Dolores Fonzi: "Entendí que yo tenía que militar con lo que hago: películas"
Belén, el film que la tiene detrás de cámaras como directora y delante de ellas como actriz, pone de relieve el caso que movilizó la marea verde y abrió debates sobre derechos y justicia. “Tenemos una película que me representa y que siento necesaria”.
Dolores Fonzi recibe a EPU en el marco de la promoción de Belén, la película que dirige y protagoniza. El film, que en su segunda semana de exhibición en la Argentina superó los 50 mil espectadores, se inspira en el caso de una joven tucumana que estuvo 881 días presa, acusada de haberse provocado un aborto, y que logró recuperar la libertad gracias al trabajo incansable de la abogada Soledad Deza. La historia no solo reconstruye aquel recorrido judicial sino que refleja la transformación social que abrazó la causa, un movimiento que desembocó en conquistas históricas, como la legalización del aborto en la Argentina.
La primera respuesta satisfactoria fue de la crítica especializada, que unánimemente destacó el trabajo de Fonzi como directora y el valor artístico de la película, y luego llegó el respaldo de la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de la Argentina, al elegirla como candidata nacional para competir en la categoría de Mejor Película Internacional en los premios Oscar 2026 y para los premios Goya. Además, hace solo unos días hubo un adelanto de lo mucho que el film puede llegar a obtener en materia de galardones: Camila Pláate recibió la Concha de Plata a la Mejor Interpretación de Reparto en el Festival de San Sebastián por su gran trabajo como la protagonista de la historia.
Fonzi, que ya había demostrado su pulso detrás de cámara con Blondi, explica que este proyecto la encontró en un momento de madurez artística y de compromiso personal: “Siento que hay algo de la militancia, desde el Ni Una Menos hasta el 2020 con el aborto, que me dio muchas herramientas de lo que es el trabajo colectivo”, reflexiona.

–Tu compañero, Santiago Mitre, hizo Argentina, 1985, y vos ahora hacés Belén, dos films sobre hechos fundacionales de nuestra historia. ¿Es coincidencia?
–No, es la necesidad de visibilizar. Lo mío apareció casi como por arte de magia. Yo ya militaba el caso de Belén desde que gané un premio con el cartel “Libertad para Belén”. Leticia Cristi, la productora, lo vio, luego salió el libro de Ana Correa y lo compraron en K&S. Siempre pensaron en mí para el papel de la abogada. Pasó el tiempo, no tenían directora, yo estrené Blondi y entonces se dieron cuenta de que podía hacerlo. Me ofrecieron la reescritura, la dirección y la actuación, y dije que sí. Lo sentía propio, tanto por la militancia como por el caso en sí. Además, me parece valioso que Belén es una película que nadie esperaba. Trabajamos tranquilos, con un esfuerzo enorme para estrenar rápido y sin riesgos.
Hoy tenemos una película que me representa, que me gusta y que siento necesaria. El caso tiene también algo épico: Soledad Deza, con una vida convencional en Tucumán, de repente se enfrenta a una injusticia enorme y decide poner el cuerpo. Empieza a juntar gente, a trabajar colectivamente, y logra liberar a Belén en apenas cuatro meses. Es el camino del antihéroe que se convierte en héroe y demuestra que cualquiera de nosotros puede ser esa persona si se lo propone. Argentina, 1985 hablaba de la memoria frente al negacionismo; Belén habla de derechos adquiridos que hoy intentan hacernos olvidar. Ambas son películas fundacionales y necesarias.
–Estamos en una época en la que solemos mirar para otro lado. ¿Creés que la película trae un mensaje contra esa indiferencia?
–Sí. Ves bebés muriendo en Gaza por el celular de tu hija y parece algo normal. Es aberrante y estamos demasiado cerca como para que no importe. Belén trae una mirada esperanzadora: recuerda que si en ese momento se pudo, hoy también se puede. Nos enfrenta a la costumbre de no ver la realidad, de pasar al lado de alguien que duerme en la calle y no reaccionar. Reivindica la unión y la sensación de que podemos cambiar algo.

–¿Estabas preparada para el rebote?
–La contraofensiva siempre existe. No me importa demasiado. Somos millones los que salimos a la calle, y por eso no pudieron tocar ese derecho. Hablan del tema para distraer, pero meterse con eso es demasiado torpe incluso para ellos.
–Aunque también puede recaer sobre vos, como figura.
–Puede ser, pero yo estoy tranquila en mi casa. Ya me han amenazado antes, cuando saqué un video. Igual siento orgullo de estrenar esta película ahora. Como cineasta, lo peor es el estreno: en mi corta experiencia de dos películas, aprendí que el estreno te expone y te vacía. Pero también es el momento en que la película ya no te pertenece y empieza a ser de los demás. Eso es hermoso y doloroso a la vez.
–Más allá del estreno, después llegó San Sebastián.
–Sí, y eso fue especial. Es un festival amigo de la Argentina y de nuestro cine. Fue el primer festival al que fui, a los 22 años. Competí varias veces, fui jurado de la competencia oficial. José Luis Rebordinos (N. de la R.: director del festival)es muy querido en la industria latinoamericana porque apoya estas películas y quiere visibilizar estas problemáticas. Es un lugar donde la película fue muy bien recibida.

–Además estuvieron muchos argentinos, incluso Fito Páez.
–Sí, se armó una troupe linda. Fito tocó en la fiesta y además puso cosas hermosas en redes sobre la película. Hay algo de la necesidad de esta obra que se celebra, y cuando los amigos lo celebran, se siente especial. La contraofensiva puede venir, pero los amigos siempre estarán.
–Y siempre queda responder con arte.
–Claro. Como le dijo Fito a Lali: “Tenés que responder con tu trabajo”. En 2018 y en 2020, la militancia fue agotadora, y ahí entendí que yo tenía que militar con lo que hago: películas.
–Hay algo lindo: no hiciste la gran Alan Parker con Evita, sino que trabajaste con actores de Tucumán. ¿Fue una decisión buscada?
–Sí. Quería que el elenco fuera básicamente tucumano. Las que somos porteñas no hacemos de tucumanas porque sería una interferencia satírica que no me interesaba. El casting es federal: tucumanos, salteños, santiagueños. Eso le da identidad, aunque la película trasciende lo localista. Podría haber ocurrido en cualquier parte del mundo donde no está aprobada la ley.
–Es una película de juicio.
–Sí, y creo que cuando el origen es personal, se vuelve universal. Blondi era una historia pequeña, pero cualquiera podía identificarse. Lo mismo pasa acá: no hace falta ser feminista, abogada o estar presa para entenderla. Es cine: podés reír, llorar, viajar. No es un documental ni un panfleto, sino un relato humano que recuerda que si pudimos antes, podemos ahora. Y es esperanzador: salís de la película diciendo: “Sí, se puede”.

–¿Qué le pasó a Dolores cuando volvió a ser actriz después de dirigir?
–Hice La casa de los espíritus, que aún no salió. Fue durísimo, largo y cansador. Y acabo de volver de Chile de filmar Mis muertos tristes con Pablo Larraín. En la otra tuve que hablar en chileno; esta vez era argentina. Conocí a Mercedes Morán, con quien nunca había trabajado, y tuve un crush inmediato. Pablo es un director increíble y la experiencia fue espectacular. Igual necesito descansar: hace dos años que no paro un día.
–¿Tus hijos vieron Belén?
–Sí. Se emocionan y me miran raro, pero entienden que cuando no estoy es porque hago esto. Me gusta que lo vean así. Igual siento que tengo que parar un poco, vaciarme para volver a llenarme.
–¿Y el teatro?
–No, me da claustrofobia. No me puedo mover ni viajar. Admiro a mis amigos actores, pero por ahora no puedo. Me gusta mucho más el cine.
–Quizás en un año sabático.
–Mejor sabático sin hacer nada (se ríe). Aunque en realidad siempre hay que escribir y trabajar en los próximos proyectos. Ya estoy pensando la tercera película. Por ahora, me tomaré un tiempo, pero sé que voy a seguir rompiendo las pelotas.

Fotos: Nora Lezano y Gabriel Machado
Agradecimientos: Prime Video y MA PR

