Tatu Glikman: "La vida no pasa por drogarse en un antro y después sacarse una foto"

Luego de su paso por En el barro y con su primer protagónico en Amor animal, la actriz da un salto decisivo en su carrera. En esta charla, habla del desafío de sostener un personaje central y de las exigencias del rodaje.

En las fotos, Tatu Glikman usa un estiloso atuendo negro, pero en la vida irrumpe en esta entrevista con una remera de la película "Una mujer bajo influencia". Tatu es una rareza: puede encarnar a Kaia, la piba trabajadora que intenta pegarla en el trap en "Amor animal", entregarse a las escenas más frenéticas junto a su compañero en la serie, Franco Masini, jugar a este Amor sin barreras violento y desolador junto a Valentina Zenere, Santiago Achaga, Olivia Nuss y Toto Rovito, pero también ser la chica de "Entrelazados" o la China, cara quemada, reina de OnlyFans en la serie "En el barro".

Le pone una entrega envidiable a cada personaje, hace creíble todo lo que toca. Tatu es una actriz bajo la influencia de la verdad y además sabe quién es John Cassavetes. Resistirse a ella es imposible.

–Tu remera me lleva a preguntarte: ¿quién es la mejor actriz de la historia y por qué Gena Rowlands?

–(Se ríe) Me encanta que ya me lo hayas respondido. Gena, ¡qué mujer, por favor! Encima después de ver esta película busqué mil cosas en Google; entre ellas, leí que John Cassavetes hipotecó su casa para filmarla. Qué locura, cuánto amor puesto ahí.

–Por tus gustos cinematográficos y por tus trabajos en "Amor animal" y "En el barro", sospecho que te tira ese tipo de actuación donde no te quedás ni con un resto, ¿es así?

–Totalmente, las dos series fueron extremas a nivel de intensidad, y yo estoy muy cómoda en ese registro porque a veces la vida real se pone aburrida, ¿viste? De hecho, la diaria es bastante rutinaria, cuesta no confundir esa monotonía con tristeza. Entonces, cuando estoy haciendo ficción me gusta irme a los extremos, salir cansada del set y seguir pensando en qué más le puedo dar a mi laburo. Kaia, mi personaje de "Amor animal", es intensa y se vincula de esa manera, como los demás personajes de la serie. Todos manejan un volumen de emociones muy alto.

–Hablando de volumen, la música está muy presente en la serie porque Kaia quiere triunfar en el mundo del trap. Vos componés, ¿tuviste algo que ver con las letras de las canciones?

Es mi primer protagónico y la responsabilidad de llevar adelante la parte musical era muy grande. La gente del sello Dale Play fue quien compuso las canciones. A mí me gusta escribir, hago música, todavía no saqué nada, pero estoy en eso. ¡Quién te dice que este año muestro mi material! He estudiado mucho escritura y específicamente poesía, entonces en algunos pedacitos que eran un puente musical, yo proponía alguna cosa y gustaba. Por suerte me dieron el lugar para que lo hiciera y lo re agradezco, porque fue un planazo.

–Leí por ahí que no sos pudorosa, pero acá había que poner la carne, literal. ¿Cómo te llevaste con eso?

–La verdad es que muy bien. Hay algo que hablábamos mucho con Franco y es que no dejamos de prestar atención a la actuación, ese es el núcleo de todo, entonces no importa si tenés puestas siete capas de lana o si estás desnudo. No parás de pensar si estás actuando como querés, conectando, escuchando, diciendo bien el texto. Y específicamente con las escenas de sexo, tenemos una coach de intimidad que viene con un contrato, te tomás un café y dice: “Poné tus límites”. Los directores entienden desde qué ángulo filmar para hacer su laburo sin interferir con la comodidad, están muy hablados el cómo y el hasta dónde. Te digo que a mí me supone más desafío una escena dramática, una de baile o una de canto que una de sexo, pero reconozco que eso es muy personal.

–No queremos hacerle fama de obsesivo a Sebastián Ortega, con quien ya trabajaste en la serie "En el barro" y ahora en "Amor animal", pero se dice que, como es muy detallista, los actores siempre tienen alguna anécdota al respecto. ¿Cuál es la tuya?

–Yo recuerdo esta: en uno de los recitales, Kaia está compartiendo escenario con BM, y hay muchos extras que hacen del público. Sebastián no estaba presente en el set cuando se filmaba esa escena porque tenía como 30 proyectos juntos, viste como es él (se ríe). Así que Sebastián estaba en la Argentina y nosotros rodando en Uruguay, pero de repente lo escucho diciendo: “Faltan celulares grabando el show entre el público, tienen que ser más”. Yo me preguntaba cómo podía dar indicaciones, pensaba que había alucinado. Y no: el hombre estaba haciendo una videollamada desde otro set en Buenos Aires mientras miraba nuestras escenas. ¡Ese es su nivel de omnipresencia!

–Mientras contabas esto de Sebastián, pensaba que en la serie el foco está puesto en los jóvenes, pero los guionistas y los directores pertenecen a otra generación. ¿Cómo trabajaron las situaciones y el lenguaje para que suenen reales?

–Creo que ayudó el hecho de que los actores tuviésemos edades parecidas a nuestros personajes. Recuerdo un diálogo con uno de los directores, Guillermo Rocamora, porque Kaia decía: “¿Qué onda, ñeri?”, y yo le comenté que no usaba esa palabra. Así es cómo íbamos construyendo algo un poco más real y cercano a la juventud de hoy, que como muestra la serie está bastante rota. La vida no pasa por drogarse en un antro y después sacarse una foto; esas personas cuando termina la fiesta se deprimen, lloran, no saben vincularse. Ese limbo vincular es algo que, en alguna medida, estamos padeciendo todos a nivel social.

–Además de Guillermo Rocamora, la serie tiene a otros dos directores muy reconocidos: Pablo Fendrik y Paula Hernández. Justamente Paula es alguien que en sus películas ha retratado muy bien los vínculos. ¿Su mirada influyó en tu trabajo?

–Paula me hace ser mejor actriz, no tiene miedo de marcarme cosas y eso hace la diferencia. Había una escena puntual en la que tenía que decir: “Metete el trabajo en el or...”. No me salía y la hicimos como treinta veces hasta que más o menos quedó. Dos semanas después, Paula me preguntó: “¿Y si grabamos el audio ahora entre nosotras?”. Lo hicimos y salió perfecto. Tiene un don para saber lo que podés dar y te pincha hasta sacar lo mejor. Fue un placer trabajar con ella. Te cuento una: siempre me encantaron sus películas y decía: “¿Qué tengo que hacer para trabajar con Paula Hernández?”. La respuesta que me dio el universo fue este proyecto, ¡me volví loca!

–Esto de esperar un laburo está siendo una gran preocupación para los actores, porque con el cine parado y la televisión sin ficción se complica la continuidad laboral. ¿Para vos es un tema?

–Sí, es una preocupación constante. Yo, por suerte, desde hace dos años vivo de la actuación. Pero también… A ver cómo te digo esto… Todo enero estuve cuidando perros para hacerme un ingreso más, me ocupé de un galgo y de un caniche que se llamaba Favio y me cagó toda la casa (se ríe). Me sentía medio Hannah Montana, porque de repente hoy estoy toda montada por estrenar una serie y hace dos minutos hice unos turnos en el local de una amiga estampando remeras para agarrar un mango más. Entonces sí, es una preocupación terrible. Antes se decía: “Esta la pegó”; hoy el concepto de pegarla ya es raro, ¿viste? Yo siento que la pegué si estoy trabajando porque a mí me gusta actuar, pero si después se te termina el laburo, dejás de pegarla, eh. El momento de la verdadera felicidad es levantarse, tener que ir a grabar trece horas y que te paguen por actuar. Eso es una locura para mí porque hago lo que realmente me gusta.

–Hablando de gustos, me parece que tenés uno en común con tu compañero Franco Masini y es el interés por la moda. ¿Será?

–Uf, la moda me encanta. Tengo marcas que me gustaron desde siempre y pensaba: “Bueno, cuando les sirva vestirme los voy a contactar”. Eso fue pasando de a poquito con Kostüme, por ejemplo. También con Ay Not Dead. Hoy estoy toda vestida por ellos; de ahí es la remera de Cassavetes, te paso el dato.

–Siguiendo este juego de las coincidencias con Franco, él vive desde siempre en el mismo barrio, Florida. No lo sacan de ahí ni con una orden judicial. ¿Vos seguís firme en Villa Crespo?

–Sí, siempre viví ahí; tuve un paseíto por otros lados, como Boedo o Almagro, tampoco es que me hice la loca, pero hace un año volví a Villa Crespo. Es mi barrio y está igual. Aunque ya me contradigo un poco porque se está haciendo medio Chacagiales. Pero Villa Crespo tiene algo personal; para mí es como un álbum de recuerdos. Yo ahora vivo a cinco cuadras de donde paseaba a mi caniche que se me murió a los 15, conozco a los dueños de los negocios, es un barrio que está cerca de todo. Tengo de vecina a mi amiga Oli Nuss que también actúa en la serie y también a Toto Rovito. El domingo fuimos con todo el elenco de "Amor anima"l a un bingo y después a mi casa, que queda a cinco cuadras. Eso es re lindo porque al final a tu casa la hacen los amigos. No ganamos nada jugando pero nos divertimos, nos dieron de comer pastas y nos tomamos un vino. Qué bien estuvo ese domingo.

Fotos: Adrián Díaz

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