En una etapa muy difícil de su vida, la cantante acaba de editar Chromatica, su álbum más personal hasta hoy. Momento de desahogo bailable, y con invitados de la talla de Elton John y Ariana Grande, para una artista fundamental del pop de la última década.


Lady Gaga se siente sola, prisionera de la fama y de sí misma. O al menos ese era su estado de ánimo hasta que hizo catarsis con las canciones de Chromatica, su sexto álbum. Para ella, que una vez dijo que siempre fue famosa pero nadie lo supo hasta que conquistó el mundo con su primer disco (The Fame, de 2008), expresar sus sentimientos más oscuros a través de la música es algo natural. Pero mientras otros artistas se rasgarían las vestiduras con baladas desconsoladas, Gaga lleva sus penas a la pista de baile. El resultado es su trabajo más directo y honesto a la fecha.

Cuando parecía que ya se había inventado todo en el pop, su irrupción dentro del género fue un shock que esparció esquirlas por todos lados. De entrada, Gaga dejó en claro dos cosas: por un lado, que es dueña de una habilidad innata para escribir hits (“Poker Face”, “Bad Romance”, “Telephone”) sin la necesidad de un ejército de productores y compositores que la acompañen, y por otro, que su propuesta es multidisciplinaria y excede lo musical. Su look extravagante llamó la atención desde el principio y su identidad está en constante evolución, siempre adelantada a los tiempos que corren. No por nada se convirtió en la artista más disruptiva de su generación.

En una era en que la vida se vive a través de las redes sociales, ella explotó la fama como nadie y entendió que ser una figura pública implica sentirse sobre el escenario todo el tiempo: “Cuando canto, cuando bailo, cuando preparo el desayuno”, como ella misma afirma. En su estética conviven Andy Warhol, David Bowie, Alice Cooper, Madonna y hasta Marilyn Manson.

Cuando ya estaba en lo más alto, dio un giro inesperado, de esos en los que pesa más lo artístico que lo comercial. En 2013 grabó Cheek To Cheek, un álbum de estándares de jazz a dúo con Tony Bennett, y en 2016 llamó al productor Mark Ronson (autor junto a Bruno Mars de “Uptown Funk”) y a algunos rockeros de renombre (Beck, Josh Homme, de Queens of the Stone Age, y Kevin Parker, de Tame Impala) para incursionar en el soft rock y el country, géneros que predominan en su quinto trabajo, Joanne. Con estos proyectos, la creadora de “Born This Way” buscó resaltar sus dotes como cantante, algo que, entre los filtros que suele aplicar sobre su voz y la sobrecarga de estímulos de sus videos y conciertos, muchas veces queda en segundo plano.

En una era en la que la vida se vive a través de las redes sociales, la artista explotó la fama como nadie y entendió que ser una figura pública implica sentirse sobre el escenario todo el tiempo.

El paso siguiente fue la actuación. Ganó un Globo de Oro por su papel en la quinta temporada de la serie American Horror Story. “El primer sueño que tuve fue el de ser actriz”, declaró luego de protagonizar con Bradley Cooper la exitosa remake de Nace una estrella, que le valió un premio Oscar en la categoría de Mejor Canción Original por “Shallow”, al día de hoy su mayor hit.

El pop, como suele suceder en cada cambio de década, se reinventa, pero también, cada tanto, retoma sus raíces con un aire renovado. Lady Gaga no fue la excepción y en Chromatica vuelve a abrazar la música dance, tal como hizo Madonna a comienzos del siglo XXI con su álbum Music, en el que dejó a un lado la exploración musical que vivió en los 90 para regresar a la discoteca.

Tal vez una de las claves del éxito de Lady Gaga sea el mensaje que transmite en todos sus discos. Ella les canta a los inadaptados, a los que se sienten excluidos, a los que sufren bullying, a quienes están incómodos consigo mismos. Les inculca amor propio y la seguridad de que son especiales. “Le enseño a la gente a adorarse a sí misma”, admitió en su momento.

Sus seguidores, los “little monsters” (“pequeños monstruos”), como ella los llama, convierten sus shows en una especie de culto glam en donde todos pueden sentirse libres de prejuicios. “Estamos todos juntos, es nuestro pequeño mundo”, dice de sus fanáticos.

Chromatica es un álbum de sanación. Es la forma que encontró Lady Gaga de pelear contra sus demonios y de decirles a los demás que nunca se rindan.

Cuando Gaga compuso las canciones que forman parte de Chromatica se sentía triste y desganada. En 2017 le diagnosticaron fibromialgia, una enfermedad que produce dolores constantes en el cuerpo pero no por razones físicas sino psicológicas, y que inevitablemente conduce a la depresión. Por eso las letras hablan de temas como la soledad, las rupturas amorosas, los trastornos emocionales y, por primera vez, del estrés postraumático que sufre a causa de la violación de la que fue víctima a los 19 años. Sin embargo, su devoción hacia sus fans la llevó a hacer un álbum que musicalmente transmite energía positiva. “Quiero que todo el mundo baile y sea feliz.” Para lograrlo, la actual reina del pop tomó lo mejor de la música dance de los 90 y de principios de los 2000, un sonido que resulta familiar para la mayor parte de sus seguidores.

Chromatica, en definitiva, es un álbum de sanación. Es la forma que encontró Lady Gaga de pelear contra sus demonios y de decirles a los demás que nunca se rindan: “Sé lo que es el dolor y sé también lo que es no permitirle que arruine tu vida”, reflexionó hace poco en una entrevista. El proceso de grabación fue difícil desde lo anímico, y por eso el productor BloodPop la rodeó de colaboradores de primera línea para sacarla adelante. Con Ariana Grande grabó el hit “Rain On Me”. Para “Sour Candy”, en lo que parece ser un guiño a las nuevas generaciones, llamó al grupo de K-pop Blackpink. Pero el invitado estelar del disco es Elton John, a quien la cantante considera su mentor. El artista inglés la estima tanto que permitió que aplicaran autotune sobre su voz –un filtro que él considera le saca “todo rastro de humanidad” a la música– para cantar “Sine From Above”, una canción que describe cómo la música ayuda a superar cualquier dificultad.

Desde el principio, Lady Gaga impulsó a los demás no sólo a aceptarse sino también a amarse. Y ahora que está atravesando uno de los momentos más difíciles de su vida, en vez de encerrarse en sí misma, decidió abrirse y dar lo mejor de sí para que nadie tire la toalla. Chromatica es un manifiesto de superación, la demostración de que, ante las adversidades, muchas veces la mejor respuesta es bailar hasta el cansancio.