El año pasado, la cantante, actriz y activista presentó su disco Luz y fuego con dos shows agotados en el teatro Picadilly y lanzó Vrote, su marca de indumentaria cruelty free. Durante la cuarentena estrenó “Tu canción” y sacó su libro Más luz x favor, ilustrado por ella.


Foto: Rocío Filippini

Las actividades que realiza Connie Isla son innumerables, pero entre todas ellas existe la música. Meses atrás dio a conocer una canción que hoy elige como su favorita, “Equidad”, y que no sólo representa su fiel opinión del mundo en el que vivimos y la manera en que lo hacemos sino que comparte, casi al finalizar la melodía y a viva voz, un popular proverbio del pueblo cree de América del Norte: “Cuando el último árbol sea cortado, el último río envenenado, el último pez pescado, sólo entonces el hombre descubrirá que el dinero no se come”. De esta manera, un antiguo pero valioso refrán de concientización se fusiona con melodías contemporáneas para que el mensaje de amor nunca deje de circular.

“Siempre supe que quería involucrarme en diferentes causas, que quería ayudar y usar la música como transmisora de todo eso. A los 16 años me hice vegetariana pero la verdad es que no fue por una cuestión de activismo o militancia, simplemente sabía que no quería comer más animales; ahí terminaba la profundidad del análisis. Después, entre los 22 y los 23 años, me hice vegana y fue un proceso completamente reflexivo e iluminador. Ahí sí puedo decir que realmente empecé a tomar conciencia del porqué estaba tomando esa decisión. Además, el veganismo me abrió los ojos y empecé a militar varias causas”, cuenta Connie. “Creo que los animales no están acá para nosotros sino con nosotros, y que hay muchas otras cosas además del especismo en este mundo que están mal y que hay que cambiar.”

–¿Hubo algún lema o frase que te haya acompañado para llevar a cabo todo?

–Hay una frase de Rosa Luxemburgo que me acompañó y todavía me acompaña mucho: “Quien no se mueve no siente las cadenas”. Hay también otra que leí: “Los animales no necesitan que tengamos razón, necesitan que seamos eficientes”, y yo creo que la adaptaría a “Las injusticias no necesitan que tengamos razón, necesitan que seamos eficientes”.

“No creo que el ser humano sea naturalmente malo o tenga malas intenciones, de hecho me parece que cuando a una persona se le presenta la oportunidad de cambiar, la considera.”

–¿En qué creés? ¿Adoptás algún concepto religioso o espiritual?

–No sigo ninguna religión. Creo en las energías y en las personas, pero no tengo un concepto que me guíe. La verdad es que no sé si estamos acá por una razón en particular, no soy de hacerme muchas preguntas existenciales. Siento que está buenísimo que haya gente que se las haga, pero a mí particularmente no me sirve mucho porque creo que todo es incierto. Creo que no hay una respuesta certera y prefiero vivir en el presente y evaluar qué herramientas tengo a mano para hoy, ahora, intentar mejorar en todo sentido. Creo en que lo que sucede conviene y en la ley de la atracción.

–¿Y en la humanidad?

–Creo en la humanidad. No creo que el ser humano sea naturalmente malo o tenga malas intenciones, de hecho me parece que cuando a una persona se le presenta la oportunidad de cambiar, la considera. Y creo que el amor es lo que mueve al mundo.

–¿Qué significado le das a la situación que estamos viviendo?

–Es, claramente, una consecuencia bastante predecible para el ritmo acelerado de vida en el que vivimos sumado al abuso desmedido de los recursos naturales, el consumo desmesurado de productos de origen animal y muchas otras cosas más que no estarían funcionando porque, de lo contrario, no estaríamos viviendo esto. Esta es la prueba más fehaciente de que lo que estamos haciendo como humanidad nos está llevando a la destrucción. El planeta nos está diciendo que frenemos, que esto así no da para más. Creo que deberíamos empezar a reflexionar, a reconsiderar fundamentalmente nuestros hábitos de consumo porque ese es el principal problema.

–¿Qué actitudes deberíamos adoptar para sumar nuestro granito de arena?

–Primero, tenemos que erradicar el creer que si una persona sola hace algo, no cambia nada, porque la realidad es que no es así. Todas las revoluciones históricas comenzaron con una persona que se cuestionó. Hay una frase de Eduardo Galeano que me encanta: “Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, pueden cambiar el mundo”.

–¿Tenés fe en la humanidad y en que el humano puede convivir en perfecta armonía con la naturaleza?

–Creo que todos tenemos ese ideal y tengo fe en la humanidad. Sin embargo, no sé si vamos a hacer a tiempo de revertir la situación. De hecho, creo que no, y no es que sea pesimista, soy realista en ese sentido, pero definitivamente hay más conciencia colectiva y por eso tenemos que empezar por cambiar nuestros hábitos de consumo e ir de cosas pequeñas a cosas más grandes.

–¿Cómo te relacionás con las personas que ignoran o no tienen ningún tipo de reparo en el daño que les hacemos a la naturaleza y a los animales?

–Igual que con cualquier otra, sólo que con ellas siento, y sé, que son personas que todavía no despertaron. Yo también fui así, yo también consumía carne, yo también compraba marcas de ropa fast fashion y yo también pedía un sorbete cuando me compraba un jugo. Nacimos en un mundo que nos crió para pensar que todo lo que no es humano (y hasta a veces también lo humano) es descartable, por ende, tiene cierta lógica que las personas actuemos de esta forma. Yo ahí prefiero no juzgar sino más bien intentar conversar y comunicarles a estas personas acerca de otras opciones y alternativas más amigables para con la sociedad, los derechos humanos, los animales y el planeta Tierra.

Foto: Rocío Filippini

–¿Cuáles son las reacciones que recibís en función del material que publicás de la tortura animal?

–Las reacciones dependen del material, pero si es bastante gráfico, una de las más comunes es sentir pena o llorar, otra reacción es sentir mucha impotencia y otra es rechazarlo y fabricar una excusa, pero por suerte prevalece la primera.

–¿Cuáles son esas excusas fabricadas?

–Por ejemplo, que comemos carne porque es cultural o tradicional, que fue y es así de toda la vida, que el ser humano necesita carne para vivir, que Dios puso a los animales en la Tierra para nosotros. Una de las más fuertes es que forma parte del ciclo de la vida, y la verdad es que nosotros nos diferenciamos mucho de los animales carnívoros que cazan a sus presas en la selva. Esos animales están anatómicamente preparados para cazar, para matar a un animal más grande que ellos con sus propias garras y colmillos y comer esa carne cruda y digerirla sin ningún problema. Nosotros no podemos hacer eso, necesitamos armas para matarlos, necesitamos que haya fábricas donde se los insemina artificialmente para poder satisfacer la demanda del humano, y además se hace una selección de partes porque encima a nosotros nos da asco comer las uñas o los ojos de un animal, así que se lo corta en pedacitos, se dividen las partes, se envía a diferentes puntos de venta y nosotros lo compramos con algo llamado dinero, lo llevamos a nuestra casa, lo condimentamos y lo cocinamos. Me parece que son bastante diferentes nuestro “ciclo de la vida adaptado” y el ciclo de la vida al que se refiere la mayoría de las personas.

–Si hay una persona interesada en tu mensaje, que está con ganas de dar un primer paso pero siente que le cuesta o la ve difícil, ¿qué le podés recomendar?

–Le puedo decir una frase que también me gusta mucho, que es de Lao-Tse y dice que todo camino de mil millas comienza con un paso. Así que le recomendaría que empiece por algún lado, no importa por dónde, pero que empiece.