Con la llegada de la temporada primavera-verano, los restaurantes con espacios verdes ganan seguidores. Un café, un cóctel, una pizza o un ceviche: no importa cuál sea el plato o la copa, todo encuentro se torna diferente al aire libre.


De día, los patios y jardines convocan a los que quieren disfrutar del sol o de la frondosa sombra. Por la noche, un encuentro bajo las estrellas resulta tentador. En La Guía de EPU proponemos cinco lugares para disfrutar en estos meses de calor.

Casa Cavia

Ubicada frente a plaza Alemania, en una preciosa casa de 1927 firmada por el arquitecto Alejandro Christophersen, Casa Cavia (Cavia 2985) propone un entorno multidisciplinario que tiene al patio-jardín como corazón. Allí están las mesas para disfrutar del café, el restaurante y la barra según el momento del día, y también funciona como acceso hacia la florería y la librería. La primavera trajo el estreno de un nuevo menú de mediodía, la carta de tentempiés y la de brunch con productos de estación para los domingos, todo a cargo de la chef Julieta Caruso, que pronto también lanzará la renovada carta de principales Festival 02, con inspiración en el cine y las películas que dejaron una marca en la historia. El bar –con Flavia Arroyo y Lucas López Dávalos al mando– convierte al jardín en un sitio perfecto para saborear los cócteles de autor desde el atardecer. Los miércoles allí también se celebra el Bar to Bar, un programa que recibe bartenders invitados para luego devolver la visita en su barra. Mesas de mármol, fuentes de agua y la abundante vegetación dan el marco ideal.

Atte. Pizzeria Napoletana

En los últimos meses, la pizza napoletana sumó opciones en Buenos Aires. Una de las novedades que tiene a este plato como estrella es Atte. (El Salvador 6016), proyecto de Ángeles Zeballos que contó con la asesoría de Anthony Falco, consultor especialista en pizza, quien llevó a la neoyorquina Roberta’s a la fama. Con masas de fermentación lenta, fina en el centro y con bordes crujientes y con burbujas –cocción que le da el horno a leña italiano Pavesi–, la pizza de Atte. hace honor a la tierra que la inspiró. Entre las variedades, se pueden probar las clásicas (margherita y marinara, por ejemplo), algunas de autor –como la pistaccio, con queso Taleggio y pesto de ese fruto seco– o la especial de la semana, como la de ‘nduja, un picante y sabroso embutido italiano. Para beber hay una cuidada selección de vinos a cargo de Aldo Graziani, con interesantes etiquetas para pedir por botella o por copa. Atte. está instalada en una casa renovada que en su lateral tiene un largo patio: de estilo hogareño, con pequeños árboles y plantas y lámparas esféricas que replican la ambientación cálida en el interior y el exterior del local.

Komyūn

Los renovados Arcos del Rosedal –el ex Paseo de la Infanta– sumaron en los últimos meses una opción asiática: Komyūn, restaurante que en su carta condensa platos de las cocinas de ese continente. La locación (vecina a la cervecería Avant Garden, de los mismos dueños) favorece el espacio al aire libre, ya que además del salón principal que queda debajo de las vías del tren, tiene un patio delantero y otro trasero con gazebos que simulan un parador de playa. Tanto al mediodía como a la noche (con guirnaldas de luces incluidas) se puede comer en las mesas al aire libre. El menú está a cargo de Agustín Lucero, con la asesoría de Manuel Tenguan Asato, y propone platos fríos de estilo peruanos nikkei –tiraditos y una rica selección de ceviches–, de gastronomía japonesa –ramen y sushi, entre otros– y calientes de inspiración en el sudeste asiático, como pad thai noodles y carnes al curry. La barra, a cargo de Valentina Lagos Prack y Yuriy Korotych, también es protagonista, con cócteles que retoman la mitología oriental y presencia de sake, ahumados, picantes y flores, entre otros ingredientes.

Home Hotel

Un cerezo florecido, arbustos, árboles, una enredadera que cubre toda la medianera, un gato que merodea y el canto incesante de los pájaros: el encantador jardín de Home Hotel (Honduras 5860) es el escenario perfecto para una comida al aire libre. En los meses de primavera y verano, el restaurante de este hotel boutique extiende sus mesas sobre el jardín, junto a la piscina (exclusiva para huéspedes). Abierto al público en general, sentarse en esas mesas rodeadas de naturaleza relaja e invita a la sobremesa larga para respirar verde. Se puede visitar para el almuerzo y la cena, y los fines de semana y feriados, también para el brunch, todo diseñado por Verónica Yarte, head chef del hotel. La carta brunchera tiene opciones que combinan dulce y salado en combos ya armados pero también secciones de entradas (burrata, alcauciles asados, bagel), huevos (omelette, benedict, rancheros, revueltos), platos principales (desayuno inglés y hamburguesa, por ejemplo) y ensaladas, que se pueden combinar a gusto. Para beber, el menú también es amplio: jugos y batidos, cócteles (un Aperol Spritz o un Home Bloody Mary, entre otros), cafetería o cervezas. Un pulmón para disfrutar con calma en plena ciudad.

Oh No! Lulu

Al pasar la puerta de Oh No! Lulu Tiki Bar & Pupu Platter (Aráoz 1019), el viaje mental a la playa es inevitable: las palmeras y vegetación tropicales, la iluminación cálida y los muebles de ratán dan el ambiente perfecto (inspirado en los ídolos polinesios) que acompaña la propuesta gastronómica. Desde hace casi un año, el proyecto de Ludovico De Biaggi, Luis Morandi y Patricia Scheuer (Gran Bar Danzon, BASA, Grand Café) planteó una veta diferente en la ciudad. Oh No! Lulu es un bar en el que comida y bebida van de la mano, se complementan y potencian. De Biaggi prepara cócteles tiki clásicos, como el Mai Tai, la Piña Colada y el Zombie; los daiquiris, que aquí tienen un ciclo propio (hay que sacarse los prejuicios del pasado y probar estas recetas de la casa), y otros tantos con ingredientes de esa cultura combinados con su visión del oficio, muchos de los cuales se sirven en vasos de cerámica especialmente creados. Para quienes no beben alcohol hay una interesante oferta de mocktails. En la cocina, comandada por Marco Suárez, la apuesta va por platos que se pueden poner al centro de la mesa para compartir, como los poke bowls, la sopa de dumplings de cerdo, la flor de cebolla o el propio pupu platter, una tabla con muchos sabores para probar. Sin tener patio o jardín, este bar es una manera de sentirse cerca del mar.

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