La actriz y empresaria afianza su compromiso con la ecología y el medioambiente mediante la creación de su línea de cosmética clean y un activismo más presente que nunca. Nuevas formas de pensar el mundo en el que vivimos.


“Desde hace mucho tiempo me estoy cuestionando el rol que tomé. La vida es un juego de roles, a veces uno toma un rol por su laburo, por ejemplo. Yo empecé en el mundo de la moda pero siempre me sentí medio un bicho raro en ese ambiente. Me pasa de darme cuenta de que yo tengo más que ver con otro mundo, con haber sido hija de un veterinario, haber estado conectada con cosas de la tierra, con ser del interior. Y poco a poco fui volviendo a cosas que me hacían bien en ámbitos diarios, como en el cuidado personal y un montón de cuestiones que había dejado de lado.”

Guillermina Valdes está sentada en el patio de un bar de Palermo Chico, con una bolsa llena de productos de su línea de cuidado personal a cuestas, a cara lavada, sin producción de ropa o pelo, emanando una belleza interior que se trasluce en su rostro angelical, sano y lleno de paz; de algún modo, perfecto.

Habla de asumir roles, de encarar nuevas etapas en su vida, de hacerse cargo de transmitir esas ideas que hace tiempo la interpelan. Esta especie de militancia sobre los temas que la convocan, siempre con modos suaves y respetuosos de creencias ajenas, tomó su vida por completo en conjunto con sus responsabilidades de madre y empresaria. Ella, asegura, puede con todo.

“Como soy bastante obse y no hago las cosas a medias, me empecé a meter de lleno en temas como la ecología, la sustentabilidad, la contaminación. Y estoy tratando de ayudar en lo que pueda desde el lugar mínimo que tengo como comunicadora.”

–¿Cuán arduo puede ser el camino de la concientización?

–A veces concientizar se vuelve incómodo. Vos le decís a alguien que tiene que tener dos tachitos para la basura en el baño y molesta; a la gente le cuesta lo nuevo porque pone en jaque su estilo de vida, aunque sea en esas cosas pequeñas.

–¿Puede tener que ver con que no tienen acceso a los mismos recursos?

–Sí, es una responsabilidad comunicar y a la vez intentar que el otro pueda acceder a eso que estás comunicando. Vos no le podés decir a la gente que algo no está bueno si tampoco tiene acceso a lo otro que le proponés. Entonces, hay que tratar de encontrar el equilibrio.

–¿Siempre fuiste muy emprendedora?

–Antes no tanto, ahora más. Yo tenía un concepto erróneo de lo que significaba ser empresaria; sentía que se conectaba con la frialdad, y no es así. Ser empresaria es darle trabajo a la gente, confiar en el país en el que vivís, llevar a cabo un proyecto y hacerlo crecer, es un montón de cosas. Con Guiv yo empecé desde el día uno eligiendo desde los activos, probando las cremas, seleccionando el packaging, viendo el arte. Creé una marca desde cero y me pareció divino, me di cuenta de que no era sólo un trabajo frío de cálculos y números, sino algo más integral. Ahora de ocupación pongo “empresaria”, porque tengo una empresa, la creé yo y me ocupo día tras día de que funcione; es mi trabajo. Yo siempre fui fanática del cuidado de la piel; cuando viajo, lo que más veo, investigo y a lo que le presto atención es a ese mercado.

–Tu marca resultó precursora en la venta online. ¿Cómo fue ese proceso?

–Cuando empezamos existía la posibilidad de poner una tienda física, pero yo desde el principio propuse hacer sólo venta online, cuando acá en el país todavía no estaba tan aceitado ese modelo. A la gente le costaba mucho comprar un producto sin verlo en vivo, sin probarlo, sin olerlo, sin tocarlo. Al principio nos costó, pero la gente se fue animando. Y con la pandemia hubo un cambio enorme en la venta online en muchísimos rubros, la gente se animó a comprar y esta modalidad se masificó bastante. Empezamos a llegar a todo el país y logramos un 40 por ciento de recompras, es decir, gente que probó el producto y lo vuelve a elegir.

–En tu faceta como actriz, sufriste el prejuicio de ser “la mujer de”. ¿Cómo repercutió esa mirada en esta nueva etapa de tu vida?

–Con este proyecto me pasó que Marce no participó tanto en la promoción. No hubo evento de lanzamiento, no hubo nada en redes desde su lugar, no se nombró en su programa.

–¿Eso fue una decisión tuya?

–Sí. Fue un proyecto que empezó con un perfil muy bajo y fue creciendo de a poco, nos fue bien y logramos fidelizarnos en el público de esa manera. Siempre quisimos que la marca se despegue de mí, de mi imagen pública, y creo que lo logramos.

–Tenés además una fundación, Cadenas, que dona un porcentaje de cada producto vendido. ¿En algún momento sentiste la responsabilidad de dar para, de alguna manera, devolver algo de todo lo que recibiste?

–No me gusta hablar bien de mí, pero yo siempre fui muy generosa, porque para mí la vida pasa en gran parte por compartir. No es que porque recibí todo esto ahora es tiempo de dar. Es al revés, yo creo que siempre di tanto que la vida no para de devolverme el doble. Es un juego inconsciente en el que siempre estoy pensando qué necesita el otro, pero no desde un lugar de sumisión o de dejar de ser yo, sino porque a mí me hace bien. La esencia humana es dar, pasa que después nuestro ego, nuestro yo, se impone ante todo.

–¿Cómo entra Marcelo en esta ecuación?

–La energía ariana de Marcelo me ayuda a impulsar todo esto que tengo adentro; en las relaciones muchas veces te nutrís del otro con cosas que vos no tenés. Con Marce tenemos vibraciones muy diferentes, y ahí uno va encontrando el gusto de la relación, más allá del amor y de todo lo lindo que tiene la vida en pareja. Los dos somos muy equilibrados, pero él siempre tiene tendencia a ejecutar, a estar en el afuera, y yo siempre fui más cerrada, más para adentro.

–Haciendo un recorrido por tu vida, casi siempre te encuentro en pareja. ¿Nunca te interesó experimentar la soltería?

–No sé si tanto del lugar de experimentar, pero las veces que me separé tuvo que ver con que yo necesitaba ver cosas mías sola. Si vibrás diferente a tu pareja es necesario parar, para después volver o no. Pero debo reconocer que soy una persona que he vivido la mayor parte de mi vida, sino toda, en pareja.

–¿No te sentís cómoda sola?

–Sí, me puedo sentir muy cómoda, no es que no puedo estar sola, pero me pasa que me encuentro muy bien en pareja, incluso hoy te puedo decir que estoy muy bien.

«Si vas a ser prisionera de lo que piensan los demás, estás en el horno. Si tu vida se va a basar en las especulaciones de los demás y en las proyecciones que tienen para con vos, la carga es muy pesada.»

–Igual con Marcelo son superindependientes.

–Re, ni siquiera convivimos todo el tiempo.

–Y vos no sos dependiente, en general, de los hombres.

–No, y eso le da un valor agregado a cualquier relación que tengas, porque si vos estás con alguien porque lo elegís y no porque lo necesitás, es mucho más valioso. Es elegir compartir tu vida con alguien no desde la debilidad sino desde estar fuerte, entero, bien.

–¿Cómo manejás tu ego siendo la pareja de alguien que para la gente siempre está en un pedestal?

–Es justamente como decís vos, para la gente. Pero eso no te hace más persona, no te hace más valioso. No te hace más valioso ser más conocido, eso es un tema que en todo caso tenemos los que de alguna manera estamos en el medio. Pero hay que trabajarlo día a día. Yo nunca competí con Marce, nunca me pasó eso, cero.

–¿Cuánto te importa la opinión ajena?

–Si vas a ser prisionera de lo que piensan los demás, estás en el horno. Si tu vida se va a basar en las especulaciones de los demás y en las proyecciones que tienen los demás para con vos, la carga es muy pesada. Una vez que te liberás de eso, sos libre. Y una vez que entendés que la respuesta está en el presente (siendo terrenal, obviamente, estando consciente de la realidad y de las responsabilidades), vas construyendo lo que querés.

«Yo tengo hijos que eligen libremente su inclinación sexual, por ejemplo. Y no sé si los crié con libertad, lo que sí sé es que los respeto. Uno lo acepta y está buenísimo porque ellos son lo que vinieron a ser, libres.»

–¿Cómo te llevás con el paso del tiempo?

–Yo valoro mucho la madurez, no tengo ningún problema de seguir cumpliendo años y aprendiendo, porque me parece que vivís la vida con otra intensidad.

–Siendo una persona que se cuida tanto, ¿le temés al deterioro físico?

–Le temo desde la salud, que es lo que más me preocupa. Perder la salud es mi mayor temor. Y cuando uno se cuida desde adentro, por la salud, eso se ve reflejado en lo estético. Y después está la naturalidad de envejecer, es algo obvio. No le tengo miedo al deterioro físico porque sé que va a ser gradual, y que esa gradualidad la voy a ir incorporando día a día. Entonces, en ese aceptar el día a día con cosas que uno va trabajando, vas aceptando todo lo que te va pasando a vos internamente, creo yo.

–Tenés cuatro hijos de diferentes edades que parecen haberse criado con todo a su disposición. ¿Cómo ejercés límites con ellos?

–Es re difícil, porque ellos nacieron en un lugar muy diferente del mío. Y por más que trates de decirles: “Yo te doy esto, pero sabé que si te lo tuvieras que ganar sola tendrías que hacer esto, esto y esto”, es imposible que eso se ponga en práctica en la realidad. Yo muchas veces me enojo y les corto alguna cosa, pero ellos en el fondo saben que lo van a volver a tener, porque tienen otra historia que no es la mía, y eso no lo puedo cambiar. Mi historia no es mejor que la de ellos, ellos tendrán que buscar su fortaleza desde otro lugar, y no está mal. El tránsito que tiene cada uno en la Tierra es muy personal, vos podés acompañar, pero el otro hará eco de lo que pueda o lo que quiera.

–Criás a tus hijos con mucha libertad. ¿Cómo se maneja esa tensión entre la libertad y las reglas?

–Yo tengo hijos que eligen libremente su inclinación sexual, por ejemplo. Y no sé si los crié con libertad, lo que sí sé es que los respeto. Ellos me vinieron con planteos sobre su sexualidad, lo que para mí en parte fue una sorpresa y en parte no, porque como mamá te vas dando cuenta. Aceptarlo fue un trabajo personal. Uno lo acepta y está buenísimo porque ellos son lo que vinieron a ser: libres. Ellos tuvieron la posibilidad de tener una mamá que los apoya cien por ciento, sabiendo que van a enfrentarse a una sociedad que los va a apoyar en parte y en parte no, teniendo miedo de que sufran. Siempre hay una mirada diferente que mis hijos la van a sentir, que yo la voy a sentir, entonces la libertad es tener una mamá que los acepta en lo que ellos elijan. Yo siempre les digo: “¿Cuándo la vida sexual define a las personas?”. Uno no es lo que hace en la cama, por eso yo les digo a mis hijos que lo importante es lo que construyen en el mundo, lo que van a hacer, a qué se van a dedicar, si son felices, si son personas constructivas, si van para adelante. Eso resume todo, esa es la libertad que les doy.


Styling: Carito Rossello
Asistente fotos: Andrea Fischer
Pelo: Cristina Cagnina para Cerini
Make up: Mar Castelli
Agradecimientos: De Arrieta, Benedicta, Carmë Izzo, Vito Handmade, Max Studio Vintage Store, Scarfme Argentina, Club Hípico Benavídez