VERA SPINETTA • TU VUELO AL FIN

Sin más miedos ni incertidumbres, la hija menor de Luis Alberto debutó como solista con Terso, un álbum repleto de sensibilidad spinetteana que vio la luz en el mismo momento en el que fue madre por segunda vez.


Desde la última nota con El Planeta Urbano, en agosto de 2018, Vera Spinetta se rapó la cabeza para meterse en las ropas oversize de Soledad, la ópera prima de Agustina Macri; escribió un libro de poesía que leyó hasta Fito Páez; tuvo a Azul, su segundo hijo, fruto de la relación con el músico Juan Mango, y, casi al mismo tiempo, parió también su primer álbum solista, Terso. Siete canciones que saben a Privé, sensibilidad spinetteana al palo, matices, sonidos eclécticos y pasajes que salen de la luz más encandilante para zambullirse en un túnel oscuro, interminable. Ella es, quizá, la integrante del clan Spinetta que mejor supo interpretar el legado de su padre. “Rompí las barreras de mis propios miedos y limitaciones y pude conquistar esa parte que estaba guardada y en algún punto reprimida”, se anima Vera, con voz agotada, suave, para no despertar a Azul.

Hay otra coincidencia con Luis, quizá la más tangible y metadiscursiva: ambos hicieron discos embelesados por la reciente paternidad/maternidad. Mientras que el Flaco concibió Peluson of Milk antes del nacimiento de Vera, a ella le sucedió lo mismo con Terso. “El doble parto, en realidad, fue una casualidad. El disco estaba pensado para salir a principios de año y se fue postergando primero por una filmación, después por el embarazo y encima la pandemia.”

–El disco parece continuar la línea de Eclosión, el libro de poesías que publicaste el año pasado y que redunda sobre el concepto de nacimiento, una ebullición.

­–Sí, totalmente. El nacimiento del disco tiene mucho que ver con esto de romper para ser. Romper con el miedo, enfrentar las limitaciones y la falta de herramientas, en algunos casos. Siempre tuve la vara muy alta para todo y tal vez espero mucho de mí. Esa presión, en realidad, me estaba boicoteando. Me di cuenta de que lo más importante es lo que sale del corazón y de forma genuina. No importan tanto las condiciones en las que uno puede hacer las cosas, sino más bien en darlo todo e ir creciendo.

–¿Con el lanzamiento del libro tuviste las mismas sensaciones?

–Yo nunca pensé que iba a escribir un libro, menos sacar un disco. Escribo desde siempre como algo muy personal y nunca necesité mostrarlo. No era un conflicto. Pero de pronto atravesé por una etapa muy introspectiva, con algunos tormentos personales, angustias, y escribir me ayudó a salir de ahí. De repente había setenta poesías que tenían un sentido y definían un momento; sentía que contaban algo, un proceso.

–En cierto modo, la materialización de una idea te ayuda descomprimir, a sacarle un poco de peso a la mochila que cargás en ese momento.

–Un poco sí y otro poco tiene que ver con expresarme. Algunos más y algunos menos, todos necesitamos de la expresión. Nunca lo hice desde un lugar de pesadumbre; sí de que hay que sacar porque está estorbando para crecer. Hay que hacerse cargo de quién es uno y hasta dónde llegó con su propia reflexión.

“Algunos más y algunos menos, todos necesitamos expresarnos. Hay que hacerse cargo de quién es uno y hasta dónde llegó con su propia reflexión.”

–A diferencia de tu carrera como actriz o escritora, en la música te presentás sólo como “Vera”. ¿Por qué?

–La realidad es que mi nombre me encanta. Es un nombre artísticamente muy bello. Pero por otro lado, sí, es un primer paso en la música muy importante, y salir así, por más que todo el mundo sepa quién soy y quién es mi viejo, me sacó un poquito de peso de encima. El “Spinetta” es muy fuerte. Soy eso y no reniego, al contrario, me llena de orgullo, pero para mi primer proyecto musical sentía que con Vera solo alcanzaba.

–Las referencias a Luis Alberto en “Ave anexa” son muy claras. ¿Dónde más estuvo presente en este nuevo proceso?

–Mi viejo me acompaña siempre y yo siento que me guía en muchos aspectos de la vida. Sobre todo en hacer lo que uno ama y de forma natural. Mi viejo es el ejemplo del artista que siempre hizo lo que en ese momento le estaba dando vueltas por la cabeza y el corazón. Nunca buscó hacer algo que no sintiera de verdad. Obviamente, siempre detrás de una búsqueda profunda e intentando superarse a nivel musical y en los mensajes que quería transmitir. Ese fue su gran legado: que todo lo que hagamos tenga un sentido para nosotros. Por eso sé que a mí me gusta mi disco, es verdadero. No intenté hacer nada que no fuera real. No disfracé nada que no estuviera ahí, fuera mi viejo o lo que sea. Ahí lo puse.

–Tu libro se debate entre la oscuridad y la luz. ¿Pasa lo mismo con las letras del disco?

–Me interesan mucho la luz y la oscuridad en contraposición: cómo se necesitan una de otra, cómo juegan y, fundamentalmente, todo lo que se genera. Si estás en un camino de búsqueda luminosa, de amor, de trascender como persona, es inevitable no profundizar en algunas cosas que no están tan buenas. No me gusta escaparle a eso, me gusta aceptarlo como viene para repensarlo y transformarlo en algo luminoso. Ese es el camino verdadero, no hay que tomar atajos.

–Igualmente, en Terso hay mucho amor.

–Recontra. Con Juan armamos una especie de vida ideal, algo superverdadero. Los dos venimos de familias que basan todo en el amor y en la confianza. Los vínculos sinceros se construyen a partir de la verdad. Ojo, es muy difícil ser superclaro, transparente y mostrarse como realmente se es. Pero con Juan fue encontrar a una persona muy similar que maneja el mismo lenguaje. Después conocí a su familia y nos dimos cuenta de que hasta en eso somos muy parecidos. Venimos del mismo tipo de enseñanza y todo lo que armamos es sobre esa base.

–¿Te ayudó en este nuevo desafío?

–A mí me cuesta mucho más que a Juan compartir los procesos creativos. Tampoco es que le muestro sólo el trabajo terminado: “Tomá, acá está el disco” (risas). Me acompañó mucho emocionalmente, sobre todo a vencer los miedos. Qué sé yo, él es un superartista y pasó por miles de estas. Incluso por los terrores; me enseñó a atravesarlos. Al final siempre hay algo mucho más lindo.

“Mi viejo me acompaña siempre y yo siento que me guía en muchos aspectos de la vida. Sobre todo en hacer lo que uno ama y de forma natural.”

–Juan y vos pertenecen a una generación que, al menos en el arte, no tiene reparos en mostrarse tal cual es. Con sus virtudes, obvio, pero sin ocultar los miedos, errores y hasta muchas veces miserias. ¿Es así?

–Menos careta, querrás decir.

–Puede ser.

–Sí, y está buenísimo. Venimos de generaciones de mucho caretaje, llenas de imposiciones y con patrones familiares muy marcados. Muy “lo que hay que hacer”. “Esto es lo que está bien.” Bueno, pero somos humanos y nos pasan un montón de cosas que no son como nos dijeron que tenían que ser. Entonces, está bueno vivir con esa realidad y esa soltura para aceptar las cosas que nos pasan.

–¿Cómo imaginás la presentación del disco?

–Tengo muchas ganas de presentarlo en vivo, presencial, y que lo podamos sentir todos en el cuerpo. Ahora es impensado. Pero para mí sería fundamental, sobre todo, por cómo lo hice, cómo lo encaré. Es algo muy físico y la verdad es que no me lo imagino por streaming. Por eso quiero esperar un poco más, ver qué puede llegar a pasar y enfocar las energías para el futuro. Sería el vuelo final.

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