Bel Bozzolo: "Ni en mis sueños más delirantes pensé que iba a estar en una marquesina de la calle Corrientes"
La youtuber pasó de la incertidumbre y el duelo a la reinvención creativa. Una historia de resiliencia que transformó la adversidad en comunidad, humor y contenido propio.
Bel Bozzolo, nacida y criada en Bariloche, llegó a Buenos Aires a los 19 años con toda una adolescencia de teatro encima y sin un rumbo demasiado claro. Se instaló en una oficina reconvertida en casa en Lavalle y Maipú, dormía en el piso del hall de entrada y pasó tiempo pululando entre pensiones y cuartos prestados hasta asentarse en Palermo. Estudió Psicología en la UBA, guitarra, canto, todo en paralelo.
Después vino algo que lo cambió todo: su papá murió tras una grave enfermedad. Bel atravesó ese duelo en carne viva, muy deprimida, sosteniéndose con ayuda profesional. Dejó psicología, se mudó a La Plata, estudió Música Popular en la Facultad de Arte y durante los siguientes años trabajó en gastronomía, tuvo un sex shop y vendió sus productos por internet y ahí, casi sin querer, desembarcó en YouTube.
El miércoles 22 de abril, Bel se subirá al escenario del Teatro Astros para presentar su primer show en una sala de la calle más teatral de Buenos Aires. La acompañarán Martín Cirio, Matías Bottero y Damián Kuc. Para quienes la siguen desde siempre, saben que esto es un hito en su carrera y para los que no, es una buena oportunidad para conocer a una talentosa artista que hace de su sueño una realidad.

–¿Es verdad que vender juguetes eróticos fue lo que te llevó a convertirte en creadora de contenido?
–En la pandemia estaba con un laburo muy mal pago en La Plata, vivía en un departamento en Berisso que estaba un poquito deteriorado, por no decir del todo: ¡Imaginate que me calentaba con una botella de plástico con agua caliente! Hoy me pongo a pensar que no era tan caro comprar una bolsa de agua caliente (se ríe).
Mi hermano me dijo: “Necesitás salir de la gastronomía, tenés mucho potencial desperdiciado. Te regalo una plata y con eso empezás algo”, y me puse un sex shop. El problema es que en internet no podés pagar publicidad para ese rubro porque te banean enseguida, entonces lo que te recomiendan es que te hagas conocida vos misma para que la gente llegue a tus redes y te compre. Empecé a hacer videos para la tienda, a la gente le gustaba cómo hablaba y me pedían que hiciera videos de otras cosas también. Ahí arranqué con TikTok.
–¿Te acordás cuál fue el momento bisagra o el video que explotó y te hizo dar el salto?
–Fue un día muy concreto, me acuerdo perfecto. Estaba en TikTok, había habido una interna en una radio, una pelea, y nadie la estaba explicando. Todo el mundo pedía que alguien hiciera un video sobre eso, yo también lo pedía, hasta que dije: “Lo puedo hacer yo”. Lo grabé, lo subí y funcionó superbién. Me escribió Santi Maratea, que había visto el video, empezamos a hablar y me recomendó con su comunidad. Después un amigo productor me regaló la idea de un formato que compilaba todo lo que pasaba semanalmente en Twitter, se llamó “Una semana en Twitter Argentina”.

–¿Y cuándo surge tu formato diario superexitoso de “Pastillitas, falopitas y virales”?
–Stremeé una nueva edición de "Gran Hermano" y eso me trajo mucha audiencia. Empecé a trabajar con María O'Donnell en Urbana Play, en la primera mañana y mientras tanto subía algunos videos con cosas que me llamaban la atención. “Una semana en Twitter Argentina” tenía un video secundario con lo que me quedaba afuera, lo llamé “Pastillitas”. Cuando arranqué en la radio, el volumen de trabajo se fue a un nivel descontrolado, fue un año muy duro. Pero en ese proceso me di cuenta de que había adquirido un ritmo y un know-how increíble de levantar noticias diarias, hacer un sumario y producir contenido y pensé que podía hacer todo eso para mi canal en vez de para el programa de otro.
Lo que yo siempre quise fue trabajar para mí. Hablé con mi comunidad, les pedí que me ayudaran y lancé las suscripciones de miembros, que son personas que ponen un aporte mensual para que yo pueda crear contenido y, a cambio, tienen un video extra semanal. Se unió un montón de gente y gracias a eso renuncié a la radio y empecé a hacer las “Pastillitas” diarias.

–Contame cómo fue el desembarco en calle Corrientes, ¿cómo te llegó la propuesta para llevar las “Pastillitas” al vivo en el Teatro Astros?
–En 2025 participé de un show de un amigo, "Navaja Crimen", donde él presentaba sus filminas de manera humorística. Entre el público estaba Jere Madrazo, quien hoy es mi mano derecha y productor ejecutivo. Cuando terminó el show me dijo: “Amiga, vos en el escenario sos increíble, tenés que hacer algo tuyo”. Escribí un stand up y armamos las “Pastillitas en vivo”. Hicimos dos funciones en La Paz Arriba, esa fue la primera experiencia, fue hermoso.
Este año me contactaron otras dos seguidoras, una es Ceci Santos y la otra sos vos, que me estás entrevistando ahora (se ríe), que ven el canal hace mucho tiempo y me propusieron llevarlo a una escala más grande y profesional con mucho más recursos técnicos. Ni en mis sueños más delirantes pensé que iba a estar mi cara en una marquesina de la calle Corrientes. Siento que esto es un hito en mi carrera y también tiene que ver con celebrar junto a mi comunidad, porque esto es un logro colectivo.
–¿Todo ese crecimiento tiene que ver con algo interior que fuiste modificando para que se traduzca en el exterior?
–Totalmente. Martín Cirio me decía que tenía que mudarme de La Plata a Buenos Aires para poder pegar el salto. Volví en 2023, ahí todo se empezó a mover y yo me estaba quedando corta. Lo que pasa cuando te cambia la vida muy rápido es que tenés el cerebro de la vida anterior en una vida nueva y hay que reacomodarse. Empecé una terapia que me recomendó una amiga, de la rama cognitivo-conductual, que se llama terapia de aceptación y compromiso. Ahí pude fortalecer y construir mi autoestima, que la tenía por el piso.
Yo era muy insegura, no creía en mí misma, pensaba las cosas en función de mi vida anterior, que todo era imposible para mí, que era una pobre camarera, y la terapia me fue ayudando a abandonar ese estado y a conectar con todo lo que no sabía que podía. Creer en una misma hace que desde afuera te vean diferente. Hoy sigo yendo porque también me acompaña en el descontrol que es tener exposición: de repente hay personas que te detestan, haters, gente que te saluda por la calle, viralizaciones, todo eso es una carga emocional muy pesada.

–Volviendo al show, no vas a estar sola en el escenario, tenés como invitados a Martín Cirio, Matías Bottero y Damián Kuc. ¿Qué podemos esperar de ese delirio compartido entre amigos?
–Es un grupo que se formó muy locamente. Yo me hice amiga de Martín primero, pero él en ese momento estaba peleado con Mati por algo que había pasado en redes. Había gente que quería mediar para que se reconciliaran y yo fui parte de esa gestión; finalmente lo logramos. Un día dijimos de juntarnos los tres y Mati propuso invitar a Damián, así que nos juntamos los cuatro y fue un flechazo de amistad absoluto, nunca nos separamos. Nos juntamos una o dos veces por mes a comer, ver videos y a hablar de todo el mundo (se ríe). La gente empezó a enterarse de esa amistad y se armó una mística alrededor del grupo. Ya estuvimos los cuatro juntos en el show de Martín en el Movistar Arena y en el de Mati en el Gran Rex, ahora toca el mío, no me pudieron decir que no (se ríe).

