Con días de 18 horas, los primeros meses del año son la época ideal para disfrutar las bellezas del fin del mundo. Aventura, diversidad y paisaje en un destino de invierno que se vive a full en verano.


Si en invierno se celebra en Ushuaia la noche más larga del mundo, en verano la naturaleza cambia su curso y los días se vuelven eternos. Entonces, parece llegar la mejor época para recorrer, navegar o sobrevolar el territorio fueguino.

Sí, es cierto: es probable que ahora la nieve no tiña de blanco las copas de los árboles ni inunde las pistas de esquí del conocidísimo Cerro Castor. Pero cuando el calor –si así se puede describir al clima cuando la temperatura oscila entre los seis y los 18 grados– inunda la ciudad, el sol no se esconde hasta después de la cena, regalando casi 18 horas de luz para admirar la belleza sureña. El tiempo sobra para los turistas.

Con la Cordillera de los Andes enmarcando la vista y el Canal de Beagle de fondo, Ushuaia ofrece un abanico de actividades para conocer desde el circuito turístico típico hasta el rincón más oculto de la Patagonia. Aventura, lujo y gastronomía de la buena: estas son las razones para enamorarse del fin del mundo.

1) Hospedarse en el Arakur Resort & Spa (emplazado sobre una reserva natural): vistas panorámicas desde la infinity pool, restaurante y bodega propia.

Este lujoso hotel cinco estrellas, que forma parte de The Leading Hotels of the World, está emplazado sobre la reserva natural del cerro Alarkén, rodeado de bosques nativos y vistas panorámicas del Canal de Beagle. Dispone de más de cien habitaciones decoradas con muebles de madera maciza, cueros artesanales y equipadas con la última tecnología, spa, fitness center y otras áreas de relax, como la pileta in-out con borde infinito (¡y música subacuática!). En Arakur, además, pueden encontrar el restaurante La Cavia, con un buffet amplísimo que incluye platos de la cocina local (no dejen de probar la merluza negra) e internacional. Un dato extra: para los que disfrutan del trekking, también ofrecen caminatas (con guía incluido) por el bosque del Alarkén.

2) Trekking hacia la cascada Lasifashaj: una joya de la naturaleza no tan famosa.

Esta excursión es, quizá, la más original de todas. La agencia Tierra Turismo comienza su recorrido en 4×4 y encara una travesía por la Ruta Nacional 3. La primera parada es en la Estancia Harberton. Aunque no hay señalización alguna que indique el camino, el conductor sabe que es hora de estacionar el vehículo para lo que sigue: dos horas de trekking fuerte por el medio de la estepa fueguina (fundamental llevar calzado cómodo). El punto de descanso es imponente: la cascada Lasifashaj (su nombre significa “Tierra Mayor”) es uno de los cursos más importantes del sur de la isla Grande de Tierra del Fuego. Contemplar el sonido del agua y conectar con la vida silvestre, para descubrir la magia de la naturaleza escondida.

3) Pesca artesanal de centolla en Puerto Almanza: capturar tu propio almuerzo y degustar la cocina local de los pescadores.

Acá sí se siente el fin del mundo. El recorrido en 4×4 (también con Tierra Turismo) continúa hasta Puerto Almanza, una aldea de pescadores y cuna de la centolla fueguina, para vivir una experiencia distinta: salir de pesca artesanal y degustar un almuerzo gourmet frente al Canal de Beagle. Sí, después de navegar las aguas y aprender sobre las criaturas marinas, los pescadores preparan el menú en una casona antigua que hoy, con algunas remodelaciones en el medio, se convirtió en un restaurante con espacio hasta para 20 personas. La carta incluye bruschettas con paté de centollón ahumado, ceviche de erizo de mar, róbalo, trucha y la estrella de la casa: centolla bien fresca al natural (capturada por los mismos comensales). Para los amantes de la comida caliente también hay opciones: la centolla gratinada con base de cebollitas, coñac y queso crema es imperdible. Todo acompañado con un Pinot Gris de la casa, recomendado por Diana Méndez, capitana y chef de Puerto Pirata.

4) Visita al Parque Nacional: un clásico que no falla (con trencito incluido).

Si quieren conocer a fondo la historia local, esta excursión es la más indicada. Es que, para empezar, el Tren Austral recorre parte del camino que hacían los presos desde la famosa cárcel (construida en 1902) hasta el bosque en donde realizaban sus trabajos forzados. Una vez abajo, se puede visitar la Unidad Postal del Fin del Mundo (dentro hay miles de estampillas coleccionables) y caminar en busca de algunas esculturas de los indios yámanas, los primeros habitantes de estas tierras. Para cerrar, nada mejor que contemplar el silencio de la naturaleza. Hacer un pícnic en el lago Roca (con chocolatada caliente, claro) sí que vale la pena.

5) Navegar por el Canal de Beagle en el Akawaia: con vistas al faro Les Éclaireurs y un brunch sobre el agua.

La excursión marítima es una gran postal para despedirse de Ushuaia. Saliendo desde el puerto, el hotel Los Cauquenes ofrece una embarcación privada, el Akawaia, que navega alrededor de las islas Alicia, Mary Ann y Les Éclaireurs (en francés, “Los Iluminadores”), repletas de aves y lobos marinos. ¡Preparen las cámaras! Desde acá se puede tomar la foto más codiciada por los turistas: la del faro (enclavado en el Canal de Beagle hace cien años). Pero el tour no termina sin antes llegar a bahía Lapataia y degustar un brunch a bordo: variedad de quesos, frutos secos y charcutería local, combinados a la perfección con una cerveza bien fría.