Flor Jazmín: "Otra de las cosas que me trajeron los 30 es que me acepté"
Forma parte de uno de los programas de streaming más vistos del país, se acaba de incorporar a Fuerza Bruta como artista invitada y espera por el estreno de su primera comedia musical. A días de su debut en La llamada, habla de los desafíos y el aprendizaje que le trajeron los 30, y asegura: “Engancharse en la vuelta del ego o en querer que te quieran es una lucha perdida”.
Flor Jazmín Peña atiende el llamado de El Planeta Urbano minutos después de volver de una clase de pilates. Desde que anunció que dejaría de ir a Luzu de lunes a viernes, el canal de streaming donde forma parte del éxito de Nadie dice nada, su rutina se llenó de nuevas actividades. Su deseo era darle más espacio a su costado artístico, y por eso decidió limitar su participación en el programa a martes y jueves. Pero su espíritu inquieto le pidió ir por más. “Mi idea era tener alguna mañana libre, pero antes de que eso sucediera me anoté en un taller intensivo de heels, un estilo de baile que es sobre tacos, y me encanta. Así que los días que no estuve yendo a Luzu, fui al entrenamiento. Ya te digo, cuando tomé la decisión de bajar los días del programa, lloré con mi terapeuta y le dije: ‘Mirá si me gusta ser vaga ahora’ (se ríe). Y ella me dijo: ‘Mirá, yo no creo que te pase eso’. Dicho y hecho, a las dos semanas estaba metida en el taller, había aceptado dos proyectos, seguía en Luzu…”, cuenta.
Los dos proyectos a los que se refiere son AVEN, el show de Fuerza Bruta donde se incorporó como artista invitada, y el reestreno de La llamada, musical que nació en Madrid, brilló en el off-Broadway y desde el 15 de julio volverá a la cartelera porteña en el teatro Astros. Ahí mismo interpretará a Susana Romero, una de las dos adolescentes protagonistas de la obra, que acudirá a un campamento religioso y recibirá apariciones divinas al ritmo de Whitney Houston. Su personaje se enamorará de una monja encarnada por Leticia Siciliani, mientras la historia recorrerá temas como el primer amor, el deseo, las elecciones personales y la necesidad de encontrar el camino que a uno lo hace feliz.

A lo largo de esta charla, a Flor se la escuchará comer porque, apenas en un rato, comenzará con uno de sus ensayos. Pero a pesar del ritmo vertiginoso, se la escucha contenta. “En Luzu hice de todo, incluso cosas impensadas para mí, como cubrir un Mundial. Aprendí un montón, pero tenía ganas de explorar cosas distintas, como ahora, que por primera vez voy a cantar en un escenario”, comenta, a días de vivir su debut en una comedia musical.
–Me contaron que el lema de tu personaje es “Lo hacemos y vemos”. ¿Te identifica esta frase, o sos más de pensar a la hora de tomar una decisión?
–Recontra. Susana es una chica muy valiente, que no va a dejar que nadie le pisotee sus deseos, y sobre todo esa voz interior que la llama a confiar. Me siento superidentificada, incluso cuando tuve esta última crisis en la que me di cuenta de que necesitaba cambiar la cantidad de días de Luzu, yo no sabía qué iba a pasar y tomé la decisión sin tener ninguna certeza ni ningún otro trabajo. Después te das cuenta de que escuchar esa voz interior que te pide pegar un volantazo tiene su razón de ser. Pero, bueno, hay que ser valiente y hacerse cargo.

–Hace un tiempo dijiste que, ahora que llegaste a los 30, la maduración tiene que ver con que cada vez te lleve menos tiempo tomar una decisión. ¿Qué otras cosas cambiaste a esta edad?
–Me había olvidado de que había dicho eso, pero tenía razón. Esta crisis que te estoy comentando es superusual, y siento que a todos nos pasa en diferentes momentos de la vida: puede ser con un laburo, con una pareja, con tu sexualidad. La verdad es que me pasaron todas (se ríe). Tal vez está el miedo de perder a quienes te acompañaron, porque estás cambiando y vas a dejar de ser esa versión que el resto conocía. Pero creo que es poder confiar más en lo que acontece y vivirlo menos desde el drama.
–Recién mencionabas la crisis con tu sexualidad. Vos ahora estás recontra en pareja con Nico [Occhiato], pero siempre hablaste abiertamente de que te gustan las personas en sí. No sé si te pasó, pero muchas veces la gente tiende a querer encasillar el deseo, y cuando dejás la puerta abierta se genera cierto cuestionamiento.
–Sí, pero otra cosa que te traen los 30 es entender que el problema es de ellos. Ellos se lo pierden, porque uno puede estar preso de uno mismo y de las creencias limitantes que tiene. Está bueno entender que lo que en algún momento te funcionó como una verdad, tal vez en el futuro no sea así. Es trabajo de cada uno, y también es trabajo de uno mismo lograr que te afecte menos la mirada del otro.

Antes yo también me exigía a mí misma una estructura y una etiqueta que fuera inamovible, porque parece que lo inamovible y lo estable nos dan una sensación de seguridad. Pero ni siquiera las estaciones y el clima son estables, la naturaleza es cíclica, y uno también lo es. Estoy pensando que otra de las cosas que me trajeron los 30 es que me acepté. Acepto que voy cambiando y que iré siendo según lo que acontezca.
–Una de las subtramas de este musical es la relación amorosa de tu personaje con la hermana Milagros. Pienso en la importancia de que una obra hable de amor libre en este momento, ¿no?
–Me doy cuenta de que me gusta una mujer, y encima es monja (se ríe). Y sin embargo, me hago cargo y lo llevo al frente como bandera. En eso también me siento identificada, por las veces que tuve la oportunidad de decirle a alguna amiga que fuera valiente para dedicarse a lo que quisiera, o que dejara a ese novio que no la valoraba. Yo cuando era chica y todavía no me dedicaba a lo artístico, sino que era un sueño idílico y muy imposible…

–¿Por qué imposible?
–Porque se entiende que es difícil. Mi abuelo fue artista, cantor, y se cagó de hambre, entonces mi familia no estaba contenta con la decisión y les parecía una locura. Y sin embargo, un día fui a ver una obra en avenida Corrientes, y me encantó porque daba un mensaje bastante parecido al que tiene La llamada. No me acuerdo por qué caí ahí, pero son esas casualidades, que yo no considero casualidades, donde uno coincide con aquello que necesita escuchar. Esos momentos en lo que sentís “uy, me están hablando a mí”. Y un hecho artístico como esta obra es espectacular, para animarse a ser y a escucharse, porque nadie va a poder guiarte mejor que tu voz interior. Un mensaje así, y más en estos tiempos, es hermoso y necesario.
–Dejando de lado lo religioso, ¿en qué cuestiones creés vos?
–Ay, no sé… En mí (se ríe).

–Hablabas de tu familia, y alguna vez contaste que fuiste criada con esta mentalidad de “si ganás 10, guardamos 9”. Hoy estás en un gran momento profesional. ¿Aprendiste a disfrutar de darte tus gustos sin culpa o todavía te cuesta?
–Sí, estoy contenta. Cuando venís de una familia que ha pasado mucha hambre… A mí nunca me faltó nada, pero vengo de un lugar humilde (mi mamá es ama de casa, y mi papá, un laburante que siempre mantuvo al seno familiar), entonces a veces te cuesta cambiar el chip. Pero estoy aprendiendo a disfrutar. Hace poco una terapeuta me ayudó mucho. Es una larga historia, pero me dijo que para la Kabbalah (N. de la R.: sabiduría ancestral que provee herramientas “prácticas” para crear felicidad y satisfacción) tanto los humanos como el dinero somos un medio. Así como los humanos somos un medio para traer algo al mundo, el dinero es un medio para conseguir otra cosa.
Cuando entendés que el dinero es un medio y no un fin en sí mismo, cambiás la relación con él. Y eso me hizo un clic, porque me di cuenta de que no es el ganar plata para ir guardándote los billetes y decir: “bueno, tengo 10 ahorrados”. Es aquello que podés hacer o lo que quieras comprar: ese viaje, la comida que comés a diario…

–Volviendo al éxito de Luzu, hace cinco años formás parte de uno de los programas de streaming más vistos del país, ¿qué aprendiste sobre vos misma después de estar tanto tiempo expuesta al micrófono y al comentario?
–Creo que lo que aprendí es que nada es tan importante. Sobre todo yo misma, y lo que pueda opinar un otro sobre mí misma. Engancharse en la vuelta del ego o en querer que te quieran o que te crean es una lucha perdida. Yo trato de aportar desde lo que puedo, y ojalá que sirva y entretenga. Pero si me mando una cagada y me critican, tampoco soy tan importante. Lo re laburé, y eso no significa que no entre en crisis por cosas, pero, bueno, hay que vivir más liviana.
Fotos: @joynixmedia @agenciacoralok

