Lejos del mundanal ruido del polo gastronómico de Palermo y Cañitas, se yergue un lugar único en la ciudad con una ambientación soñada de los años 70 y 80. El barrio de Saavedra acoge lo que es, sin duda, el bar más retro de Buenos Aires.


Si abrimos un recuerdo y miramos hacia atrás, hacemos un viaje que nos reencuentra con aromas, objetos, personas o momentos significativos. El bar Cocktail ’80 funciona como una perfecta máquina del tiempo: los nostálgicos que aman o vibran con esa época, son completamente bienvenidos. Absténganse de ir aquéllos que no disfrutan de esa música y ese entorno, porque todo, absolutamente todo, remite a esos maravillosos años.

Pongámonos un poco en contexto: bandas como Las viudas e hijas del rock and roll, Los Abuelos de la nada, Virus, Soda Stereo, Sumo y Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, por citar algunos nombres, fueron la bisagra del rock argentino con propuestas performáticas o letras cargadas de humor y cinismo de aquéllos años ’80 en los que volvimos a ser libres. Mientras tanto, en el resto del mundo, había un auge de distintos estilos con representantes icónicos como Queen, Tina Turner, Metallica, Madonna, Prince, Guns’n Roses y The Clash, entre otros, que marcaron lo que se conoce como la época dorada de la música. Todo eso, está condensado en este bar que rinde homenaje a ese período histórico, acompañado de una ambientación plagada de detalles que recrean a la perfección esos tiempos. Hay vitrinas retro donde se puede ver desde un pequeño Pony hasta un Movicom.

Este es un negocio familiar, abierto hace dos meses, atendido por sus propios dueños, Darío y Lucas Olmos, padre e hijo respectivamente. Ellos son responsables de esta joya que radica en las entrañas del barrio de Saavedra que tiene, como encargado, a Santiago Caviglia. “Yo me sumé al sueño de mi papá, pero ahora amo estar acá. Este lugar lo pusimos con esfuerzo, ganas y dedicación. Nos llevó mucho tiempo encontrar cada objeto, tuvimos tres años de búsqueda y preproducción. La cabina de teléfono que ves en la entrada, la trajimos de Santa Fe, las lámparas son todas originales, algunas vienen de Rosario otras de Mar del Plata”, cuenta Lucas orgulloso.

Mientras charlamos con sus anfitriones, suena ‘When a Man Loves a Woman’ en la emblemática versión de Michael Bolton que antecede a una infalible ‘No more lonely nights’ de Paul McCartney. “De a poquito fuimos dándole forma al lugar, acá no hay arquitecto, yo lo hice todo con mi amigo Daniel Villamide, que me ayudó con el diseño”, cuenta Darío. “Mirá el nivel de detalle que hay que hasta armamos esos cuadros con entradas de los boliches de argentina de esa época compradas a los coleccionistas: Virus, sábado 21 de diciembre en Temperley, Alejandro Lerner en Pinar de Rocha, esto es hermoso”, lee en voz alta emocionado.

Pero no todo es música, remembranza y decoración, porque si bien la carta del lugar no es tan extensa, tiene uno de los mejores sushis de Buenos Aires que vale la pena probar. También cuenta con propuestas simples y exquisitas, como el sandwich Luis Alberto Spinetta o las brusquetas Stones

–¿Cómo fue abrir este negocio en un tiempo tan intrincado?

–Lucas Olmos: Atravesamos toda la pandemia con el local ya alquilado y en construcción. Estuvimos un año y medio en obras. Somos algo nuevo, no somos una marca, confiamos en lo que hacemos y en lo que tenemos. Apostamos a ser diferentes y a atender a la gente con una sonrisa y buena energía, eso es fundamental hoy en día.

–El impacto visual y auditivo del lugar es impresionante.

–L.O.: Tenemos carpetas musicales de lentos, disco, acústicos, rock y, al unísono, vas viendo todos los video clip de los temas que se reproducen en los cuatro televisores del local. Está todo pensado.

–¿De dónde sacaron los empapelados de las paredes?

–L.O.: Son de Alemania, los fuimos trayendo de a poco, comprábamos tres o cuatro rollos y se lo mandábamos a un amigo que estaba en Italia que venía justo para Buenos Aires o algún familiar que andaban por ahí nos iba trayendo de a poco la mercadería. Así fuimos armándonos.

Un sueño hecho realidad

Darío hace más de 25 años que trabaja en el club de River Plate. Fue técnico de Saviola, D’Alessandro, Maxi López, Damián Álvarez y su sueño siempre fue abrir este bar. “La cabina de teléfono, por ejemplo, representa toda una época. Me acuerdo que antes íbamos a hablar y hacíamos colas y guarda con que adelante te toque uno que estaba de novio, porque se apoyaba ahí y olvídate, no salía más. O cuando no teníamos plata, pasábamos y le pegábamos a los teléfonos para que caigan las monedas y con eso viajábamos en colectivo. El otro día vino un cliente, se paró enfrente y se puso a llorar”, revela Darío.

–¿Qué sentís con la apertura de este local?

–Darío Olmos: Mucha emoción, es todo un logro, hace mucho tiempo que estamos con esto. Y quiero decir una cosa, sin desmerecer a nadie por favor, pero si yo hacía un bar con madera, chapa oxidada o con esas banquetas altas que te querés ir apenas te sentás, lo terminaba en tres meses. Acá hasta la barra tiene cuero para que todos se apoyen y estén cómodos, la idea es que la gente venga, disfrute, se vaya contenta y vuelva.

–¿Cuál es tu música preferida de esos años?

–D.O.: Muchas, los Gatos fueron los padres del rock nacional, después vino Sui Generis, Soda, vi a Luca Prodan en Arena, un boliche que quedaba acá en Belgrano, pero Sandro es mi ídolo, se escuchaba en todas las casas, si sos de esa época y no te gusta Roberto Sánchez es porque no tuviste una mamá, una tía o una abuela. ¿Quién no se enamoró con Sandro o no dedicó una canción de él?

–¿Dedicaste muchas canciones del Gitano?

–D.O.: Sí, yo tenía un Fiat 600 rojo y ponía la radio o un casete y por ahí iba llorando por desamor o ilusionado a encontrarme con una chica y lo escuchaba, porque era un tipo que te transmitía un montón de cosas con sus canciones. Sería una falta de respeto que no hubiera un cuadro de él acá.

–Sos un apasionado del fútbol, la música, de recrear una época. ¿Qué te da eso?

–D.O.: Para mí la pasión es lo que mueve todo. Yo no pude estudiar, porque tuve que salir a trabajar de pibe, mis viejos podían bancar la cosa hasta ahí y si yo no laburaba no se llenaba la heladera. Lo mío siempre fue el tema del arte, del diseño, pero nunca lo pude hacer, ahora con este bar, me siento completo.

–¿Qué significa para vos este lugar?

–D.O.: Es un homenaje a la generación que vivió esos años y que, de alguna manera, ya se está despidiendo. Por eso hay tanto amor, tanto detalle. Mis amigos vienen y me dicen “vos no te das cuenta lo que hiciste, porque estás todos los días acá, pero esto es increíble, no tenés nada que envidiarle a ningún bar del mundo”, y a mí eso me pone contento, me deja con la sensación de misión cumplida.

La entrevista está llegando a su fin y el espíritu del Gitano emerge con ‘París ante ti’ que empieza a sonar de fondo. El sol del atardecer ilumina la cabina telefónica y el paisaje se vuelve onírico. Imposible salir de ahí sin un recuerdo, si hubiera un hashtag para este lugar sería, sin duda, #prohibidoolvidar. Nuestra recomendación es que vayan antes de que este secreto a voces se propague y explote de gente porque, créanos, es lo que va a pasar de forma inminente.

Información

IG @cocktail80s

Arias 2455, Saavedra.

Reservas y consultas: 11-24948530

Abierto de lunes a lunes desde las17hs al cierre.

El bar también se puede alquilar para eventos y producciones.