A partir del alcance que tomó la serie Chernobyl, el tanatoturismo reaparece y cobra una fuerza significativa como alternativa para los viajeros. Así, las personas eligen visitar escenarios trágicos para mostrar empatía con las víctimas, contactar simbólicamente con la muerte, por motivación espiritual o, simplemente, porque está de moda.


  • Erupción del Vesubio, Pompeya, Italia

La capa de cenizas emanada por el volcán durante su erupción, en el año 79 d. C., actuó como un sello hermético dejando los cuerpos de las personas y animales en moldes de roca y ceniza endurecida como prueba tangible. Hasta ahora se pensaba que los pompeyanos habían muerto en una agonía por asfixia, pero en un reciente estudio se constató que su deceso fue instantáneo debido a las altas temperaturas, que alcanzaban los 300 grados. Si bien el área fue sepultada, gracias a las excavaciones se han sacado a la luz importantes testimonios arquitectónicos que hoy se pueden recorrer, como el Capitolio, la Basílica y las Termas Estabianas.

  • El bosque de los suicidios, Aokigahara, Japón

En la base del monte Fuji, este forestal de unos 35 km2 es uno de los dos lugares del mundo donde la gente más se suicida (junto con el puente Golden Gate). Se estima que, cada año, entre 50 y 100 personas ingresan en el bosque para nunca regresar, aunque dicen que las cifras oficiales permanecen ocultas. A medida que uno camina por estos senderos repletos de almas que eligen partir de este plano sumergidas en un mar de árboles, se pueden divisar carteles instalados por el gobierno con advertencias para que los suicidas cambien de opinión a último momento. El silencio y la oscuridad se fusionan con la inexistente vida silvestre, motivo por el cual los excursionistas suelen dejar cintas atadas a los árboles para marcar el camino de regreso.

  • Campo de concentración de Auschwitz, Polonia

Este lugar comprende un complejo de dos espacios (Auschwitz I y II) y es el principal centro de exterminio en masa de la historia. Aquí murieron más de un millón de personas que fueron tomadas prisioneras durante la Segunda Guerra Mundial por el régimen nazi. Los primeros en llegar fueron prisioneros políticos, para luego seguirles miembros de la resistencia, homosexuales, gitanos, judíos y todo aquel que no formaran parte de la ideología impuesta por el Tercer Reich. Hoy en día se pueden visitar los pabellones con las habitaciones donde vivían hacinados los prisioneros, los baños, las salas de castigo, el muro de fusilamientos, las cámaras de gas y las celdas.

  • Prisión de Sighet, Sighetu Marmației, Rumania

Construida en 1897 por el Imperio austrohúngaro, funcionó hasta 1918 como prisión para delincuentes comunes, y después, con el régimen comunista, como centro de detención para los disidentes. Allí se albergaba a todos aquellos ciudadanos pertenecientes a la élite, como periodistas, políticos y médicos, que no estaban de acuerdo con el régimen. En 1955 volvió a convertirse en una cárcel común para luego ser abandonada, hasta que en 1993 se fundó allí un espacio de memoria para las víctimas del comunismo. Se pueden visitar las celdas en sus diferentes alturas con objetos y material informativo de lo acontecido.

  • Catacumbas de París, Francia

Los restos de más de seis millones de personas yacen en esta red de 3.000 km de túneles bajo la Ciudad de la Luz. En un comienzo, la población parisina utilizaba estos corredores como canteras de piedra caliza para construir monumentos y edificaciones. Luego, se trasladaron aquí los restos humanos para combatir las contaminaciones por las pestes y epidemias, además de brindar una solución a los colapsos que sufrían los cementerios por la falta de espacio. Los huesos están agrupados en forma de muralla, como si fuesen una pared. Sólo se puede visitar un sector de la catacumba, descendiendo 130 escalones para iniciar un recorrido 20 metros bajo tierra.

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