A los 17 ganó un reality show internacional que lo catapultó a la fama, a los 21 protagonizó obras de teatro comerciales, a los 26 se fue a estudiar a Broadway, a los 28 salió públicamente del clóset y a los 30 estuvo al frente de la exitosa Kinky Boots. Hoy, con 31 años, dirige su propio instituto y sueña con formar una familia.


La redacción de noticias del canal IP funciona a toda máquina cuando él llega al estudio donde se emite El Planeta Urbano TV. Hicimos las fotos que ilustran esta nota la semana anterior, y hoy nos disponemos a charlar en la tele, ante miles de personas, para luego inmortalizar en papel y web un editorial de moda, texto, fotografía y video en plan 360.

Fer Dente se muestra abrumado por las pantallas, el frenesí y las corridas de las breaking news del canal. Viene de un año de detox informativo, de autopreservación natural, y estar ahí, en el centro de la noticia, lo hace reflexionar: “Este año que pasó abandoné todo tipo de medio de comunicación por la sobreinformación que se generó con la pandemia. Dejé portales, noticieros, todo. Me volvieron loco, fue un año muy duro, todo se transformó en una catarata de información que me quemaba la cabeza; necesitaba preservar mi salud mental. No tengo idea de cantidad de infectados, de no infectados, de pico, de no pico… Yo siempre dije: ‘Si hay algo importante de lo que me tenga que enterar, me voy a enterar’, pero le tenía prohibido a todo el mundo que me hablara del tema. Hasta llegué a un momento muy fóbico en el que estaba sentado comiendo y, como todo el mundo en las mesas cercanas se ponía a hablar de actualidad, me clavaba los AirPods y chau”, confiesa.

«Cuando empecé, mi fobia número uno, que la trataba en terapia, era que en Intrusos dijeran que yo era gay. Esa era mi pesadilla recurrente»

–¿Y qué hacías con tu tiempo?

–¡Vivía! (risas). Vivía, como el resto del mundo, sólo que no le ponía energía a eso. Porque hay una cosa entre morbosa y fanática de la incertidumbre misma; no es que yo evitaba ver las noticias en las que me daban algo concreto, era todo tendencioso y sin mucho fundamento. Me harté y dije: “Cuando me necesiten, me avisan”.

–Mientras tanto, le diste vida a un proyecto muy ambicioso: tu propia escuela de canto, baile y actuación.

–Fundamos el IAM (Instituto Argentino de Musicales) junto a Ricky Pashkus, quien es mi mentor y casi mi padre, alguien que me acompañó desde el principio. Justo antes de la pandemia le había comentado mi deseo de hacer algo nuevo, porque cumplí treinta y ese número me pegó mucho en cuanto a lo que quería hacer por los siguientes diez años. A los veinte, desde muy chico, empecé a dar clases, y armé una compañía, y dirigí, y siempre fue un espacio que me gustó mucho. Por eso, sentí la posibilidad de poder darles a las nuevas generaciones un lugar donde profesionalizarse.

–¿Sentiste que en la Argentina hacía falta un espacio así?

–Cuando era adolescente y estaba cenando en mi casa y me preguntaban qué carrera quería estudiar, yo decía “Marketing” para huir del asunto, pero era todo un tema en mi casa. Lo que me pasó a mí es que a los 17 años entré en High School Musical, el reality que gané, y a partir de entonces, como nunca paré de trabajar, en mi casa se evitó todo el tema universitario. Pero sí, sentía que faltaba un espacio que entendiera lo que necesita un intérprete de verdad para formarse y ser completo. Viste que las grandes estrellas de Hollywood siempre cantan y bailan, porque en los Estados Unidos, en las escuelas de actuación, se estudia canto y baile como parte de todo. Por eso, yo quise armar ese espacio acá, y cuando se lo conté a Ricky me dijo que él estaba con la misma idea junto a su socia, así que le dimos para adelante.

–Es como si fuera un terciario.

–El proyecto IAM son tres años intensivos en donde el estudiante se forma como actor profesional; lo mismo el bailarín o el cantante, pero a la vez con una formación integral, siempre con miras a la inserción laboral y con la excelencia como camino y como meta.

–¿Cómo cambió tu vida en los últimos diez años?

–De los 20 a los 30 fue la década en la que más cosas me pasaron: perdí a mis papás, pude construirme una carrera, independizarme, vivir afuera, volver. Fueron diez años muy intensos, de tomar un montón de decisiones y lidiar con muchos desafíos. El foco estuvo en construir y posicionarme, y ahora que logré ocupar un lugar tengo una sensación linda y cierto aire para poder pensar en otras cosas, para poner el foco más en proyectos personales que en otros ligados al trabajo.

–En tu pareja, por ejemplo (risas). ¿Hace cuánto estás de novio con Nico?

–Un año.

–Es un novio de pandemia, entonces.

–Sí, no sé qué implica eso, pero sí.

–La semana pasada subiste una foto del shooting de El Planeta Urbano y él te comentó con dos emojis de novios o anillos y vos le pusiste: “Sí a todo”. ¿Qué significa eso?

–(Risas) No, si me llega a proponer matrimonio mediante un comentario de Instagram… Primero, acepto, y segundo… ¡no da!

–¿Pero tu “sí a todo” qué sugiere?

–Significa eso, sí a todo, que estamos muy enamorados, que estoy muy feliz.

–¡Me muero de la envidia!

–No, pero vos estás soltero y se te ve muy bien. Para mí no tiene que ver con idealizar el amor. Está buenísimo cuando eso sucede y es genuino. Lo más importante es ser feliz uno; si después aparte te toca encontrar a alguien con quien compartir esa felicidad y esa vida, con quien tener proyectos y acompañarse, está bárbaro. Pero eso no quiere decir que uno tenga que estar como en stand by esperando algo, o carente de una felicidad extra. Las cosas llegan cuando de verdad uno está preparado y se lo permite, y me parece que está buenísimo celebrar la felicidad sea como sea.

–Siempre fuiste muy reservado, ¿cómo surge esta nueva faceta en la que te mostrás con Nico naturalmente en redes sociales?

–Cada vez que subo una foto a Instagram besando a mi novio me bajan los seguidores, y todavía no entiendo por qué pasan cosas así. Me gusta compartir esa parte de mi vida también, así que si tomás mi personaje, lo tomás con todo. Yo no tengo nada que ocultar.

–Bueno, entonces es muy valiente de tu parte, porque así como perdés seguidores podés perder contratos, marcas, trabajos…

–Bueno, lo acepto, si tiene que pasar eso, que pase. En todo caso, no quiero esas marcas conmigo y no quiero esos contratos conmigo. Decirlo es un proceso muy personal. Cuando empecé, mi fobia número uno, que la trataba en terapia, era que en Intrusos dijeran que yo era gay. Esa era mi pesadilla recurrente. Después empecé a vivir abiertamente mi vida, aunque sin decir nada, y nunca tuve que pasar una situación incómoda en la que un periodista me preguntara sobre eso. Hasta que en un momento dije: “¿Qué es esto?”.

–Y ahí decidiste salir a hablar vos.

–Sí, porque no quería que nadie pensara que era un tema tabú. No quería entrar en ese grupo de personas públicas que todo el mundo sabe que son gays y nadie habla del tema, que ellos nunca lo dicen. No quería entrar en ese grupo, primero, porque sentía que me hacía viejo (risas), y después, porque sentía que era una mochila, que cuando lo conté se me liberó un montón.

–Te veo muy Susanito, muy Ricky Martin. ¿Te gustaría ser padre?

–Me encantaría, pero no es un proyecto a corto plazo. Estoy convencido de que voy a ser padre, siempre lo supe, aunque ahora mismo no sea el momento.


Coordinación general: Gimena Bugallo
Styling: Camila Mariani
Film: Luciano Scigliotti
Pelo y makeup: @fran.canosa face&hair
Agradecimientos: Maydi, Lacoste