas las cosas horribles que pasan. 

–¿Qué nos dejó, en ese sentido, la pandemia? 

–Para empezar, nos corrió de un lugar de esta cosa que tenemos los argentinos de que somos o los peores del mundo o los mejores del mundo. Yo creo que finalmente se tomó conciencia: no somos ni los mejores ni los peores, somos todos parecidos. Yo sigo pensando y creyendo lo que creía al principio: que salgamos mejores, que todo este tiempo de encierro obligatorio nos haya servido para reflexionar, para detenernos.

A mí lo que más me preocupa es el estado del planeta, creo que todos esos derechos, muchos de los cuales por los que yo lucho, no van a tener un lugar donde expresarlos ni vivirlos, porque si no cuidamos el planeta, todo resulta en vano. Me gustaría trabajar para que se tome real conciencia de todo esto. 

Fotos: Alejandro Calderone Caviglia

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