Leticia Brédice: "El teatro es como una salvación en mi vida"

Una de las figuras más singulares y talentosas de la escena nacional se entrega en su estado más puro con la obra Milagro, en el Teatro Santa María. Sin caretas sociales y acompañada por su sobrina, la actriz explora la sanación de los vínculos y el valor de autogestionar la propia voz.

Una casona histórica con vitrales que filtran una luz antigua hacia el salón principal fue el escenario elegido para el junket de prensa de Milagro, la nueva pieza que tiene a Leticia Brédice como protagonista y autora. Leticia atendió a los presentes con ese carácter apasionado y entrañable que la distingue. No hacía falta forzar nada: entre la atmósfera del lugar y su look imponente, la evocación a María de los Milagros Figueroa Alcorta –su personaje en la obra, una mujer de la alta sociedad– se armaba sola.

Es que nada de lo que hace esta actriz es a medias. La pieza, que se presenta todos los viernes de septiembre en el Teatro Santa María, propone un lenguaje donde el arte dramático, la performance y la confesión se funden en una experiencia sensorial. En escena la acompaña su sobrina, Ananda Li Brédice; juntas construyen un universo emocional que invita al público a sumergirse en un relato atravesado por la memoria, los vínculos y la transformación.

Recientemente, Brédice deslumbró en la serie Moria interpretando nada más y nada menos que a Susana Giménez. Sobre la obtención de ese rol, confesó que fue ella quien llamó a Moria Casán para expresarle su deseo profundo de ser parte del proyecto. Con esa misma determinación, la icónica actriz conversó con El Planeta Urbano sobre este nuevo desafío, su costado más íntimo como dramaturga e intérprete, y una carrera que sigue reinventándose sin perder su identidad.

–¿Cuál fue el disparador o la necesidad personal que te llevó a escribir esta obra?

–Es una idea que siempre tuve, que se venía gestando hace mucho tiempo. Lanzarme y escribir fue un proceso en donde me fui encontrando con gente talentosísima en el camino, que me acompañó y me ayudó a darle vida a este material. Primero fue una performance, pero luego fui profundizando el texto hasta dar con esta obra que decantó sola, de tanto trabajarla y ponerle mi sensibilidad, mi emoción. Dejé que me atraviese por completo, como me gusta hacer las cosas siempre, con materiales míos o de otros.

–¿De qué se trata Milagro?

–Es la historia de una mujer de la alta sociedad que contrata a otra para contar su historia de vida en un teatro. Ahí puede decir muchas cosas porque no es su ámbito, no lo respeta demasiado, porque está llena de prejuicios. Entonces, empieza a hacer una especie de constelación familiar, algo impensado para su estructura y su posición social, donde se hacen presentes muchas cosas y comprende que estos prejuicios son lo único que siempre la acompañaron.

Está a corazón abierto, en su estado más profundo y, no quiero spoilear demasiado porque me entusiasmo contando (se ríe), pero una de las cosas más hermosas de la obra es cómo el personaje de mi sobrina va llevando todo –te lo digo y me emociono– porque estamos las dos en el escenario y a través de lo que ocurre, vamos sanando el linaje femenino, mi mamá, mi abuela.

Es un proceso transformador. Para el público es muy fuerte ver a dos mujeres que están curando su historia y la de sus ancestros, y también se pueden sentir interpelados en su propia historia de vida. Es algo tremendo, pero está hecha con mucho humor.

–Mencionaste a tu sobrina, Ananda Li Brédice, quien interpreta a un personaje multifacético. ¿Cómo fue el proceso de trabajar juntas?

–Es fantástico. Para mí es un honor trabajar con ella, es una actriz maravillosa. Compartir juntas el escenario es otro de los milagros de esta obra y estoy muy agradecida. Ella es una mujer que, como una especie de guía, ayuda a mi personaje, la acuna, la cobija, la hace escuchar toda su vida y, a partir de eso, María de los Milagros Figueroa Alcorta empieza a darse cuenta de los momentos sufridos, trágicos y dolorosos que atravesó. Ahí puede, junto al personaje de Ananda, a través de esta especie de ensoñación, vivir lo que nunca se animó a vivir por vergüenza, por prejuicios, por una careta social y, finalmente, se planta y puede ser la mujer que de verdad quiere ser.

–Volviste después de mucho tiempo a hacer teatro. ¿Qué significa para vos?

–El teatro es algo que me fascina, es como una salvación en mi vida. Desde los 15 años que arranqué a estudiar con Norman Briski y aprendí lo importante que es autogestionarse en esta profesión. Poder expresar lo que sentís, lo que querés, en un teatro, por más chiquito que sea, trasladarte con tus cosas a la sala que sea para poder seguir explorando las distintas versiones de vos misma y que el público te acompañe, me parece una bendición.

Soy una eterna agradecida. Siempre encaro todos mis trabajos con mucho agradecimiento y mucho respeto por lo que tengo que hacer, pero hoy estoy en un momento en donde me involucro de lleno: el alma, corazón y cuerpo lo tengo puesto al servicio de la actuación. Si hay algo que me da vértigo y me atraviesa a la vez es subirme al escenario, poder llegar a la gente, dejar ese fuego sagrado. Para mí el teatro es un milagro, yo honro mi profesión todos los días.

LA HUELLA DEL SÉPTIMO ARTE

A lo largo de una carrera que ya lleva más de tres décadas, Brédice construyó una filmografía sólida y diversa que la constituyó en la gran actriz que es hoy. En cine dejó su sello en producciones como Cenizas del paraíso, Plata quemada, Nueces para el amor, Apariencias, La patota y numerosas películas que consolidaron su prestigio artístico.

En televisión protagonizó y participó en éxitos como Locas de amor, Mujeres asesinas, El elegido y otras ficciones que marcaron a distintas generaciones. Pero entre todos esos trabajos hay uno que ocupa un lugar preponderante: Nueve reinas, la película de Fabián Bielinsky que la marcó para siempre y con la que se ganó un lugar especial en el corazón del público.

–A finales del año pasado acompañaste la campaña de Nueve auras, el documental que conmemora la filmografía de Bielinsky, dirigido por Mariano Frigerio. ¿Cómo fue esa experiencia?

¡Fue hermoso! Yo lo quiero mucho a Mariano, somos amigos, admiro su trabajo y fue un placer poder acompañarlo. Se dio todo de una manera espectacular, porque coincidió que Ricardo (Darín), Gastón (Pauls) y yo estábamos todos en el mismo lugar y nos pudimos encontrar, recordar y recrear escenas (se ríe). El documental rinde homenaje a las dos películas de Fabián, tanto Nueve reinas como El aura, que son impresionantes.

–¿Qué se siente haber sido parte de una de las películas más emblemáticas del cine nacional?

–Es un honor para mí. Recuerdo el ojo clínico, la meticulosidad, el amor y la claridad que transmitía Fabián al dirigirnos. Dejó una huella enorme en mi camino como actriz. Tuve la fortuna de participar en una de las películas que trascendió su época y se convirtió en un fenómeno cultural. Lo digo siempre: para mí Nueve reinas es del pueblo y de los ángeles, me dio mucho amor esa película. Todavía hoy, en la calle, la gente me sigue reconociendo por ese trabajo, me saluda y me dice “¿Te puedo dar un abrazo?”. Y yo digo: “Por supuesto”. Para mí es una bendición, soy muy agradecida de la vida, del cariño de la gente. Nueve auras no solo es un homenaje: también es una oportunidad para que las nuevas generaciones conozcan y valoren la profundidad del cine de alguien como Bielinsky.

FOTOS: NACHO LUNADEI PARA IRON ESTUDIO

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