La artista multifacética enciende las bandejas en cuarentena a través de sus DJ sets por streaming y toma las riendas de otro gran desafío: preservar el legado de su padre.


Es viernes a la noche, y aunque en aislamiento todos los días parecen iguales, desde la cuenta de Instagram @catarinaspinetta ingresamos en un clima de distensión, relajo y buena música. Al otro lado de la pantalla aparece ella, la hija del Flaco, producida como para ir a tocar a un evento y lista para invitarnos a pasar a otra dimensión. “Es como salir, pero adentro de mi casa”, dice Catarina Spinetta ahora, también desde el teléfono. “Es decir: chicos, me voy a preparar, entonces dejo a mis cuatro hombres y me tomo mi momento de femineidad, que para mí es importante. Estoy acostumbrada a ir a un evento, a arreglarme, maquillarme, vestirme… y bueno, esto lo hago desde casa”, dice sobre los live sets de música que presenta en vivo cada semana. Sus cuatro hombres son su marido, el actor y fotógrafo Nahuel Mutti, y sus hijos, los músicos Angelo y Benicio, de 19 y 18 años, y el pequeño Justino, de 9. Juntos pasan el confinamiento en Maschwitz, en una casa rodeada de verde que Catarina pensó hace quince años y hoy agradece más que nunca. 

–La cuarentena te agarró en una casa grande rodeada de verde. ¿Te sentís en parte una visionaria por haber elegido un lugar así, tan codiciado en momentos como estos?

–Nosotros hace mucho tiempo decidimos mudarnos a la naturaleza, al verde. Es parte de nuestra calidad de vida, de lo que buscamos Nahuel y yo como familia cuando tuvimos a los chicos. Nos mudamos con la intención de buscar aire, verde, naturaleza. Y, por supuesto, en estos meses de cuarentena yo lo agradezco todos los días. Agradezco poder estar en un lugar así, porque uno sabe lo que está pasando tanta gente. No sé si fui visionaria, cada uno busca lo que necesita, lo que mejor puede hacer con lo que tiene. Hoy agradezco tener mi espacio, tener mi taller, que mis hijos grandes tengan su home studio en donde pueden laburar, es una buena dinámica. 

“Que se expanda la obra de mi padre es una de mis misiones, más allá de mi búsqueda personal y mi apertura como artista multifacética. Lo que él deja es enorme, cada vez más grande, y yo estoy todo el tiempo trabajando en eso.”

–¿En qué te pesa el confinamiento y en qué lo disfrutás?

–El confinamiento me pesa en el sentido de haber perdido la libertad, eso me vuelve un poco loca, pero trato de vivir el día a día. Lo que más me pesa es el laburo hogareño constante; vivimos en un lugar grande y soy superobsesiva del orden y la limpieza, así que pierdo mucho tiempo en eso, es algo que me tiene harta. Pero a la vez disfruto a mis hijos. Tenerlos acá todos los días, sobre todo a los grandes, que antes iban y venían de la ciudad. Poder cocinarles, mimarlos y pasar tiempo de una calidad superconcentrada. 

–¿Sentís que puede haber un mensaje o algo que podamos aprender de todo esto?

–Sí, creo que el mensaje es claro para la humanidad. Es contundente: jodimos tanto al planeta, a los animales, que esto es como un rebote de eso, como un búmeran que se te viene encima. A la vez, el mensaje es “buscá dentro de vos”, es un momento en el que uno tiene que aprovechar para ordenar la cabeza, los pensamientos, las emociones, para empezar de vuelta en un montón de cosas que la vorágine no te permite. Creo que hay grandes cambios en la forma de laburar, y un cambio espiritual también. Es un despertar y una advertencia que esperemos traiga una evolución en la mente de todos nosotros y de los que vengan después.

–Hace unas semanas estuve en un evento virtual donde fuiste la DJ. ¿Cómo funcionó esa dinámica por Zoom?

–Sí, fue el primer evento en digital, había un equipo muy reducido filmando todo y los invitados desde sus casas. Fue como de ciencia ficción, como un Black Mirror, me hizo acordar un poco a eso la experiencia. Todos alejados viendo una pantalla gigante con la gente, las caritas… Incluso estaban mis hijos invitados al evento y los veía por ahí. Fue una experiencia más, muy loca, que creo que en el futuro podré contar como una anécdota. Uno le pone todo en este momento, y cuando haya una fiesta y podamos abrazarnos todos, también será así. 

–¿Cómo se te ocurrió hacer los lives de Instagram con la fogata de fondo?

–La idea de estos sets, a los que les puse “Black Love”, surgió de la necesidad de compartir algo con la gente. Dije: “Tengo que hacer algo, tengo que tirar una onda”. Lo del fuego fue medio de casualidad, estaba la pantalla ahí atrás y Nahuel me dijo: “Pongamos el fuego ese que va a quedar bueno”, y la verdad es que fue una gran elección; está el fuego ahí que nos prende y nos da buena energía. Es un gran elemento. 

–¿Qué es lo que más disfrutás de estos vivos?

–Los live sets son distintos a lo que es un DJ set normal. Esto siempre lo planteé con la idea de contarle a la gente qué estamos escuchando, como hacía cuando estaba en la radio. Me es más fructífero y se genera ese feedback con la gente, y nada, es un poco una entrega, decir “tengo esto en mi casa que quizás no conocés”. Viene de ahí la data, es algo más artesanal. Sí hay momentos en los que se baila y otros en los que se escucha algo totalmente concentrado; me gusta que suba y que baje de golpe también, no tener algo lineal. El track list lo voy armando en el momento, y esa es la frescura: que estoy posta en mi casa escuchando música y compartiéndola con la gente, y desde ahí es que lo siento muy orgánico y que la paso bien. 

–¿Cómo asumiste la tarea de estar a cargo del legado de tu padre? ¿Qué implica ese trabajo?

–Somos cuatro hermanos y una madre, y si bien yo soy la que acciona, las cosas importantes las decidimos entre todos. De cualquier manera, la cara soy yo y los e-mails me caen a mí. Es algo que me tiene muy ocupada porque me lo tomo como me lo tengo que tomar: con el nivel de artista que era mi padre. Que se expanda su obra es una de mis misiones, más allá de mi búsqueda personal y mi apertura como artista multifacética que tengo desde siempre. Lo que deja papá como artista es enorme, cada vez más grande, y yo estoy todo el tiempo trabajando en eso.

“El primer evento en digital que hice fue como de ciencia ficción, como un Black Mirror. Todos alejados viendo una pantalla gigante con la gente, las caritas… Fue una experiencia más, muy loca, que en el futuro podré contar como una anécdota.”

–¿Qué proyectos a futuro hay relacionados con esto?

–No puedo decir nada porque siempre se guardan estas cosas hasta que sea el momento de anunciar. Hace unos días se lanzó un material que es un tesoro, un documento histórico, del año 1973: Spinetta en el Astral, sólo con la guitarra acústica y enfrentando al público de una manera extraordinaria, tocando temas icónicos que fueron y serán clásicos. Armar ese rompecabezas en cuarentena fue un laburito, y estoy muy contenta con el resultado. Obvio que hay más cosas para el futuro, porque contamos con mucho material en vivo de distintas épocas, así que la idea es cuidar su legado, emprolijar todo lo que anda dando vueltas y poder compartir con la gente en nuevos formatos. Es muy importante que todo esté al alcance, porque esto es un libro abierto y una de mis misiones es brindarlo al público. 

–¿Qué es lo que más extrañás del Flaco?

–Lo que más extraño de papá es abrazarlo, porque está todo el tiempo de distintas formas, con su música, con su mensaje. Siento que está, que me protege, que me cuida a mí y a mis hijos, a todos, a todos los que él amaba en su familia. Por lo tanto está muy presente, pero abrazarlo sería todo, todo. Abrazarlo y charlar con él, y cagarnos de risa. Eso. 

–¿Cuál es el precio de formar parte de una familia enteramente de artistas? Da la sensación de que un contador o un abogado podría ser la oveja negra de los Spinetta. ¿Creés que es algo que está en la sangre?

–No hay un precio. Creo que es hermoso todo lo que sucede en esta familia de artistas. Sí, está en la sangre porque también lo veo en mis hijos. Lo más importante es la libertad de formación, la libertad de que cada uno sea quien es, de que cada uno encuentre sus dones, de tener la libertad de probar. Ese incentivo, todas las herramientas que nos dieron nuestros padres a mí y a mis hermanos fueron fundamentales para la formación de estos cuatro artistas que somos. Y así lo es con mis hijos, es una libertad y a la vez es una contención, es dar herramientas, confianza, seguridad. Mi viejo tenía las cosas muy claras, entonces junto con mi mamá, que es otra luz, nos pudieron hacer libres, y en esa libertad decidimos ser artistas. Así que no hay un precio, es todo ganancia.