Nhay Viera: "Sé que cuando me pongo una meta y la cumplo, puedo ir por más"

La cantante se abre camino en la escena musical argentina y se perfila como una de las voces con mayor proyección en las plataformas. Aquí habla de su presente artístico, del proceso detrás de sus nuevas canciones y de los desafíos de una carrera en desarrollo.

Tenía nueve años cuando subió por primera vez a un escenario. En la noche de un bar de San Martín, los presentes escuchaban a una banda de rock hasta que, de invitada, apareció ella: una nena con una voz enorme, cantando “Juntos a la par” como si ya supiera que ese iba a ser el comienzo de todo. Su papá, orgulloso, la miraba desde abajo sin imaginar que esa escena, casi improvisada, sería el inicio de un camino que cambiaría a la familia para siempre.

Desde entonces, Nhay Viera convirtió cada escenario –desde los más pequeños de festivales barriales hasta los enormes de los realities televisivos– en la forma de contar su historia. Con una carrera que crece entre colaboraciones y nuevas canciones, repasa junto a El Planeta Urbano su recorrido, los aprendizajes que dejó la exposición mediática y el presente creativo que la encuentra disfrutando del mejor de sus destinos: ser ella misma.

–¿Qué recordás de esa primera vez en el escenario, ante un público que no esperaba ver a una nena ahí?

–Estaba alegre, ese sentimiento no me lo olvido más. Me bajé del escenario y le dije a mi papá: “Yo quiero vivir de esto”. Creo que a partir de ahí no paré nunca: empecé con eventos culturales de San Martín, canté rock, cumbia, cuarteto, para nenes, para jubilados… No sabía qué estilo quería interpretar, pero sí que mi sueño era ver desde ahí arriba que la gente se divirtiera al escucharme, cambiarles al día al menos un ratito.

–¿Y qué dijo tu papá, manager de una banda de rock? ¿Pensó: “Ahora tengo que meterme en otro mundo”?

–(Se ríe) Sí, totalmente. La música nos ayudó mucho como familia. Al poquito tiempo de que empecé a cantar, mis papás se quedaron sin trabajo, y nosotros somos cuatro hermanos, había que buscar la forma de mantenernos. ¿Y cuál fue la salida? La música. Yo, sin vergüenza, me empezaba a animar a dar shows; mi papá me acompañaba con la compu para pasar las pistas, y así fuimos armando presentaciones que nos ayudaron a solventarnos durante mucho tiempo. Y siempre lo disfruté, no asimilaba el concepto de “esto es trabajo” porque realmente lo disfrutaba. Aunque fuera una necesidad inmediata, lo hacía con todo el amor del mundo y con la suerte de que mi viejo estuviera ahí conmigo.

–¿Cómo vive tu familia este presente?

–Son felices por verme feliz. Me apoyaron en cada decisión y me abrazaron en todas las pequeñas caídas. Hace un montón que estoy en este camino; fui muy insistente y perseverante desde chiquita. Y en el medio me pregunté muchas veces si la música era para mí, porque canté en bares, en eventos, me anoté a concursos, realities… Pero miro para atrás y me digo: “Tengo 23 años, me falta un montón por recorrer todavía”.

–Encima, ¡en qué concursos! "Canta conmigo ahora" fue en un canal de aire, en un horario central y con cien personas juzgándote delante de todos.

–No me hagás acordar (se ríe). Justo el otro día, un seguidor me comentó: “¿Por qué no te anotaste en La voz?”. ¡Sabés los nervios que me dan los castings! Fue linda la experiencia, pero no volvería a ir a uno.

–¿Cómo manejaste esa exposición?

–Fue difícil. Fui a hacer lo que sé hacer, siendo yo misma y dando lo mejor de mí. Si gusta o no gusta, ya es ajeno. Tuve que aprender eso. Pero me acuerdo de que las grabaciones eran temprano, a veces las canciones no iban con mi estilo, estaba frente a cien personas grosas cantando y no sabía cuál era el resultado… Todo generaba mucha tensión.

–Arrancaste cantando rock a los nueve, y luego, dentro del jurado, tenías a nada menos que Celeste Carballo y Patricia Sosa. Las vueltas de la vida.

–Sí, y siempre con la mejor. Fue hermoso cruzarme con ellas. Valoré mucho las críticas constructivas, las que me señalaban en qué mejorar. Muchas devoluciones venían desde ese lado y así logré avanzar hasta las instancias finales.

–Así como en ese momento la exposición fue nada menos que en la televisión, hoy seguramente la vivís en las redes sociales. ¿Cómo manejás los comentarios, el hate?

–Me río mucho. El otro día, uno decía: “¿Por qué no te dedicás a otra cosa?”, y le respondí: “Dale, si me das trabajo, estoy” (se ríe). Si estás enojado o tenés algo personal, no te la agarrés conmigo. Yo voy a ir desde el humor, porque los recibo así. Leo todo lo que me escriben, porque es una manera de conectar con quienes se toman un tiempo para escucharme. Además, me sirve en lo musical.

Me pasó por ejemplo con “Osito”, una de las últimas canciones que saqué sola. La subí una mañana a TikTok, relajada, para compartirla nomás, sin planear nada. Se pegó totalmente: me llegaban menciones, videos, y muchos comentarios me insistían “Hacela en balada”. Hablo con mi equipo, también me sugieren grabarla así, pero para mí iba a ser aburrida. La hago en cumbia, de terca nomás (se ríe). ¡Y me la seguían pidiendo en balada! Listo, era por ahí. Y así fue, gustó mucho. Esa retroalimentación me sacó de mi zona de confort, me desafió, y después me encantó.

–Algunos dicen que cuando el cuarteto reversiona una canción, la arruina. Yo, en cambio, creo que cuando una canción llega al cuarteto es porque tiene todo para ser un hit. ¿Qué pensás vos?

–Coincido plenamente. A mí el cuarteto me encanta, me apasiona. Es movimiento, garra, alegría. Pasar una canción a cuarteto es darle vida, mostrar algo más. A veces le digo a mi productor: “Me gustaría hacer este tema para que, cuando lo escuchen, den ganas de armarse un fernet con Coca y ponerse a bailar con los amigos” (se ríe). Quiero generar esos momentos de disfrute.

–Si hay una banda que hoy todo lo que toca lo convierte en hit es, sin duda, La K’onga, y grabaste tu última canción, “Nunca es tarde”, justamente con ellos. ¿Cómo fue esa experiencia?

–Hermosa, estoy muy contenta. Me acuerdo de que le mandé por Instagram un mensaje a Nelson [Aguirre, vocalista de La K’onga] diciéndole: “Hola, ¿cómo estás? Buen día, perdoná que te joda, ¿puedo mandarte un temita que tengo ahí grabado?”.

–Ah, no fue una colaboración estratégicamente producida, sino que te mandaste nomás.

–¡Sí, de caradura! Y él, re buena onda, me respondió que sí, que se lo mandara y lo veíamos. ¡Imaginate cómo grité cuando vi la notificación! Encima soy de las que no cuenta nada hasta que pasa; lo sabía mi equipo, pero no pensaron que se iba a dar de una manera tan genuina y colaborativa. Lo probaron, lo hicieron, me lo mandaron y estuvieron al tanto de todo el proceso.

Después de grabarlo, un lunes me llama Nelson y me dice: “Che, Nhay, el jueves o viernes viajo de Córdoba para Buenos Aires, ¿estás para grabar el videoclip?”. ¡Olvidate! En dos días armamos todo. Fue una experiencia increíble, sobre todo por la posibilidad que me dieron como artista emergente. Hoy todos tenemos la chance al alcance de un DM, pero no siempre del otro lado te brindan la oportunidad como lo hicieron ellos.

–¿Cómo ves la escena musical en cuanto a presencia de mujeres? El cuarteto, sin duda, es un estilo copado históricamente por hombres.

–Me encantaría que hubiera más mujeres, claramente. Veo muchas colaboraciones de hombres con hombres, o solo eso, mujeres como invitadas. Lo mismo en los streamings, conducidos por hombres que invitan a hombres y crean entre ellos. Me gustaría que hubiese más paridad, no que solo seamos “invitadas a”. Hay artistas talentosísimas, con mucho carisma. Euge Quevedo es una de tantas: la está rompiendo.

–Ella también estuvo en un certamen de televisión; no ganó y sin embargo no bajó los brazos.

–Es una guerrera, una gran referente. La sigo desde hace mucho tiempo. Si le hubiera dado bolilla a lo que le dijeron en la tele, no hubiera llegado donde está ahora. A veces no es el momento, no es el lugar, pero va a pasar: ese sueño se va a cumplir porque la pasión está.

–¿A qué artista le mandarías hoy un DM para una colaboración?

–A Ángela Leiva, ¡y ya va a llegar esa oportunidad, no lo dudo! A los 14 años, también de caradura, fui telonera de ella en un show en mi barrio. Esa noche le dije al manager: “¿Puedo subirme a cantar con ella?”, y me invitaron para hacer “Amiga traidora”, un temón. Fue increíble. Y el otro día encontré el video y lo compartí en las redes diciendo: “Ángela, me parece que tenemos que revivir este momento” (se ríe).

–Cazzu hizo lo mismo con Karina: le compartió una foto de hace un montón de años, cuando fue a verla en Jujuy, y después grabaron una de las canciones más pegadas del año.

–Sí, y siendo de dos géneros totalmente distintos, se unieron y fue furor. Creo que va por ahí el concepto de colaborar: estar juntas para un mismo lado. Es un honor para nosotras, las más chicas, que ellas nos banquen.

–Tenés varios tatuajes, pero hay uno que se distingue en tus videos: el que dice “Destino”. ¿Qué representa ese concepto para vos?

–Creo demasiado en el destino. Siento que las cosas pasan por algo, todo llega. También tengo en el pie la palabra “Éxito”. Cada vez que decidí llevarme eso a la piel fue un quiebre. Ni yo sé qué es el éxito, eh. Pero sí sé que cuando me pongo una meta y la cumplo, puedo ir por más. Tal vez ese sea mi éxito: el camino, lo que va sucediendo y que siempre me propone llegar más lejos.

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