Un homenaje al cuero: la materialidad que atraviesa a los argentinos
Frente al avance del fast fashion, el cuero recupera protagonismo como símbolo de durabilidad y saber hacer. Una materialidad que redefine el lujo desde la calidad, el tiempo y el oficio.
En Argentina, el cuero no es solo industria: es cultura. Remite al campo y es historia productiva de un saber hacer transmitido de generación en generación. Carga con una memoria y que, lejos de agotarse, encuentra nuevas formas de ser interpretada desde el diseño contemporáneo. En ese cruce entre tradición y presente, su valor se resignifica como lenguaje.
Su olor característico es la carta de presentación al ingresar al local de DEMARIA, el espacio fundado en 1999 por Maria Conorti que toma a la materialidad nacional como punto central en su propuesta. Ese aroma luego se traduce de manera visual en zapatos, carteras, cinturones, sobres y billeteras, pero también es una forma de entender el diseño que se construye desde la materialidad y no desde la tendencia.
En un contexto atravesado por el fast fashion, donde las prendas se consumen y descartan con la misma velocidad, el cuero reaparece con otro peso simbólico. No como novedad, sino como permanencia. Una materialidad que no solo define un producto, sino una manera de hacer.

Después de 27 años en el mercado, la marca da un paso que parece natural: incorporar prendas de vestir y expandir su universo. El cuero deja de ser accesorio para convertirse en lenguaje total, en un sistema que articula identidad, oficio y tiempo.
Materialidad, oficio y permanencia
Si hay un punto de partida, es la materialidad. “La calidad no es una búsqueda estratégica, es casi algo inevitable”, explica María Conorti. La selección de los materiales no responde solo a lo estético, sino a una idea de nobleza: textura, suavidad y la capacidad de envejecer bien con el tiempo.
Durante años, la marca construyó su identidad desde el calzado y la marroquinería. Hoy, ese recorrido encuentra una nueva forma de expresión: la incorporación de prendas. “Las prendas de cuero vienen a completar este universo en un momento donde hay una valoración extrema de la calidad”.

El ADN se mantiene claro y consistente. Calidad, vocación artesanal y diseño atemporal funcionan como estructura de cada decisión. “Creo mucho en hacer cosas que duren, que no pasen de moda y que mantengan su valor con los años”, sostiene la fundadora. “Si un material no tiene la calidad necesaria para convertirse en una pieza elegante, cómoda y atemporal, simplemente no entra en la colección”, suma.
En ese recorrido, el trabajo artesanal se vuelve central. Talleres, manos expertas y una mirada que controla cada instancia. “Mi evaluación de cada producto alcanza hasta detalles casi imperceptibles. La garantía de calidad roza lo absoluto”, explica. El resultado son piezas donde el equilibrio entre forma y función se vuelve esencial: “la comodidad no es un agregado sino una parte esencial del diseño.”, concluye.

