Esta miniserie de diez episodios producida en Australia y estrenada originalmente en AXN llegó a Netflix para saciar nuestras ganas de un thriller dramático que cumple con las reglas del género.


Si te gustaron mucho The Fall o Luther, Reckoning es una serie para vos: es evidente que haciendo ficciones los australianos se acercan más a los británicos que a los americanos. Y repiten aquí la fórmula no por vista menos efectiva del juego del cazador y la presa, roles que se alternan y que necesitan el uno del otro. Digamos, el planteo que llevado a una de las cumbres del subgénero tan hábilmente maneja Killing Eve (por supuesto, escrita por una inglesa).

Podríamos decir también que Reckoning se inscribe en la familia de los envíos de asesinos seriales y, dentro de estos, probablemente en los de copycats. Mike Serrato (Aden Young) es un inspector de Homicidios de una pequeña ciudad costera, Canaan, que años atrás cree haber hallado al causante de múltiples asesinatos, caso que pasó a la crónica como los Asesinatos del Río Ruso (RKK según la sigla en inglés).

El comienzo de la narración enfrenta a este hombre con una vida compleja que incluye a un hijo autista, a la aparición de un nuevo cuerpo asesinado siguiendo el ritual del serial killer que creía identificado.

En el otro extremo, su opuesto complementario es Dylan, probablemente uno de los pocos puntos bajos de la serie, ya que es el ¿homicida? ¿imitador? más difícil de encasillar. De a ratos el protagonista de Psycho, de a ratos Dexter, es difícil definir su perfil, y no por complejo. Es mucho más interesante y filoso el de su padre.

Todos los elementos de estos thriller están representados en éste: asesinatos anteriores que se ignoraban y posteriores que desatan la ira social, búsquedas desenfrenadas, deseo de ser castigado y así hasta el infinito.

Los secundarios, sobre todo la esposa y el hijo de Dylan y las hijas del detective son extraordinarios. La pregunta que se formula en voz alta uno de los personajes en el primer capítulo: «¿podrán perdonarnos?», marca el destino de todos ellos y el de la ficción misma, por lo demás muy prolijamente realizada.