Chino Darín: además, usted es lindo

El éxito de El reino lo terminó de consagrar como uno de los grandes referentes de la nueva generación de actores iberoamericanos. Con una carrera consolidada y domicilio repartido entre Madrid y Buenos Aires, afianza su relación con Úrsula Corberó, aunque asegura que en términos amorosos está abierto a todo. 


Son las doce de la noche en Madrid y las siete de la tarde en Buenos Aires. El Chino Darín, al otro lado de la pantalla, espera pacientemente para grabar una nueva emisión de El Planeta Urbano TV. Espera más de la
cuenta porque surgen problemas técnicos.

Espera diez, veinte minutos, y nunca se enoja. No se impacienta, no reclama atención, y se pone a charlar de la vida para matar el tiempo.

Hay algo de realeza y rebeldía en él. De haber nacido con todo y ser muy consciente de sus privilegios de cuna, de sus privilegios estéticos, de venir de fábrica con todo eso a lo que supuestamente aspiramos. Su rebeldía está, precisamente, en hacerse cargo de todo esto. Y, también, en encontrar el equilibrio perfecto para ser una estrella sin creerse mil.

–¿Te molesta que todo el tiempo te digan que sos muy lindo?

–No, pero siento que sólo se valora una cosa que para mí es absolutamente ridícula. Está buenísimo, me encanta recibir cariño, y entiendo que a veces la gente resume todo lo bueno que te quiere decir en eso que cree que es un elogio, cuando en realidad yo no hice nada al respecto para ser más lindo o más feo. 

–¿Absolutamente nada?

–No, es cierto que tiendo a ser flaco, pero me debería cuidar más de lo que me cuido, y no lo hago de manera permanente. Tengo épocas en las que tomo noción de las cosas y me empiezo a cuidar, pero no me dura mucho ese entusiasmo. La verdad es que como cualquier cosa, como de todo, pero creo que es una cuestión de metabolismo y que en cualquier momento voy a dejar de tener ese privilegio de poder comer realmente lo que quiera. 

–¿Qué le dirías al Chino de hace seis años, que estaba empezando su carrera, buscando cosas?

–Nada, que hoy sigo buscando lo mismo, que nunca terminás de encontrar nada. Está bueno que las grandes cosas que uno busca en la vida se mantengan así, como una búsqueda eterna. Pasaron mil situaciones y crecí un montón, pero yo siento que sigo estando igual. 

–Yo le diría que se quede tranquilo, que va a vencer las barreras del apellido.

–Si bien es cierto que este apellido conlleva muchos prejuicios, también hay que decir que abre muchas puertas. Por eso me parece que no está bueno renegar, tenés que hacer la tuya, ¡y hacer tuyo el apellido!

–Está pasando algo raro: ahora si le decís a una persona joven que está Darín en el estudio, te pregunta “¿el padre o el hijo?”.

–Bueno, pasa algo muy gracioso, hay mucha gente que no debe de tener idea de quién soy yo y creen que mi viejo se llama “Chino Darín”, por esas confusiones de la vida. Me cuenta que en España a veces le gritan por la calle “¡Chino!”, y él saluda como si nada.

–Hablemos del éxito de El reino. ¿Te esperabas tanta repercusión?

–Me pasa que lo miro a los lejos, desde Madrid, y no termino de entender el fenómeno. Sé que está muy en boca de todos allá en la Argentina, que Netflix le puso todo a la campaña de promoción. Y que hubo polémica.

–Mucha polémica.

–Y sí, cuando la religión se mete en el medio pasa esto. Me acuerdo de haber hecho escenas de El reino con mucha gente que realmente venía al templo, muchos evangelistas y creyentes que hablaban de las cosas que pasan cuando van a rezar, muchas cuestiones de fe, y estaba clarísimo para ellos que lo que nosotros estábamos haciendo ahí era una ficción, y nunca se sintieron atacados por lo que rodamos.

–¿Cómo es tu relación con la religión?

–No tengo mucho acercamiento, la verdad. He tenido algún tipo de coqueteo al encontrarme con situaciones que me gusta llamar “esotéricas” o “energéticas”, pero nada más.

–¿Y cómo te llevás con la Iglesia como institución?

–No me llevo con las instituciones, en general. Respeto mucho la fe, me parece algo increíble y sagrado, pero las instituciones religiosas, organizar la fe de las personas de una única manera y determinar qué sí y qué no, siempre me pareció un concepto limitante. 

–Claramente, Iglesia y Estado, asunto separado. 

–Eso ni hablar. Pero a mí siempre me pareció muy respetable la creencia de cada uno, lo que no comparto es la concepción de la fe como algo que lo pueda guiar a uno en la vida, o establecerle parámetros y objetivos, y sobre todo determinar sus libertades. 

–¿Cómo fue el rodaje en plena pandemia con este súper-team de actores de muchísima trayectoria y renombre?

–La verdad es que fue increíble, ya desde la concepción del proyecto es un trailer muy bien trabajado capítulo por capítulo, haciendo que el espectador quiera ir sabiendo más y más, develando situaciones. A eso sumale las caras de los actores con los que me tocó trabajar en el set. Fue espectacular, realmente.

–Y vos, particularmente, seguiste aprendiendo, mejorando cada vez más en tu oficio de actor.

–Yo creo que la experiencia construye. Incluso desde los errores o cosas que creés que no te salieron bien hay mucho para aprender. Y ni hablar de cuando te toca codearte de un equipo tan groso, es como una academia, es un privilegio y hay que tratar de aprovechar para dar todo y aprender lo que se pueda también.

–¿Cómo es tu faceta de productor? ¿Qué te gusta y qué te cuesta más?

–Los números me cuestan bastante, yo soy más de lo creativo. Por suerte tenemos a nuestro socio que se ocupa de eso; a mí me da por el lado de generar ideas. Ahora estamos con una peli por estrenar, otra en producción con Ricardo padre y Peter Lanzani y una serie en carpeta. Es algo que me encanta, paralelo a la actuación.

–¿Tenés ganas de casarte?

–Creo que con lo de las religiones lo expliqué: la dimensión institucional, ponerles sello a las cosas, para mí nunca fue sinónimo de nada real. Y a nivel pareja me parece que los vínculos son la reafirmación diaria y elegirse. Eso no significa que no me casaría, pero nunca fue una meta. Para mí, todo el simbolismo de los papeles y las alianzas y la fiesta pasa por una cuestión mucho más interna, pero no sé. 

–¿Existe la posibilidad de que alguna vez en tu vida consideres ser heteroflexible?

–(Risas) ¡Obvio! No creo que eso sea algo que uno se pueda plantear, tipo: “En algún momento de mi vida voy a ser heteroflexible”. Pero no lo descarto, porque yo no descarto nada en mi vida, como filosofía. Después, el tiempo dirá: ¿para qué encerrarse en límites a esta altura, con todos los límites que ya nos pusieron?

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