El líder de El Kuelgue atraviesa la cuarentena refugiado en su propio arte y en los sentimientos de las criaturas que conviven en su mente. Con tiempo de sobra, volvió a escuchar discos completos, componer nuevas canciones y afilar la voz para zapar mañana en la primera edición virtual del Cosquín Rock.


Para Julián Kartun –y para casi todo el resto del mundo–, la pandemia fue lo más raro que le pasó en la vida. En esta cuarentena, el líder de El Kuelgue se dedicó a tomar soda y se animó a los patines de cuatro ruedas en la terraza de su casa. Tiene tiempo para escuchar discos completos de Cerati, Spinetta y ver filmografías de algunos directores de cine.

A veces lee y casi siempre despunta el vicio de la cocina: le gusta, lo relaja, lo mantiene ocupado. Dice que en estos casi 150 días en su casa escribió muchas canciones y que con la banda ya tienen dos temas nuevos, un folklore y un hip hop, listos para lanzar. Igualmente, no cree que los presenten mañana, en la segunda fecha del novedoso Cosquín Rock Virtual, acaso el primer evento local masivo que se va a transmitir por streaming para todo el mundo. “Un re flash estar ahí”, tira, y se pone contento de que por lo menos va a poder estar con la banda completa un ratito.

Lejos de los abrazos de sus amigos y familiares, encontró cariño en Roma, una gata blanca con manchas color mostaza. No bien entrado el confinamiento, la muy rompecuarentena salió de gira por el barrio y volvió recién a los diez días. Julián casi se muere, ya la daba por perdida.

Aunque está solo, siempre está con alguien. En su cabeza conviven personajes, criaturas –Fernando Peña dixit– que aparecen con sus sentimientos, sus vivencias y sus maneras de ver la vida y ahora transitar el encierro. A la mesa de la excéntrica Caro Pardíaco y Andy Klinsman se suma Fabialan, un seudoinfluencer de cutis liso que recomienda películas, canales de YouTube y bardea a Canal 13 por pasar siempre La momia. “Es una manera de escapar, una salida de emergencia”, explica Julián.

“Las criaturas que conviven dentro de mí empezaron a salir durante este tiempo con sus personalidades, sus sentimientos y sus formas de atravesar este contexto. Todos se nutren de mi momento.”

–¿Qué descubriste durante la cuarentena?

–Me refugié en los lugares que me dan felicidad, donde la cabeza está en funcionamiento. Tengo mi rutina de cocina, de deporte, de ver películas. Todo esto desde un lugar privilegiado, donde no tengo que salir a laburar. Me encontré también con mucho tiempo, pude ponerme a escuchar discos completos de un artista o ver todas las películas de un director. Me pude ocupar de mí, no sé, me compré unos patines para aprender a patinar, cosa impensada para otro momento de mi vida. 

–¿Te sirvió artísticamente?

–Fui pasando por diferentes etapas del encierro. Al principio lo disfruté, me pareció una experiencia bastante rara no ver personas, encerrarme, ser creativo. Hice un montón de canciones con diferentes personas de forma remota, escribí mucho. De repente paré todo eso y me metí un poquito más adentro y ahora me encuentro ya pensando en los distintos proyectos que tienen que ver con esta nueva normalidad. No me acostumbro y creo que nunca me voy a acostumbrar.

–¿Tuviste miedo?

–Sí, pasé por todas las sensaciones. Tuve días mejores que otros pero siempre intentando pensar que en algún momento esto va a pasar. Pensá que mi trabajo tiene mucho que ver con la gente, viajar, ensayar, eso es lo difícil. No soy contador público. La incertidumbre de no saber cuándo vuelve todo es angustiante.

–¿Cómo llevás la soledad?

–Me llevo bien conmigo.

–Una soledad bastante particular, imagino, porque no estás del todo solo, sino que convivís siempre con todos tus personajes.

–Las criaturas que conviven dentro de mí empezaron a salir durante este tiempo con sus personalidades, sus sentimientos y sus formas de atravesar este contexto. Todos se nutren de mi momento.

–Vimos en tus redes que durante la cuarentena apareció una nueva criatura, Fabialan. ¿Quién es?

–Este personaje, que en realidad es un filtro de Instagram, me sirvió para concretar una idea puntual y que no todo vaya a parar a un cuaderno para cuando termine esto. Es un pibe que nació en el confinamiento y que probablemente muera cuando finalice. Salió boludeando, jugando, como salen casi todos mis personajes. Al principio sólo era un filtro con una voz y de repente le empezaron a pasar cosas alrededor. ¿Con quién vive? ¿Cuál es su pasado? ¿Quiénes son sus amigos, cuáles sus anécdotas?

–¿Cómo está Caro Pardíaco con esta situación?

–Ella es muy de lo social, se debe estar volviendo loca. Aunque, ahora que lo pienso, las redes sociales están en un buen momento y ahí ella está cómoda. Ella siempre pide que la second life (todo lo que pasa en redes) no se convierta en la first life. Lo que vemos en Instagram es una “caropardiaquización” de la vida: todos tienen sus programas de cocina, hacen sus ejercicios en cámara, tienen sus canjes. Caro tenía razón.

–¿En qué momento están con El Kuelgue y cómo se preparan para el Cosquín Rock Virtual?

–Desde que arrancó esto no volvimos a ensayar. A veces me veo con Santy (N. de la R.: Santiago Martínez, voz y teclado)y armamos estrategias o canciones nuevas. La primera vez que nos veamos las caras todos va a ser el 9 de agosto para el show del Cosquín. Es una sensación muy fuerte, en este caso un show por streaming que vamos a grabar en una sala para todo el mundo. Algo inédito en nuestras carreras y en nuestras vidas. Pero es la manera que encontramos los músicos para seguir laburando y que toda la industria (no sólo músicos, sino también productores, iluminadores, asistentes) salga un poco a flote.

–¿Creés que estamos ante el surgimiento de un nuevo formato del entretenimiento?

–Si bien es algo que ahora está instalado, creo que va a ser pasajero. Los espectáculos masivos van a volver, vamos a poder abrazarnos de nuevo, porque el mundo lo necesita y está en su naturaleza.

“Creo que los shows por streaming son algo pasajero. Los espectáculos masivos van a volver, vamos a poder abrazarnos de nuevo, porque el mundo lo necesita y está en su naturaleza.”

–¿Cómo te llevás con los nuevos ritmos?

–Nosotros desde que arrancamos, hace más de 15 años, nos metimos con distintos géneros musicales. Nunca nos encasillamos en nada, sino que, al contrario, somos muy permeables en cuanto a los estilos. Incluso ahora vamos a sacar un folklore y un hip hop.

–¿Y qué pensás sobre el debate tan instalado entre el rock y el trap?

–Me causa gracia esa dicotomía porque en realidad todo es música. Los que comparan al trap o al rap con el rock lo hacen desde un lado que tiene más que ver con una actitud que con el propio género. El rock fue muy fuerte en los 60 y 70, era una forma de vivir que se imponía ante una idea opresora pero que con el correr de los años se fue debilitando a tal punto que terminó siendo muy funcional a las peores cosas de las que siempre se quejó. Es muy gracioso, porque todo termina en un lugar común. La idea del rockero arriba de un escenario haciendo un solo de media hora con gente abajo rezándole como a un semidiós quedó antigua. Está bueno que las cosas se pongan en evidencia y avancen.

–¿Cuánto tienen que ver las nuevas generaciones con este cambio?

–Todo. Ellos son los que nos enseñan, nosotros aprendemos. Vivimos un momento en la música repleto de colaboraciones entre artistas de distintos palos que hace un tiempo era imposible siquiera pensarlo. Las nuevas generaciones son mucho más permisivas, abiertas e inclusivas. Basta con ver las causas de sus reclamos sociales.