La serie noruega de Netflix se centra en los primeros años como policía de Kurt Wallander, el famoso personaje creado por el escritor sueco Henning Mankell.


Henning Mankel escribió, entre muchas otras, estupendas novelas negras a la manera del relativamente joven policial negro sueco. Su protagonista fue el inspector Wallander, oscuro, torturado personaje enamorado de su mujer y de la ópera. Como sucede tradicionalmente con este género, la trama está atravesada por las miserias sociales del contexto histórico.

Probablemente eso explica por qué al llevar al formato de serie este nuevo Wallander (hay dos series anteriores protagonizadas por el detective tal como Mankel lo escribiera), a pesar de narrar sus andanzas de juventud, la historia lo sitúa en la Suecia actual, más específicamente en Malmo.

La crisis de los migrantes, el tráfico de armas y el recrudecimiento de los movimientos políticos ultras en el mundo son el trasfondo en el que suceden las alternativas de la trama que contemplan el asesinato de un joven sueco maniatado a una reja en un barrio musulmán y suburbano, al estallar una granada que han colocado en su boca.

Ya se ve aquí el policía que se compromete no sólo con su trabajo sino con su época. Así conoce a Mona, su futura esposa, en la serie una activista por los derechos civiles (en las novelas es peluquera, signo de los tiempos), que lucha por la acogida civilizada de los inmigrantes ilegales; y entabla estrecha relación con pandilleros de su vecindad.

Es extraño escuchar a Wallender en inglés -a pesar de que quien le da voz es el muy buen actor sueco Adam Pålsson), pero la producción, tan aprobada por los herederos de Mankel que uno de ellos aparece como productor ejecutivo, se ha rodado por un equipo inglés con locaciones escandinavas.

La realización, desde los libros a las actuaciones, son estupendas, y si bien la historia resulta más leve que las imaginadas por el autor, la serie es altamente recomendable.