CELESTE CID · EL LENGUAJE DE LOS CIELOS

La actriz reflexiona acerca de la situación actual, nos regala una mirada introspectiva de sus personajes y habla sobre la conexión  profunda con sus hijos y la función de la astrología como herramienta de búsqueda personal y conocimiento.


“Del cielo, celestial, se asocia a la que pertenece al cielo.” Algo de todo ese universo es la respuesta que encontramos al sumergirnos en el buscador para rastrear el significado del nombre “Celeste”. Respuesta con la que nuestra invitada juega al explicarnos los motivos que la llevaron a vincularse de manera intensa y penetrante con la astrología. “La verdad es que no sé de dónde parte, quizá me predestinaron con el significado de mi nombre, pero recuerdo tener 15 años y ya estar buscando en las librerías textos sobre astrología. Estudié varias veces con distintos profesores e hice cursos. Además, mi ex suegra, la mamá de Emma y abuela de André, es astróloga. Siempre estuvo muy presente esa información en mí. Me tranquiliza, le encuentro mucho sentido y me sirve como instrumento para hacer más conscientes ciertos temas. Siempre la astrología utilizada como herramienta de compresión y búsqueda, no esa parte que a veces se fantasea como “adivinatoria”; esa es una zona que nada tiene que ver con a lo que apunto.

–¿Encontraste nuevas pasiones durante el asilamiento?

–Te diría que sí. Por ejemplo, me armé mi huerta en casa. Siempre me gustaron mucho las flores y las plantas, pero aquí conecté con algo desde cero; con alucinar desde el momento en que metés la semilla en la tierra y que un par de días después empieces a ver que tiró sus primeras hojas. Compartir eso con mi hijo más pequeño, que comprenda que las verduras que comemos no tienen nada que ver con la imagen del producto ya envasado que uno va y compra en un supermercado. Mostrarle (y comprender yo también) el cuidado, el proceso, el ocuparse.

–Tu último personaje de ficción, Martina Rivero, en Separadas, tenía una manera de concebir el amor con bastante libertad, ¿te ves reflejada en ello?

–Es cierto que ese personaje tenía esa fácil y rápida lectura de concebir el amor, pero mi sensación (y eso intenté ponerlo en pequeños detalles, incluso en textos que agregué) es que en verdad tenía muchos problemas para conectar, incluso hasta cierta fobia, entonces optaba por esa libertad como refugio, le era más cómodo. Yo no creo que la libertad sea un lugar tan sencillo ni rápidamente accesible, creo que es una era que confunde muy fácilmente el “hago lo que quiero” y la independencia con la libertad. Esa verdadera libertad de la cual estamos hablando lleva mucho tiempo, mucho viaje interno y valentía para bucear allí dentro y ver qué es nuestro y qué hay que no nos corresponde.

"El mundo está pidiendo una ampliación de conciencia a gran velocidad: cuidar las tierras, los animales, la nutrición, porque comer no es lo mismo que alimentarse."

–Viéndolos a la distancia, ¿considerás que la elección de cada uno de los roles que interpretaste funcionó como un espejo de algo puntual tuyo?

–Hace poco hablaba de esto con una colega. Cuando un personaje te llega, siempre llega en el momento justo en que algo de eso uno está transitando, o ya transitó y le puede aportar esa mirada, ese cuerpo, ese aprendizaje. Siempre me fascinó esa parte de la actuación que te permite, en tiempos muy cortos, aprender a hacer cosas que en otro contexto seguro no harías.

–¿Hay algún personaje que atesores por estos motivos?

–Y… de todos guardo algo, pero así, a simple vista, te diría el de una peli que hice en Alemania, donde casi el 80 por ciento de la película hablo en alemán y aprendí los textos por fonética en sólo unas semanas. Para vestir santos también fue un proyecto muy especial para mí; los textos eran impecables, no había ni que tocarlos, hablaba de la familia y las relaciones humanas, todas las cosas que más me interesan. Finalmente, todo está allí, en una historia que uno perpetúa por fidelidad a su clan y a su contexto. Aun cuando esa historia muchas veces viene cargada de mucho dolor, uno se la pone a cuestas. Esa es la valentía que te decía antes, despojarse de esos lugares que nos tocaron sin sentir que traicionamos nuestro bagaje.

–¿Qué diferencias encontraste en vos misma transitando la maternidad a distintas edades y en diferentes momentos?

–Fueron dos maternidades completamente distintas, sí. Con André yo era muy pequeña, tenía 19 años, prácticamente crecimos juntos. Con Antón vuelve a ser otro aprendizaje, más consciente, quizá. Desde esto que te decía de la alimentación hasta las prioridades en este momento de mi vida.

–Y, por el contrario, ¿hubo similitudes o situaciones en las que te viste en un mismo lugar? Incluso, quizás estabas transitando algo similar pero desde otra posición. ¿Pudiste reconocer esos momentos?

–Por supuesto. Creo que lo que no varió es que ambos estuvieron siempre antes que todo, y la importancia que es para mí acompañar su camino desde el amor, la confianza y la libertad. Esa libertad de que sean quienes quieran ser, sin miedos, sin pudores, sin que les pese la mirada ajena, sin que sientan que nuestra aprobación como padres va a ser si continúan nuestra línea de pensamiento o el mismo trabajo. Para mí, lo importante son los valores, que sean buena gente, solidarios, respetuosos. El resto forma parte de sus propios caminos.

–Has pasado por situaciones importantes o delicadas que supieron ayudarte a marcar nuevos rumbos en tu vida, ¿sos de volver a esos episodios?

–Creo que es muy difícil no volver a los recuerdos. Nuestras experiencias y lo que nos llevamos de ellas son lo que nos constituyen. Igualmente, no me quedo ahí, creo que la vida es hoy. Sinceramente, es una pérdida de tiempo vivir en el pasado, pero sí es un gran valor poder abrazar lo que nos ha sucedido y reconocer que hemos aprendido de eso, incluso abrazarnos y no castigarnos por las cosas que no hicimos bien. Me gusta esa idea de “lo que sucede conviene”, me lleva a eso que decía John Lennon de “no hay errores, sólo posibilidades”. Es muy reparador tener a mano esa sensación. Finalmente estamos viviendo, y “viviendo”, al menos para mí, es “aprendiendo”.

–¿Sentís que encontraste un equilibrio personal y estás más cómoda con lo que mostrás y preservás?

–Sí, un poco y un poco. Comparto bastante y siempre estoy participando de las redes, pero tiene más que ver, siento, con un pensamiento, con una ideología más que con un mero hecho sólo de vanidad. Es decir, me gusta compartir material sobre la alimentación, sobre astrología, sobre esto que sucede con las quemas, pero no me gusta que se vea mi casa, o a mis hijos en exceso, o mi cotidianidad minuto a minuto. Como todo, es una herramienta: utilizada bien, las voces se mezclan, llegan a la otra punta del planeta con mucha rapidez, y eso es una maravilla. Me quedo con esa parte.

–En varias oportunidades te describiste como una mujer tímida. ¿Cómo lograste transmutar ese estadio que te acompaña desde muy pequeña y “transformarte” para poder interpretar un papel con tanta gente observándote?

–Quienes me conocen saben que sigo siendo así. Quizá con el tiempo me volví más reservada y eso me ayuda al exponerme porque lo hago sólo donde sé que me voy a sentir cómoda. Igual no siempre es tan fácil. Pero, bueno, en lo que respecta al trabajo, es otra sensación; quizá la timidez habla más de mi persona que de la persona que soy cuando trabajo. Te digo esto y a la vez tengo la luna en Leo, la luna artística que necesita exponerse y ser vista (risas), pero en casa 4, que es la casa de Cáncer, del hogar y las tradiciones.

"Yo no creo que la libertad sea un lugar tan sencillo ni rápidamente accesible, creo que es una era que confunde muy fácilmente el “hago lo que quiero” y la independencia con la libertad."

–En una entrevista comentaste que, mientras mirabas escenas de Chiquititas, te encontrabas físicamente en tu hijo mayor, que el parecido te sorprendía. ¿Cómo es reconocerse en otro?

–¡Tremendamente, en los dos! Antón es muy parecido a mí también, siempre está queriendo hacer algo, habla hasta por los codos y tiene curiosidades muy exóticas para su edad. Ahí ves la importancia de estar en armonía con uno mismo, porque se aprende por el ejemplo. Somos seres que actúan por repetición. Tener conciencia de lo que transmitimos como padres seguramente evitará muchas consultas al psicólogo en nuestros niños cuando crezcan. Como eso que dice “durante la infancia se mira, el resto es recuerdo”, esos primeros años son muy claves, no te digo que todo está allí, pero sí gran parte.

–¿Cómo ves la situación de los actores actualmente?

–Sinceramente, la veo difícil. En muchas áreas, no sólo en los actores, el país está en un momento muy doloroso. Por supuesto, nuestro temperamento resiliente siempre va a hacer todo para pelearla y salir adelante, pero mi sensación es que cada vez vamos a necesitar más fuerza para poder hacerlo si no logramos cambios rotundos y urgentes.

–¿Qué sentimientos te inundan y qué reflexión asoma respecto de la pandemia y la situación mundial?

–El mundo está pidiendo una ampliación de conciencia a gran velocidad: cuidar las tierras, los animales, la nutrición, porque comer no es lo mismo que alimentarse. Todo esto ya se viene anunciando desde hace tiempo y pareciera que tienen que llegar estos sucesos tan extremos para hacernos tambalear y reordenar los temas en la agenda de prioridades. Todo esto que ocurre me llevó a repensar en el capitalismo, los sistemas, a observar las posiciones, todo queda muy expuesto en estas grandes crisis, quién te da la mano y quién te la suelta. Que estamos haciendo mierda todo no es una novedad; ojalá logremos hacer mierda lo que tiene que desaparecer y dejar espacio para lo nuevo. Las generaciones que vienen verán los resultados. Deseo de corazón que todo pueda transformarse hacia algo mejor. Todos hacemos ese destino.

Agradecimiento: Naíma

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