Natalia Oreiro: "Nunca me atreví a soñar con interpretar a Evita"

La superestrella uruguaya le pone el cuerpo y el alma a uno de los desafíos más arriesgados de toda su carrera: interpretar a Eva Perón en Santa Evita, la nueva serie basada en la gran novela de Tomás Eloy Martínez.

Fue noticia en todo el mundo. El 26 de julio llegó a Star+ Santa Evita, la serie basada en la novela homónima del escritor argentino Tomás Eloy Martínez, producida por Salma Hayek Pinault y dirigida por Rodrigo García.

Una vez más, la multifacética actriz y cantante uruguaya Natalia Oreiro se puso en la piel de una de las figuras más representativas de nuestro ADN, en este caso la de Eva Perón, demostrando una entrega total para transmitir la pasión de una mujer que dejó todo por su pueblo. 

En un año increíble para la actriz, con trabajos en las dos orillas del Río de la Plata, el cine, la televisión y las plataformas, Santa Evita consolida su compromiso con la profesión, que trasciende la mera interpretación.

En diálogo con El Planeta Urbano, a horas del lanzamiento de los siete episodios de la serie, quisimos saber más de la propuesta que devela la siniestra trama tras el cuerpo de una de las mujeres más relevantes de la historia de la Argentina. 

–¿Cómo te sentís con la llegada de la propuesta a todo el mundo?

–Movilizada, muy movilizada. Sí, esa creo que es la palabra. También muy emocionada, nerviosa, ansiosa, pero ya está hecho, y creo que nuestro trabajo como intérpretes se termina de cerrar, o el círculo se cierra, cuando se estrena y lo ve el público. En definitiva, es eso, se completa la cuarta pared; así que con muchas ganas de ver qué les parece, porque no es poco el hecho de que se haga una serie sobre el best seller de Tomás Eloy Martínez. Es algo que se quería hacer desde hacía muchísimos años, y el libro es maravilloso, es superatrapante, un thriller. A mí me toca un personaje de esos que ni siquiera te atrevés a soñar para interpretar algún día. 

–¿Nunca soñaste con encarnar a Eva Perón?

–No, ni siquiera me atrevía, sentía que no era para mí, que no estaba preparada, y me llamaron para hacer un casting y acepté, y cuando quedé, dije: “¿Y ahora?”. Pero, bueno, me embarqué en un viaje increíble, de mucho aprendizaje, de mucha emocionalidad, de mucho dolor. No solo dolor porque finalmente ella se enferma y muere, sino por ver la historia de las mujeres en la Argentina y en el mundo, cómo se la veía a ella, todo lo que tuvo que luchar, con esa mirada y el poder que tenía, con sus convicciones. Por supuesto, el hito está en el DNI y en el sufragio femenino, pero había mucho prejuicio para con la mujer en esa época, hoy también, claro, y para ella particularmente, e incluso hasta de su entorno más cercano.

“Creo que a ella una de las cosas que más la angustiaban no era morirse, sino el miedo de que se perdiera todo lo que había realizado, que nadie continuara con eso.”

–¿Qué conexión tenías con Evita antes del proyecto?

–Su figura siempre me atrapó mucho, me pareció una mujer muy valiente, de mucha convicción. El origen de Eva también era algo notable, porque creo que ella fue quien fue por su origen, por conocer esas necesidades, por haber vivido el abandono de su padre y todo lo que sucedió después, pero por supuesto no tenía la magnitud de su presencia, de su empuje, de su lucha, y todo eso me lo dio este proyecto, y estoy muy agradecida.

–Ella era la abanderada del peronismo, un movimiento político que tenía a su marido, Juan Domingo Perón, en el centro y que ayudó mucho a la gente. ¿Cómo fue para vos encarnarla desde ese lugar?

–Creo que más allá del partido político, porque todo es político, antes, hoy y lo será mañana, a mí lo que más me conmueve es la real convicción de ella, sobre las necesidades de la gente. Yo creo que eso es genuino, darles derechos a los más necesitados, a los ancianos, a los niños, a los trabajadores. Alcanza con ver algunas de las obras que realizó (los hospitales, las escuelas). Es superconmovedor, sobre todo por su condición de mujer, en un momento en el que las mujeres no tenían siquiera apellido, y era una niña. Vi imágenes de la “gira del arco iris” por Europa y es alucinante, impresionante, tenía 27 años, y para mí interpretarla con muchos más años de los que tenía cuando falleció es conmovedor. Era una nena. 

–¿Por qué creés que tenía esta conexión tan fuerte con el pueblo? Vos la tenés con el público.

–Sí, bueno, pero lo de ella es magistral, de una entrega absoluta. Yo, insisto, sostengo que tuvo mucho que ver con sus orígenes, de dónde venía. Con esto no quiero decir que alguien con un origen distinto no pueda sentir una verdadera vocación de servicio, lo que pasa es que creo que ella lo padeció, lo sufrió, sabía de qué hablaba, sabía cómo hablarle a la gente, sabía cuál era su necesidad, y eso era notable en ella, y además era una mujer muy inteligente.

“Eva se reía mucho, pero no hay tanto recuerdo de esa alegría, porque uno la recuerda siempre en la lucha.”

–Dicen que la ficción no da respuestas, pero ¿qué respuestas encontraste vos al preparar el personaje e interpretarlo?

–No sé si tengo respuestas, no sé si hay respuestas para todo, porque cuando se va alguien muy joven uno no tiene una respuesta, y cuando se va una mujer con tanto por hacer es muy triste. Yo creo que a ella una de las cosas que más la angustiaban no era morirse, sino el miedo de que lo que había realizado se perdiera, que nadie continuara con eso, y quién lo iba a cuidar a Perón, que se cuidara de su entorno y que no traicionara a su pueblo, que era el único que no lo iba a traicionar.

Yo no estoy acá ni para hacer política ni para hablar de historia, pero un poco creo que ella sentía eso. ¿Cómo me voy si tengo todo para hacer? Además de todo lo que ella generaba, viva o muerta, porque es muy notable y muy terrible lo que pasa con el cuerpo de Evita. Sobre eso habla Tomás Eloy Martínez, haciendo una ficción sobre una investigación periodística, pero al mismo tiempo ficcionando ciertas cosas, y nosotros, como televidentes o lectores, nos vamos a preguntar qué pasó realmente con el cuerpo de Evita, y cómo estos hombres se obsesionaron con su cuerpo.

–¿Qué fue lo más difícil de la interpretación para lograr ver realmente a Eva en tu personaje?

–Fue un proceso muy difícil, sobre todo por la responsabilidad que significaba hacerla a ella, por lo que significa para la historia del país. El desafío era poder encontrar, dentro de la interpretación, corriéndome de una imitación, algo de su energía, porque los que trabajamos con la verdad en la actuación podemos encontrar una emoción genuina, pero encontrar la energía de los personajes es otra cosa, es no controlar, y yo soy re controladora, me obsesiono con las cosas, y este es el personaje que más me tomó.

Si ves las fotos del backstage estoy todo el tiempo conectada porque nunca dejaba de escuchar, pero creo que había algo como de permiso de mi parte de poder encontrar esa energía, esa conducción, esa seguridad y esa fragilidad al mismo tiempo. Y ese dolor, porque yo pienso en ella y la veo feliz en muchos momentos. La imagen con la que me quedo es la de la Eva del final, la del pelo suelto, la de la sonrisa; ella se reía mucho y no hay tanto recuerdo de esa alegría, porque uno la recuerda siempre en la lucha. Después, obvio, me invade esa tristeza absoluta de sentir eso de “¿cómo se murió?”. Pero yo le puse realmente el corazón al proyecto y, literalmente, el cuerpo.

Fotos: gentileza Star+

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