Vestidos fabricados a partir de textiles recuperados, prendas vintage resignificadas y experimentos con bioplásticos de contaminación cero. Así trabaja una de las nuevas referentes de la moda sustentable en su exclusivo atelier de Recoleta.


Rocio Rivero rompió los límites de la industria de la moda y creó una marca que combina el “art couture” con el diseño sustentable. Cuando se creía que la alta costura no podía convivir con el cuidado ambiental, comenzó a fabricar prendas a partir de textiles recuperados y bajo técnicas de contaminación cero desde su exclusivo atelier en el barrio de Recoleta. 

Pero todo tiene un porqué: la artista textil fue criada en una casa donde siempre le inculcaron la importancia de la ecología y su madre se encargó de enseñarle a confeccionar sus propias prendas. Así, como fruto de una profecía autocumplida, decidió formarse como diseñadora de moda en la Universidad de Palermo. Y no se equivocó. 

Hoy, hace ya tres años que lleva adelante su propio negocio especializado en vestidos de alta costura, pero hace más de diez que se dedica al diseño. En un comienzo, su marca no llevaba el sello de la sustentabilidad porque, para ella, trabajar de ese modo era la única forma de hacerlo

—¿Cómo definirías tus diseños?

Nuestras prendas son únicas, tienen mucha intervención, y por eso decimos que son obras de arte. De hecho, me inspiro principalmente en la arquitectura barroca, las molduras y los detalles. Son prendas que tienen muchas horas de trabajo, el tiempo de bordado puede llegar a ser de 300 horas, por ejemplo. Cada pieza viene con su certificado de autenticidad en el que consta cuántas horas llevó confeccionarla, qué materiales se utilizaron y cuál es su origen. Creo que es importante cuidar la transparencia que hay entre las personas y el detrás de escena en el atelier.

—¿Cuál es el origen de los materiales que utilizás?

—Usamos materiales de deshechos. Por ejemplo, hacemos nuestras propias lentejuelas con botellas de plástico, confeccionamos aros, carteras, prendedores con botellas o empaques de golosinas, realizamos hombreras con esponjas. Todo es manual, hasta cortamos los desechos a mano. A su vez, la obtención de los textiles siempre fue muy orgánica. Al principio, mucha gente me donaba ropa que ya no usaba para poder hacer diseños con esas prendas.

—¿Podés contarnos más sobre el proceso de producción? 

Lo que más disfruto es toparme con una prenda vintage y comenzar a pensar qué se puede hacer con eso: desarmarla, conocer la moldería, imaginar cómo se puede intervenir. Me gusta hacer el camino inverso al común en la industria de la moda, en el que vos tenés una idea y la bocetás para luego comprar los materiales. Yo primero tengo los recursos, y a partir de ahí pienso en cómo crear la prenda. Es algo parecido a lo que sucede con la escultura, donde a partir de un pedazo de madera, encontrás una veta para armar una obra. 

Su pieza preferida es un corsé realizado a partir de un vestido antiguo.

—¿A qué creés que se debe el éxito de tu marca?

Yo creo que se debe a los vestidos personalizados. Cuando las mujeres son conscientes de que pueden ir a un lugar a hacerse un vestido a medida, donde saben qué paleta de colores les conviene usar y a la vez son sustentables, atesoran esa pieza porque tiene su propia impronta. Todas las mujeres somos distintas y no sostengo la idea de crear una prenda en donde quepan una multiplicidad de cuerpos.

—¿Cómo lográs que las prendas vintage se adapten a cada cuerpo?

Cuando trabajo con prendas vintage, armo el diseño con una moldería y un talle en particular, pero soy consciente de que lo más probable es que venga una persona que tenga otras medidas. Por eso, lo que hago es guardar una porción de tela para poder modificar el diseño e intervenirlo. Las prendas se pueden seguir retocando, por eso se adaptan a cada cuerpo.

—Además de estar hechas a medida, ¿qué otras particularidades tienen tus prendas?

—Las prendas suelen ser muy versátiles. Creo que una de las patas de la sustentabilidad es que las prendas sean versátiles: que las puedas usar para más de una ocasión y que nadie se de cuenta. Por ejemplo, poder desmontar las mangas de un top y usarlas como remera, o fruncir una falda y usarla más corta o más larga según la ocasión. Mientras más usos le puedas dar a una prenda, más sustentable va a ser. La idea es que con una sola prenda puedas cubrir más ocasiones. 

—¿Cuál es la prenda que más se comercializa? 

—El corsé es definitivamente la prenda más comercial. Algunos están hechos a partir de saldos de marroquinería, que es lo que se usa para hacer carteras. Tenemos ocho piezas de edición limitada, que es el límite en términos de cantidades que llegamos a producir. Las prendas de la marca son realmente únicas. 

—Apostás por la sustentabilidad en un mundo en el que rige el fast fashion. ¿Qué técnicas usás para producir?

Lo más innovador es el uso de bioplásticos, aunque la idea está muy verde todavía. Hoy los usamos para cosas pequeñas, como accesorios, pero la idea a futuro es poder crear prendas con eso. Los bioplásticos son un tipo de plástico derivado de productos vegetales, que sirven para crear texturas. Se mezclan los polvos vegetales, como la cúrcuma y la glicerina, luego eso se calienta, se deja enfriar y a partir de ahí se crea una textura. Se sigue una receta, como si fuese un trabajo de laboratorio o repostería. 

—¿Cómo se fabrican esos bioplásticos?

Afortunadamente, cada vez más personas saben cómo fabricarlos a través de las técnicas que provee el “código abierto”, en donde gente especializada comparte maneras de crear texturas sustentables. Lo más asombroso es que estos textiles se pueden poner en una compostera y simplemente se degradan. Creo que aquí reside la magia de esta técnica, en crear una moda que genere contaminación cero en el mundo que se habita. 

—¿Cuál pensás que es la clave para promover el slow fashion?

Que la gente sea consciente de que es mejor comprar bueno y perdurable que malo y efímero. Pero eso es algo que se aprende con los años. De hecho, hoy podemos usar ropa vintage para crear prendas nuevas porque antes la ropa estaba hecha para durar mucho tiempo. Disfruto trabajar con piezas vintage porque están hechas con materiales super nobles. Me gusta la idea de que sean prendas que pasen de generación en generación. 

—¿Qué significa el concepto vintage para vos? 

Me gustaría resignificar el concepto, haciendo foco en que usar vintage no es usar ropa de época sino que podés crear algo nuevo y de diseño a partir de materiales reciclados. Todavía falta comprender que vintage no quiere decir viejo o desactualizado. En el atelier intervenimos la prenda para sacarle la carga melancólica que la caracteriza. Es más, si yo no cuento que el diseño está hecho a partir de prendas vintage, la gente no se da cuenta, porque la moldería es actual y los accesorios también. Los diseños están aggiornados a la moda de hoy. 

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