Desde Miami, donde encabeza diferentes proyectos, el director de los clips de «2: 40 Remix» y «Como si no importara» habló con El Planeta Urbano en medio de la explosión que produjeron sus últimos trabajos. Una vocación por el audiovisual que nació de la tensión entre el deber ser y la pasión emergente, y que hoy lo ubica en los primeros planos.


“Mostrate a vos mismo ante tu más profundo miedo; después de eso, el miedo ya no tiene poder y sos libre”, dijo el cantante Jim Morrison reversionando la famosa frase de Séneca a Nerón, y cuánta razón tenía. Martín Seipel hizo lo propio al liberarse del “deber ser” autoimpuesto, cuando abandonó un trabajo estable y dejó su título universitario de lado para dedicarse de lleno a su pasión por el arte. Hoy se encuentra trabajando para dos grandes compañías, como son Disney y Sony, y filmando con los mayores exponentes del trap de nuestro país.

El director atraviesa un momento soñado en su carrera: mientras espera la salida de un video que hizo con la Sole con feat internacional, disfruta de las repercusiones de sus últimos trabajos; a sólo tres semanas de su lanzamiento, el “2:50 Remix” acumuló más de 30 millones de visualizaciones en YouTube, y a 24 horas de su salida, “Como si no importara” ya supera el millón y medio de reproducciones.

Primer plano de Martín sobre Ruggero en la filmación del clip de «Mil razones».

–Contame un poco de vos. ¿De dónde sos? ¿Cómo fue tu camino hasta desembocar en el mundo audiovisual?

–Yo nací y vivo actualmente en Lomas de Zamora, pero me crie en Rafael Calzada. Desde muy chiquito me gustaban mucho los deportes. Hice gimnasia deportiva, que luego derivó en el break dance: giraba por el aire, hacía vueltas, era muy llamativo. Paralelamente, apareció YouTube y empezamos a subir videos con mis amigos para mostrar lo que hacíamos. Trabajé mucho tiempo como acróbata en shows. En 2014 estudiaba en la facultad el traductorado de inglés, mientras trabajaba como administrativo y juntaba plata para poder viajar, porque también amo el surf (risas). Parece que una cosa no tiene nada que ver con la otra.

–Pero la vida tiene caminos misteriosos y todo en algún momento se une. 

–Tal cual, yo siempre digo que tuve muchas vidas distintas en una, y que hoy un poco las estoy unificando. Siempre estuve muy ligado al arte, a la música, me crie con videos de MTV en los 90, miraba todo lo de Missy Elliot, me parecía espectacular. Audicioné para Disney muchas veces, pero no quedé. En uno de mis viajes surfeando, me encontré a dos actores de la compañía que me reconocieron de los castings y pegamos muy buena onda. Volvimos y les grabé algunos videos de sus temas, y ahí tuve una crisis existencial de “¿qué hago con mi vida?”. Me quedó un título que, en el último año, me di cuenta de que no me gustaba.

–¿Y qué hiciste en esa encrucijada entre el deber ser y lo que te apasionaba?

–¿Viste que ahora se habla mucho de dejar lo que no te gusta y hacer lo que realmente querés? Bueno, todo bien, pero en 2015 se veía distinto, nadie dejaba un trabajo estable, era todo un desafío decidir a los 24 años qué hacía con mi vida. Hasta que estaba en un aeropuerto, volviendo de otro de mis viajes, y recibí un e-mail de Julián Methol, que es un productor de Disney, para tener una entrevista. Pasaron varias cosas, hasta que empecé a trabajar para la compañía con los primeros videoclips de una serie que se llama Bia; fue una experiencia increíble. 

–¿Eso te abrió puertas con artistas de la compañía?

–Sí, incluso de otras series, como ViolettaSoy LunaAhí conocí a Ruggero, con el que además de trabajar se dio una amistad muy natural, y gracias a él empezaron a llegar otros artistas, como los MYA, y se armó una rueda que no paró más: vino Emi Mernes y así terminé trabajando también con Duki.

Parte del equipo durante la grabación de “Mil razones».

–¿Cómo fue la experiencia, puntualmente, en el videoclip del remix?

–La propuesta me llegó un viernes a las once de la noche, a través del manager de los MYA, con quien tengo una muy buena relación. Me dijo que tendríamos que tenerlo listo en una semana, o sea que tenía ese tiempo para filmar, editar y entregarlo. Me propuse reversionar un poco el video original (que también dirigí) en cuanto a la ambientación y la luz teatral.

Yo buscaba un lugar espacioso porque quería usar lentes angulares, y mi productora encontró un bar cerca del Obelisco que quedó perfecto. El martes ya estábamos rodando. Tenía que ser muy cronometrada la cosa, porque tanto Tini como Duki estaban con muchos lanzamientos y viajes, y yo quería mostrarlos a los cuatro juntos, porque si no, no tenía sentido el video. Fue clave tener un buen equipo, tengo gente que me asiste que es superprofesional y eso está buenísimo.

–¿Cómo te involucrás en el proceso laboral con los artistas?

–Al ser un trabajo creativo, tenés que entender lo que busca el artista, lo que le pasa, lo que quiere. Creo que está bueno cuando se da una química especial y se arma una buena llegada. Quizás uno los ve como inalcanzables, como que los tenés que tratar con una distancia enorme, y en realidad se puede trabajar de otra manera, que es la de juntarse, hablar, conectar. Me gusta saber quiénes son sus referentes, porque yo veo muchísimos videos, entonces a partir de eso empiezan a surgir ideas, intercambios.

–Se nota que sos muy apasionado con lo que hacés. ¿Te visualizás como director de videoclips o soñás con hacer otras cosas también dentro de tu campo? 

–Soy de fluir bastante con lo que va pasando, estoy abierto a lo que la vida me va proponiendo y a cualquier ofrecimiento audiovisual, siempre que esté dentro de la estética y de las cosas que me gustan hacer. Trabajé en publicidad y me gustó mucho, también hice documentales y me fascina.

Seipel, aferrado a la cámara y también a la felicidad de plasmar sus propias visiones en imágenes.

–¿Qué te atrapa de los documentales?

–Me gusta el hecho de ir con la cámara a tener que registrar una imagen buenísima y que sea sólo en ese momento y no se pueda repetir. Yo amo la playa, el mar, son parte de mi vida, siento que es mi lugar, y con el documental puedo unir mis dos pasiones: lo audiovisual y la naturaleza. Por eso a muchos artistas, siempre y cuando puedo, trato de sacarlos a exteriores y filmar paisajes.

–Estás trabajando con muchos de los principales exponentes del pop y el trap de nuestro país, ¿cuál es tu mirada de la escena musical de la Argentina hoy en día?

–Creo que está en su mejor momento y todavía le queda para llegar al tope. Está buenísimo que todos colaboren, que hagan feats, que se impulsen el uno al otro. Fue un poco lo que me pasó a mí al principio con Ruggero y ahora con Duki: él decidió trabajar conmigo porque ve mucho talento acá y ayuda a muchos artistas a que se lancen, no sólo a los cantantes, sino también a los que hacemos audiovisual, porque el trap fue lo que hizo que en la Argentina reviviera el videoclip.

Creo que ahora hay que mirar un poco más allá de la frontera, ver que nuestros artistas están trabajando internacionalmente y acompañar, desde nuestro campo, esa movida. También me parece necesario hacerlo con las nuevas generaciones.