Daniel Hendler: "Me gusta actuar y dirigir, y hacer ambas cosas a la vez no deja disfrutar plenamente ninguna"
Es una de las caras más reconocibles de la industria rioplatense y está cerrando un 2025 intenso entre alfombras rojas, rodajes en Uruguay y estrenos, como 27 noches y Un cabo suelto. Con más de dos décadas de carrera, analiza su trayectoria, la experiencia de dirigir y actuar al mismo tiempo y la manera en que la vida y la adultez cambian la mirada sobre cada decisión.
Con una calma siempre envidiable, Daniel Hendler pasa sus días entre alfombras rojas de festivales internacionales, rodajes en Uruguay y la presentación de varios proyectos recientes. A la irreverente División Palermo, de Netflix, sumó su protagónico en Los mufas. Suerte para la desgracia, de Disney+, donde se reunió con Gabriel Medina, con quien compartió Los paranoicos. También volvió a trabajar con Daniel Burman en El resto bien, serie que veremos por Flow, donde comparte dirección y un pequeño papel, celebrando un vínculo de más de 20 años.
A punto de cumplir los 50, y con próximos estrenos como director con las películas Un cabo suelto y 27 noches (que adapta la novela de Natalia Zito inspirada en la artista plástica Natalia Kohen), Hendler revisita sus trabajos y el camino recorrido. “Uno ya no ve la vida como caminos con bifurcaciones posibles, sino con un destino que aparece por primera vez”, le dice a EPU.
–¿Cómo estás viviendo este año tan intenso?
–En realidad, más que el año, diría que son los últimos tres años. Todo lo que hice en ese período se está estrenando ahora, generando una sensación de saturación que parece exagerada. Pero fueron tres años de proyectos lindos, y ahora toca tratar de conectar con todos al mismo tiempo y darles la atención que merecen, revisando cada detalle, la repercusión, y tratando de integrar todo lo que fui haciendo. Es un desafío emocional y logístico que implica organizar prioridades y dedicar tiempo a cada estreno, reflexionando sobre cómo cada proyecto se conecta con mi recorrido.

–¿Es difícil reconectar con proyectos grabados hace tiempo?
–Sí, pero la memoria se despierta rápido. Las películas siguen vivas; incluso después de terminadas, aparecen ideas o sentidos nuevos que uno no había advertido. Uno termina la película, pero ella sigue trabajando y migrando hacia otras interpretaciones, y uno sigue pensando y procesando lo que hizo, a veces entendiendo cosas recién un tiempo después. Es como si los proyectos tuvieran vida propia, que continúa más allá de nuestra participación inmediata, y uno va descubriendo matices, guiños y pequeñas cosas que antes pasaban desapercibidas. Esa sensación de que las películas siguen vivas es una de las cosas que más me fascinan del cine: nunca termina de cerrarse, siempre hay algo que permanece y sigue resonando.
–Hiciste la gran Clint Eastwood en "27 noches". ¿Es difícil estar al frente y detrás de la cámara?
–Sí, es agotador y bastante alienante. Me gusta actuar y dirigir, y hacer ambas cosas a la vez no deja disfrutar plenamente ninguna. Por suerte, en 27 noches hubo días dedicados solo a dirigir a Marilú [Marini], que fueron los más felices del rodaje. Con un elenco maravilloso y un equipo fantástico, la dinámica empezó a funcionar, y conté con un doble de luces y minimonitores para coordinar cuando actuaba. Poco a poco todo empezó a andar como una bicicleta bien aceitada, con momentos de improvisación controlada y coordinación precisa. Es un aprendizaje continuo: uno tiene que confiar en el equipo, delegar responsabilidades y saber cuándo intervenir y cuándo dejar que el proyecto fluya por sí mismo.

–Y ahora estás con "El resto bien", compartiendo dirección. Eso es nuevo.
–Sí, además hice un pequeño personaje a último momento porque un actor no pudo. Trabajar con Daniel Burman fue muy grato, por su generosidad y la ausencia de ego. Colaboré con sus ideas previas, aportando donde podía, y fue un placer mantener un vínculo creativo de tantos años. Todavía no terminó el rodaje, pero la experiencia fue fluida y enriquecedora, con un equipo que confía y se respeta. Hay algo en ese trabajo conjunto que permite que uno se sienta cómodo, incluso aportando ideas a un proyecto que no nació enteramente de uno, y eso me resulta muy satisfactorio. Además, trabajar con alguien con quien compartís historia y confianza te permite arriesgarte un poco más, explorar y probar sin temor a comprometer la obra.
–¿Cómo es incorporar a actores con los que ya trabajaste?
–Es una suerte. En 27 noches y Un cabo suelto trabajé con actores conocidos y otros nuevos, construyendo un elenco diverso. Con las jefas de casting discutimos cada papel con cuidado, incluso los más pequeños, eligiendo con lupa. Esto permite volver a trabajar con gente talentosa y seguir construyendo proyectos vivos. Además, hay actores que generan una convocatoria natural y entusiasmo, y eso hace que todo fluya mejor. Poder combinar rostros conocidos con nuevos talentos crea una dinámica que enriquece la película y aporta energía fresca al set. La elección de actores también es un acto de confianza mutua: uno confía en ellos para interpretar y aportar, y ellos confían en uno para guiarlos y acompañarlos.

–Hablabas de gente angelada, como Marilú. ¿Cómo fue trabajar con ella?
–Marilú fue inspiración para pensar el elenco. Tiene un liderazgo sutil, convoca comunión, curiosidad y energía. El guion se trabajó en función de su personaje y de los satélites que lo rodean. Ella contagia su espíritu desde el primer día, con ganas de descubrir y colaborar, no de imponer. Todo el elenco responde a ese centro vital y funciona en armonía. Marilú tiene una capacidad única de involucrarse y, a la vez, permitir que todos los demás encuentren su lugar, lo que hizo que trabajar con ella fuera un placer absoluto. Su energía también marca el ritmo del rodaje y ayuda a que todos se sientan parte del proceso creativo.
–La película plantea la libertad y la sexualidad de los adultos mayores. ¿Qué reflexión te dejó eso?
–Hay un “abuelismo” que limita a los adultos mayores, y Marta Hoffman rompe eso: convive con todas las edades y experiencias. Marilú encarna ese espíritu vital, que no se rinde ni abandona etapas. La película invita a reflexionar sobre cómo los adultos mayores pueden seguir viviendo plenamente, con deseo, pasión y libertad, más allá de las expectativas sociales. Es un recorrido por diferentes etapas, combinando la juventud y la madurez, la responsabilidad y la rebeldía, mostrando que cada etapa puede coexistir y enriquecerse con la otra. La película permite preguntarse qué significa mantenerse activo, curioso y vital, sin resignar ningún aspecto de la vida.

–¿Qué cosas te replanteaste vos trabajando en este proyecto?
–Más que el proyecto, es acercarse a los 50 años y pensar en la segunda parte de la vida. La vida ya no se ve como caminos con bifurcaciones, sino con un destino que aparece. Los miedos se calman y surgen libertades en las decisiones y acciones. Marilú nos contagia ese espíritu vital, y uno se inspira a vivir con curiosidad y energía, equilibrando calma y audacia. También invita a reflexionar sobre la relación con la tecnología, el sexo, la creatividad y cómo enfrentar los cambios de la vida sin resignarse, incorporando experiencias y aprendizajes de todas las edades. Este proyecto permitió mirar la adultez desde otra perspectiva, más amplia, con aceptación y libertad.
–El Festival de San Sebastián eligió "27 noches" para abrir la edición. ¿Qué significa para el cine argentino y rioplatense?
–Es un gesto de apoyo al cine latinoamericano, especialmente en un año difícil para la producción. Aunque el sector sigue vivo y resistiendo, se pierden puestos de trabajo, oportunidades y canales de coproducción. La elección del Festival muestra la fuerza del cine argentino, pero también evidencia un momento delicado. Mantener políticas culturales que fomenten la cinematografía y la diversidad sigue siendo fundamental para sostener la industria y su compromiso con la cultura. Además, la visibilidad internacional permite que historias como estas circulen y generen diálogos sobre creatividad, libertad y la experiencia humana, lo que siempre es valioso para la construcción de un cine sólido y comprometido. El reconocimiento también confirma la importancia de sostener redes de trabajo, intercambios y colaboraciones que trascienden fronteras y permiten proyectar el cine rioplatense en un escenario global.

