Mientras sigue con la programación virtual de Timbre 4, el dramaturgo argentino cuenta cómo se convirtió en padre de Camila y Gaspar gracias a un vientre subrogado. El amor, los prejuicios y una vida atravesada por el teatro.


Puede que sea difícil definir cuándo comenzó esta historia, pero está claro en dónde tuvo sus inicios. El teatro es la respuesta a casi todos los sucesos de la vida de Claudio Tolcachir, el actor, director y dramaturgo que hace tres años, además, lleva el título de padre. No fue casualidad que Timbre 4, una de las principales usinas de formación y programación de teatro independiente del país, naciera en el patio de su casa. Con la ayuda de su equipo, levantó las paredes, las pintó y armó la escenografía de lo que terminaría siendo su primer y gran proyecto. Gracias a ese espacio conoció a su actual pareja, Gerardo. Y como era de esperar, de allí también surgió el impulso de formar una familia.

Hace ya varios años, una obra los llevó a viajar juntos a Barcelona, donde se reencontraron con un ex alumno de la escuela. Mario, un actor gay que era padre primerizo, se acercó y compartió con ellos el primer testimonio claro y fiel de lo que era la gestación subrogada. Desde ese día, supieron cómo harían para encarar uno de sus mayores sueños. 

–¿Por qué eligieron ese método?

Fue después de un montón de estudio sobre la posibilidad de adopción. La idea era y sigue siendo una opción que nos encantaría, pero el proceso es muy largo y muy complejo para una pareja gay. Y eso nos derivó a buscar una alternativa.

–En la Argentina no está prohibida la subrogación de vientre, pero tampoco está legislada. ¿Qué trabas implica esto a la hora de hacer el tratamiento?

Yo creo que el marco legal es fundamental para que los derechos y la protección de ambas partes estén absolutamente cuidados. Las decisiones se tienen que tomar con anticipación: cómo va a ser el embarazo, qué obligaciones tienen unos para con otros… Todo eso contiene y evita que cualquier imprevisto se vuelva trágico.

–¿Por eso decidieron hacerlo en Chicago?

Sí, era la opción que más nos cerraba en cuanto al proceso y el contacto que podíamos tener con la familia gestante. Lo más importante para nosotros era que todo lo que hiciéramos, pudiéramos contárselo a nuestros hijos. Que su llegada al mundo fuera absolutamente transparente, para que el día de mañana puedan comprenderlo y contarlo también. La agencia con la que trabajamos nos hizo una entrevista y luego nos presentó con una gestante, que fue Amanda. Hicimos un match vía Skype y decidimos hacer el proceso juntos. No sólo nosotros la elegimos a ella, sino que ella también nos eligió.

–Y no sólo la eligieron para tener a Camila. Tiempo después también los acompañó con la llegada de Gaspar, su segundo hijo. ¿Cómo se dio esa relación?

Antes de que se produjera el embarazo de Cami, ya teníamos un grupo de WhatsApp con Amanda y con el marido, en el que hablábamos todos los días. Así fue gestándose un vínculo cada vez más cercano. En el momento en que se introdujo el embrión en su cuerpo, nosotros estábamos conectados vía Skype. Cuando le decíamos que no queríamos invadir, Amanda nos explicaba que para ella era muy importante que estuviéramos presentes porque el proceso lo estaba haciendo para nosotros.

“Lo más importante para nosotros era que todo lo que hiciéramos, pudiéramos contárselo a nuestros hijos. Que su llegada al mundo fuera absolutamente transparente, para que el día de mañana puedan comprenderlo y contarlo también.”

–¿Y en qué momento se conocieron personalmente?

Viajamos para la ecografía de la semana 20. Ahí compartimos unos días juntos por primera vez, hasta que volvimos a viajar un mes antes de la fecha prevista del parto. Amanda estaba con una panzota, junto a su marido, sus hijos, su mamá, sus hermanas. De pronto nos acompañaba una familia estadounidense que nos llevaba al bowling, nos hacía regalos. Todo fue de un nivel de humanidad y amor enorme, hasta el momento del parto.

–¿Cómo lo vivieron?

Fue algo impresionante, lo más intenso que presencié en mi vida. Amanda nos había avisado que iba a insultar, que no nos asustáramos. Pero de repente empezamos a verla a ella, que es re dulce y nunca levanta la voz, que se iba transformando en un animal. Nosotros no entendíamos nada. Yo estaba como si fuera a salir a un partido de fútbol, googleaba desde el pasillo qué era la epidural (se ríe). Hasta que en un momento salió una enfermera y nos dijo: “Coming soon”. Yo lo miré a Gerardo y le dije: “¡¿Qué quiere decir eso?!”. Nos hicieron pasar a la sala y empezó el momento del pujo.

–Contaste alguna vez que el parto fue sumamente teatral. ¿Tuvo que ver con que fue un hecho colectivo?

Sí, éramos muchos ahí adentro, y eso fue hermoso. Había muchas mujeres y de repente empezaron a gritarle a Amanda: “Push, push, push, push!”. A mí me temblaba el cuerpo, porque era algo mágico. Ella necesitaba mucha fuerza para pujar, y de golpe salió esa cabezota. Gera cortó el cordón, yo hice piel con piel con Camila y todo el hospital empezó a festejar con una música.

–Al día de mañana, ¿te imaginás cómo les vas a contar sus historias a los chicos?

No sé cuándo sucederá. Camila ya va al jardín y hay una nena con dos mamás, otro chico que tiene un tío gay. Ella ya sabe que hay muchas familias, y algún día lo preguntará. Lo que hicimos nosotros fue juntar muchas fotos de todos: de las enfermeras, las abogadas, la familia… Fotos en las que pueda ver su historia y toda la gente que participó, para que sepa que todo se hizo con amor. Yo creo que va a ser relajado, porque no va a ser una sorpresa. Nunca le dijimos: “Vos naciste de mi panza”, imaginate (se ríe).

–Hablando un poco de teatro, desde Timbre 4 decidieron continuar con una programación virtual que sólo el primer fin de semana fue seguida por cien mil personas.

Sí, me siento orgulloso del equipo del que formo parte. Desde el principio de la cuarentena decidimos seguir adelante para que nadie se quedara fuera del barco.

“Tanto los actores como el público estamos obligados a repensar la forma de encontrarnos, y eso nos da una buena oportunidad para considerar cosas nuevas.”

–¿Te imaginás cómo va a ser la vuelta pospandemia?

Va a ser duro, porque hoy las salas están en peligro. Pero si uno ve lo que pasa hoy en Europa, parecería que de a poco todo vuelve a la normalidad. Tanto los actores como el público estamos obligados a repensar la forma de encontrarnos, y eso nos da una buena oportunidad para considerar cosas nuevas. Yo imagino que va a ser una buena experiencia en cuanto a lo espacial, sobre todo en los teatros que lo permiten. Para el teatro comercial es más complejo, porque necesita de mucha gente para sostenerse.

Y una vez que vuelva el teatro presencial, ¿pensás que el virtual va a convertirse en una alternativa de consumo?

Creo que, en cuanto se normalice la situación, el teatro virtual va a quedar sólo como un testimonio, un aprendizaje. Mucha gente tenía ganas de ver obras que ya no estaban disponibles, y esto nos dio la oportunidad de pensar en una biblioteca de trabajos. Desde ese lugar, va a perdurar. Pero esto se parece a cuando uno hace videollamada con la familia. Hace bien estar en contacto, pero en cuanto tenés la posibilidad, corrés a abrazarte con el otro.