A los 57 años, el músico rosarino está más activo que nunca y su enorme popularidad se ve multiplicada una vez más. El mes pasado lanzó un álbum inspirado y contundente, que presentó durante la cuarentena con un recital online que hizo emocionar a un país entero.


Más de un año de trabajo demandó la realización de La conquista del espacio, el flamante disco que lanzó Fito Páez el 13 de marzo, a pocos días de entrar en el confinamiento obligatorio dictado por el Presidente de la Nación. En todo ese tiempo precuarentena hizo bocetos de las canciones nuevas en Córdoba, las terminó de redondear en Brasil y Buenos Aires, hasta finalmente grabarlas en los legendarios Capitol Studios de Los Ángeles y Ocean Way de Nashville.

La idea original era celebrar el lanzamiento y festejar su cumpleaños número 57 con un gran concierto al aire libre al lado del Monumento a la Bandera, pero a último momento lo suspendió (“por motivos que son de público conocimiento”, diría un locutor engolado). Entonces, ahí nomás, surgió la idea de hacer un show filmado en la intimidad de su casa para la Televisión Pública, que fue visto en vivo vía streaming por unas cien mil personas y que hoy se acerca a las dos millones de reproducciones en Facebook y YouTube.

Un nuevo álbum exquisito, comparable a lo mejor de su discografía, y un recital “in da house” multitudinario confirman que Fito está nuevamente en un gran momento de su carrera. Sería tentador decir que resucitó y se reinventó, pero en realidad nunca tuvo una baja en la estima de su público, que hoy abarca a tres generaciones de fans. Basta con recordar el éxito de su gira continental por los 30 años de Giros, los hits que arrojó su disco anterior (La ciudad liberada, con “Aleluya al sol”, “Tu vida, mi vida” y el tema que daba título al CD), las 25 mil personas que colmaron el Hipódromo de Palermo en junio del año pasado y su concierto en el famoso Carnegie Hall.

Foto: Valmusso

Fito Páez, como el guerrero, no detiene jamás su marcha. Sigue adelante siempre, generando obra y buscando nuevos desafíos creativos. Ese es su motor, tanto en el terreno de la composición de canciones como en el de la dirección de películas (tiene dos largometrajes en su haber) o el de la autoría de libros (escribió tres en esta última década).

“No sé qué pasa para que empiece la realización de un nuevo álbum, pero sí sé que hay gestos que se repiten, que son inevitables de observar. Cuando empezás a balbucear un material nuevo o con deseos de poner otra vez a andar la máquina, hay un momento que te marca, que es volver a escuchar el último disco. En mi caso, ahí es cuando se prendió la luz, porque de alguna forma te marca la última línea hasta dónde fuiste y llegaste en cuanto al tipo de sonido, la tímbrica, la armonía… en fin, todos los temas de la música”, soltó el rosarino en un nuevo episodio de Más música, más emoción, el podcast oficial de Filtr Argentina que conducen Agustín Gennoni y Federico Bareiro.

Ese insight se comprueba en el caso de La conquista del espacio, que sólo tiene nueve canciones, como rebeldía a las 18 de su anterior trabajo. Otra particularidad es que acá Fito encaró el desafío de escribir los arreglos de cuerdas, que ya desde el primer track (homónimo al disco) asoman con la fuerza de la obertura de una ópera o un musical. “En ese tema –recuerda– tenía unas cuerdas que puestas sobre la estructura musical me determinaron que era una canción épica, y que a eso le tenía que dar un texto épico. Tenía que contar algo hermoso sobre nuestra época, sobre el momento que vivimos, y esa cápsula se va a terminar transformando en una cápsula invisible que nos iba a llevar a la conquista del espacio.”

“Este álbum nació incorrecto y está todo lleno de contradicciones. No hay nada a favor de ningún progresismo y sólo hablo a favor de la fiesta, de la libertad y de que en el centro del caos vive el corazón de la fiesta.”

De las sierras a LA

Foto: Valmusso

Fito descree de los artistas que dicen “hoy voy a componer” o “me voy a poner a componer”, pero reconoce cuándo el material empieza a tomar forma. “Hay un proceso previo –admite–, pero nunca sabés en dónde estás. Por ejemplo, ahora estoy armando unas músicas instrumentales, pero sólo son cosas que están en proceso.”

Al hacer memoria y contar las diferentes etapas que tuvo La conquista del espacio, apunta primero a la provincia de Córdoba: “Tuve un verano muy difícil anímicamente, y así fue como en enero del año pasado fui grabando allá muchos cachitos o cápsulas de canciones. Como sucede en muchas oportunidades, hay un día que te cae algo y es como si empezaras a escribir todo desde ese día. Hacés un cachito de un cuento, un cachito de otro, lo dejás ahí detenido, pasan unos meses y te vas con eso a otra ciudad donde lo volvés a escuchar porque no sabés qué hay ahí. Empezás a escuchar esos compases sueltos y empezás a hurgar y escarbar. Como decía Francis Ford Coppola, para hacer una salsa empezás a revolver y en un momento se va a poner buena”.

Una persona clave en los últimos siete discos de Fito es Diego Olivero, un músico rosarino que se fue a España en 2001 y entró en la banda de Coti Sorokin. Ocho años después, a través de un amigo en común, se presentó a la búsqueda de un nuevo director musical de la banda de Páez. Tocaron y grabaron juntos, hasta que en 2012 empezó a coproducir los discos, arrancando con la trilogía de 2013 (los injustamente poco valorados El sacrificio, Dreaming Rosario y Yo te amo), pasando por Rock and roll revolution y La ciudad liberada.

Después de Córdoba, la dupla rosarina viajó a Trancoso, en Brasil, donde comenzó la siguiente etapa. “Empezamos a desarrollar el álbum y meternos en cada una de esas cápsulas que habían surgido de la nada, para ver si había algo para poder elaborar –recuerda Fito–. Fueron diez jornadas de trabajo y vimos el álbum entero. Había diez canciones y sobrevivieron nueve. Todo era inmediato, en una situación anímica muy border. No mía, sino familiar. La música, como siempre, te salva de la locura o de la cárcel.”

“La libertad es algo que todos nos metemos en la boca, y cuando la tenemos cara a cara salimos corriendo. La libertad no es lo que te dicen las canciones. No es ni siquiera lo que te dicen los libros, ni las gestas patrióticas, ni el exceso de drogas. En un sentido, posiblemente lo más macabro que exista sea la libertad. La ausencia absoluta de ataduras de todas las formas de existencia.”

Acto seguido, pasaron a la instancia de trabajar en Buenos Aires, en la casa de Diego, donde Fito empezó a armar las cuerdas. Y finalmente llegó el tramo en los Estados Unidos, donde Abe Laboriel Jr., el célebre baterista de Paul McCartney, se sumó a los músicos de la banda estable: Juani Agüero y Juan Absatz, además del retorno del bajista Guillermo Vadalá.

El resultado incluye canciones de pop beatle, como “Resucitar”, el funk “Las cosas que me hacen bien”, la exquisita balada “La canción de las bestias”, el dúo con Lali Espósito “Gente en la calle”, la cumbia dance “Ey, you!” (con Hernán de Mala Fama y la guitarra de Ca7riel), el rock “Nadie es de nadie”, el toque Elton John de “Maelström” y el cierre bien arriba de “Todo se olvida”. Contundente.

Con respecto al tema final, Fito elabora una idea. “Ahí hay cuatros frases que son el corazón del álbum: ‘Amor es el mejor sentimiento, amor es la palabra perfecta, amar es sagrado, amar es lo único que te dará libertad’. El álbum arriba a eso y después habla con cierta nostalgia de ‘las luces de mi barrio, las luces de mi vida, las de mi eternidad’, que parece una frase de Manzi cantada por el Polaco Goyeneche. Posiblemente sean las influencias de los grandes escritores del tango, que llegan a manera de balbuceos pero llegan porque son enormes.”

Por último, un Páez auténtico, sin casete, concluye: “Este álbum nació incorrecto y está todo lleno de contradicciones. No hay nada a favor de ningún progresismo y sólo hablo a favor de la fiesta, de la libertad y de que en el centro del caos vive el corazón de la fiesta. Una buena canción seguro es una que se sale del molde de la época, está fuera de lo que está pasando, porque es irrupción. Creo que la libertad es algo que todos nos metemos en la boca, y cuando la tenemos cara a cara en la mayoría de los casos salimos corriendo. La libertad no es lo que te dicen las canciones. No es ni siquiera lo que te dicen los libros, ni las gestas patrióticas, ni el exceso de drogas. En un sentido, posiblemente lo más macabro que exista sea la libertad. La ausencia absoluta de ataduras de todas las formas de existencia. ¡Eso es la libertad!”


Agradecimientos: Marcelo Fernández Bitar

*Todas las citas de Fito Páez fueron extraídas del Podcast Más música, más emoción, conducido por Agustín Gennoni y Federico Bareiro.

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