Angie Landaburu: "La sofisticación sigue siendo parte de mi lenguaje, pero ya no es el centro, sino un contexto"

Sin perder su faceta como modelo embajadora de las firmas internacionales más exclusivas, la comunicadora y host del podcast Ángeles y Demonios traza un renovado camino personal donde la libertad es su verdadera prioridad. En esta entrevista íntima con El Planeta Urbano, la it girl reflexiona sobre su presente marcado por la maternidad y afirma: “El verdadero lujo para mí hoy es tener libertad, estar presente en mi vida y poder construir algo propio con sentido.”

 

Lo primero que se nos viene a la mente al hablar de Angie Landaburu es su estética sofisticada y las experiencias que comparte con sus más de dos millones de seguidores. Pero esa impronta pulida, viajera y siempre en movimiento, es apenas una parte de un recorrido mucho más amplio y en constante transformación. Comunicadora de moda y empresaria, Landaburu construyó a lo largo de los años un perfil que excede la lógica tradicional de la influencer. De sus primeros pasos como it girl, vinculada a marcas internacionales y al circuito de la moda global, a una consolidación como referente del lifestyle latinoamericano, su carrera fue creciendo junto a su estética, narrativa y mirada en constante evolución.

Instalada durante años en ciudades como Miami, supo capitalizar una mirada cosmopolita que la posicionó en eventos de alto perfil y colaboraciones con firmas globales. Pero lejos de quedarse en ese lugar, Angie Landaburu trazó un camino más personal. Su vínculo con el arte, como coleccionista y participante activa de ferias como Art Basel, y su interés por construir relatos más profundos marcaron un punto de inflexión en su carrera. “Creo que el equilibrio está en no renunciar a la estética, pero sí sumar profundidad”, reflexiona como quien sintetiza en una frase la transformación que atraviesa su presente.

Ese giro encontró una nueva forma de expresión en su podcast Ángeles y Demonios, donde despliega conversaciones que exploran la dualidad, la exposición y la intimidad, tanto propia como ajena. Allí aparece una Angie distinta, más reflexiva, que dialoga con su propia imagen pública y la pone en tensión.

Hoy, atravesada también por la maternidad y una reconfiguración de sus prioridades, su figura se redefine sin perder el ADN que la posicionó: el lujo sigue estando, pero ya no como único eje, sino como parte de un universo más amplio donde conviven la moda, el arte y una búsqueda por narrarse desde un lugar más complejo e íntimo. En esta entrevista con El Planeta Urbano, Angie Landaburu habla de ese recorrido, de los cambios que atravesó y de cómo construye y actualiza su identidad en el tiempo.

–Tu identidad siempre estuvo muy asociada al universo de la sofisticación, pero en los últimos años sumaste capas más personales. ¿Cómo es convivir hoy entre esa construcción aspiracional y una narrativa más íntima?

–Mi identidad nació muy vinculada al universo aspiracional, pero con el tiempo entendí que lo que realmente conecta es la verdad detrás de esa imagen. Hoy conviven ambas cosas de una manera mucho más natural: la sofisticación sigue siendo parte de mi lenguaje, pero ya no es el centro, sino un contexto. La narrativa íntima vino a completar ese universo, a humanizarlo. Creo que el equilibrio está en no renunciar a la estética, pero sí sumar profundidad.

–¿Sentís que el lujo, tal como lo mostraste durante años, cambió de significado?

–Sí, cambió muchísimo. Antes el lujo estaba más asociado a lo externo: marcas, viajes, experiencias. Hoy tiene más que ver con el tiempo, con la calma, con poder elegir. El verdadero lujo para mí hoy es tener libertad, estar presente en mi vida y poder construir algo propio con sentido.

–En tu recorrido hay una evolución clara de modelo e influencer a comunicadora. ¿Hubo un quiebre o fue una transformación orgánica?

–No hubo un quiebre puntual, fue una transformación muy orgánica. A medida que fui creciendo –como mujer, madre y profesional– también fue cambiando mi forma de comunicar. Empecé a sentir la necesidad de decir más, de no quedarme solo en la imagen. Fue una evolución natural hacia un lugar más consciente.

–En tu podcast Ángeles y Demonios, que ya tiene tres temporadas, aparece una Angie más reflexiva. ¿En qué momento sentiste la necesidad de ir hacia una narrativa más íntima?

–El podcast fue una necesidad interna. Llegó en un momento donde sentía que las redes no me alcanzaban para expresar ciertas cosas. Ángeles y Demonios nace justamente de ese deseo de profundizar, de salir de lo superficial y poder tener conversaciones más reales y más incómodas también. Fue un punto de inflexión en mi forma de comunicar.

–¿Qué te habilita ese formato que no encontrabas en las redes?

–El formato del podcast me habilita tiempo, algo que las redes no. Tiempo para escuchar, para desarrollar ideas, para incomodarme y para incomodar. Me permite mostrarme desde otro lugar, más vulnerable y más reflexivo, sin la presión de la inmediatez o la estética perfecta.

–¿En qué otros aspectos de tus contenidos sentiste que la narrativa podía ser más trascendente?

–Me sigue interesando el lujo como experiencia, pero desde una mirada más consciente. Me atrae explorar el detrás de escena, la historia, el arte, el trabajo que hay detrás de una marca. Ya no me interesa mostrar solo el resultado, sino el proceso y el significado.

–¿Cómo pensás el equilibrio entre lo aspiracional –viajes, marcas, experiencias– y una audiencia que también busca identificación?

–Es un equilibrio que trabajo constantemente. Entiendo que mi contenido tiene una parte aspiracional, pero también sé que la identificación es clave. Creo que la conexión real aparece cuando mostrás tanto lo extraordinario como lo cotidiano. No se trata de bajar el nivel, sino de abrir la puerta.

–La maternidad suele reconfigurar prioridades y tiempos. ¿Cómo impactó en tu manera de trabajar y en la imagen que proyectás?

–La maternidad me atravesó profundamente. Me hizo replantear tiempos, prioridades y también la forma en la que me muestro. Me volví más consciente, más empática y más auténtica. Ya no me interesa sostener una imagen perfecta, sino una imagen real.

–Tu contenido se mueve entre la moda, el arte y el lifestyle, ¿dónde sentís hoy que está tu eje principal?

–Hoy mi eje está más en la comunicación que en una categoría específica. La moda, el arte y el lifestyle siguen estando, pero como herramientas. Lo central es el mensaje, la mirada, lo que quiero transmitir.

–En un ecosistema saturado de contenido, ¿qué creés que todavía hace que una voz sea relevante?

–En un mundo saturado, lo único que realmente diferencia es la autenticidad. Pero una autenticidad trabajada, pensada. Tener algo para decir, una mirada propia. No alcanza con mostrarse, hay que construir sentido.

–Si tuvieras que definir este momento de tu carrera, ¿estás expandiendo tu universo o redefiniéndolo?

–Siento que estoy haciendo las dos cosas al mismo tiempo. Expando porque abro nuevos formatos, nuevas conversaciones. Y redefino porque vuelvo a preguntarme constantemente quién soy y qué quiero decir.

Ángeles y Demonios se renueva con una cuarta temporada. ¿Qué nos podés contar? ¿Hay algún invitado que nos puedas adelantar?

–El podcast sigue creciendo y la cuarta temporada es algo que ya está en proceso. Va a tener una impronta aún más profunda, con invitados muy diversos. Me interesa seguir cruzando mundos, como el del arte, la moda y el pensamiento, y generar conversaciones que dejen algo. Todavía no puedo adelantar nombres, pero vienen personas muy potentes como Valeria Mazza, Mariana Fabianni, Tamara Tenembaum, entre otros.

CRÉDITOS

Fotos: Juan Márquez

Makeup: Belén Frias para Frumboli Studio

Pelo: @liz.hairmakeup

Agradecimientos: Menage por Amelia Saban

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