Charly García: los 70 años de un ícono porteño y universal

Hace casi medio siglo que sus canciones retratan al sentir de Biuenos Aires y la identidad nacional con una precisión y talento solo comparables a los grandes valores del tango. Y en el día de su cumpleaños número 70 sigue componiendo, ya que prometió un álbum nuevo muy pronto.


Con inusual modestia y humildad, Charly García una vez escribió la frase “Yo solo tengo esta pobre antena que me transmite lo que decir”, dejando constancia de su capacidad de poder sintonizar el inconsciente colectivo y poner en palabras lo que está soplando en el viento.

El año que viene se cumplen 50 años del debut de Sui Generis, el primer disco propio que grabó Charly (antes había estado en el legendario Cristo rock de Raúl Porchetto). Medio siglo de componer, tocar y cantar palabras que marcaron a fuego a una, dos y quizás tres generaciones de fans.

Porque no es nada imposible que cualquier veinteañero que en 1972 se sentó al fogón para corear “Canción para mi muerte” hoy tenga más de 70 años, quizás un hijo de 40-50 y tal vez un nieto de 10-25.

A lo largo de su discografía y sus frases certeras “ad libitum” en los recitales, Charly no solo habló de sus vivencias y avatares, sino también de los problemas del mundo, del país y de Buenos Aires en particular. Su universo comenzó siendo Caballito, más precisamente José María Moreno entre Rivadavia y Rosario.

Hizo la primaria en el colegio Aeronáutica Argentina, en la calle Quilmes al 400, Pompeya. Visitaba semanalmente el Conservatorio Thibaud-Piazzini, en Sarmiento 857, e hizo célebre al Instituto Social Militar Dr. Dámaso Centeno, de Rivadavia al 5550, donde cursó la secundaria y armó las primeras formaciones de Sui junto a Nito Mestre y otros compañeros.

Esas coordenadas fueron parte esencial del mundo que se impregnó en las pupilas y neuronas del joven Carlitos García Moreno. De grande, luego que su madre lo echó de su casa gritándole “No tienes profesión” (igual que en la canción “Confesiones de invierno”), se fue a vivir con María Rosa Yorio a una pensión en Soler y Aráoz, Palermo. Y con la primera plata del éxito se mudaron a un contrafrente en Cucha Cucha 53, “el departamento más feo de toda la ciudad”, según contó su ex-esposa.

Tras el furor de Adiós Sui Generis se instalaron en el Hotel Impala, en Libertad y Arenales, pero semejante despilfarro se hizo impagable y fueron a parar a una casa en Tacuarí y Venezuela, poco antes de separarse. El siguiente hábitat oficial fue una esquina que se convirtió en ícono de la ciudad de Buenos Aires: Coronel Díaz y Santa Fe.

Hace varias décadas que muchas personas pasan cerca y levantan la vista con el improbable deseo de verlo en el balcón o atravesar la puerta de calle. Y ni hablar de la costumbre de chicos y chicas que durante años tocaban timbre y a veces lograban subir para verlo y charlar.

Todas esas direcciones, más allá de la fascinación por Brasil que generó una novia brasileña y luego la posibilidad del anonimato que le ofrecía Nueva York, muestran el movimiento de Charly de un barrio a otro, cual pelotita de ping-pong, pero siempre fascinado por una metrópoli que lo convirtió en rey, amo y señor. Le encantaba entrar a confiterías, restaurants y salas de cine icónicas, como el bar Young Men, Edelweiss, Pippo y la sala Lugones.

Desde el centro de operaciones que armó alto en la torre de la esquina de Coronel Díaz, en la época de mayor descontrol solía deparar sorpresas para los fans que estaban alertas: cruzaba a la disquería Rock'n'Freud para comprar una y otra vez los discos que destruía sistemáticamente (Beatles, Byrds, Prince), paseaba por los negocios del shopping Alto Palermo llevándose mercadería mientras algún asistente corría atrás pagando todo, o directamente iba con un tecladito a un minúsculo bar llamado Planeta Júpiter para sorprender a todos con un recital. Algo similar a la dinámica de conciertos sorpresa que antes había hecho en lugares como Prix D'Ami o The Roxy.

Revisando sus trabajos, la tapa del debut de Sui Generis, Vida, lo muestra en una vereda de la calle Vidt al 1900, donde vivía su familia, y la portada del segundo disco de La Máquina de Hacer Pájaros, Películas, es una foto saliendo del cine/teatro Gran Rex. La famosa parodia de La grasa de las capitales está basada en el estilo y tipografía distintivos de la revista Gente, una publicación más argenta que el dulce de leche.

Las letras no pudieron ser ajenas a tantos aires porteños, tanto de manera implícita como explícita, desde el clima urbano de “Lunes otra vez” hasta el grito de “¡No bombardeen Buenos Aires!” durante la Guerra de Malvinas. Y fue revelador cuando alguna vez contó que “Tango en segunda” fue compuesto a bordo de un taxi por una calle paralela a avenida Rivadavia, con el ritmo inspirado en el movimiento sobre el empedrado.

Otro aire tanguero, más precisamente piazzolliano, asoma en “A los jóvenes de ayer”, tanto en su introducción instrumental como en su mención a la fauna de SADAIC.

No sólo descriptivo de situaciones y vivencias, Charly jamás dudó en destilar su humor corrosivo, tal como hizo en plena época del dólar bajo de Martínez de Hoz y la “plata dulce” de fines de los años '70. “José Mercado –escribió– compra todo importado, tevé a colores, síndrome de Miami... José es licenciado en Economía, pasa la vida comprando porquerías”.

Su antena percibió con maestría el fin de la dictadura militar y la vuelta de la democracia, no sólo en un himno como “Los dinosaurios” sino también en versos sueltos como “nadie pasa salvo una banda militar desafinando el tiempo y el compás” o la inmortal “Yo que crecí con Videla, yo que nací sin poder, yo que luché por la libertad, pero nunca la pude tener”.

¿Qué hay más porteño que la mención de un canillita en “Kill gil – Transformación”? ¿O su versión en vivo del “Sweet home Buenos Aires” que tradujo Javier Calamaro? Y por si a alguien le quedaban dudas sobre su amor por las ciudades, basta con recordar su antológico “No me banco las hormigas, yo me vuelvo a la ciudad”, huyendo del campo y la vida al aire libre.

La porteñidad manifiesta muchas veces saltó de lo particular a lo general y dio una mirada de Charly García sobre la Argentina. Si bien hubo un flojo rap en su disco con Enrique Pinti y Pedro Aznar (“Último rap en Buenos Aires”), su pluma aguda resultó histórica en “No llores por mí, Argentina”: “Entre lujurias y represión, bailaste los discos de moda y era tu diversión burlarte de los ilusionistas. No llores por las heridas que no paran de sangrar. Estás enferma de frustración y en tu locura no hay acuerdo. No llores por mí, Argentina, te quiero cada día más”.

Charly García hoy cumple 70 años, y desde el 15 de diciembre de 2010 es Ciudadano Ilustre de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Hace un mes que comenzó la cuenta regresiva de este festejo con la convocatoria #CharlyBA, hoy las radios Nacional Rock y Mega le dedican su programación, en el CCK hay conciertos especiales desde las 14 horas, y a la noche tocará Fito Páez en el Teatro Colón como regalo especialísimo para su amigo e ídolo. Y nada es suficiente para agradecerle tanto.

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