Evelyn Botto: "Creer que sos lo más, te hace ser lo más"

Pisa fuerte en el streaming, se anima al canto y ya se prepara para debutar en el Gran Rex con La Sirenita. Entre el arte, el humor y el deseo, encara una nueva etapa sin imposturas, en la que se siente merecedora de su presente: “Necesitamos decirnos cosas buenas”, asegura.

Evelyn Botto habla desde lo más visceral. La potencia de su voz y su presencia está marcada por eso que le late por dentro y no puede evitar decir y ser. Hoy entiende el poder de su arte y de su actitud genuina, que no sigue ningún guion. Así también conquistó el universo del streaming, un terreno que transita con naturalidad desde hace años. Pasó por Coca Cola FM, fue parte fundamental de Perros de la calle (por Urbana Play), y hoy se luce en Mi primo es así y Tapados de laburo, en la pantalla de Olga.

En el último tiempo quiso perseguir un deseo que tenía guardado: cantar. Así como la Sirenita pierde la voz y mágicamente la recupera, un día Evelyn se subió a un escenario y ya no se bajó más: cantó junto a Fito Páez en La Plata, en el Cris Morena Day, el Shakira Day y el Calamaro Day junto a Pablito Lescano, y participó del último disco de Lali. Este salto artístico la llevó a transformarse en Úrsula, a quien le pondrá voz, alma y cuerpo a partir del 5 de junio en La Sirenita, el musical de Disney. Nadie mejor que ella para darle vida a este personaje, que va a volar por los aires, bailar y cantar en el Gran Rex, con toda la pasión y la energía de quien, aunque a veces cooptada por el síndrome del impostor, confía en lo que es.

–En la sesión de fotos contabas que, por lo general, preferís maquillarte sola. Imagino sos más de armarte tu estilo, no te gusta que te guíen demasiado.

Sí, desde hace más de quince años me maquillo. Desde que tuve mi aparición en el streaming de Coca Cola FM aprendí, porque me generaba inseguridad el acné. Me copó, lo empecé a hacer cada vez mejor. La cara me fue cambiando, el delineado fue cambiando, el párpado empezó a caer. Igual en Perros de la calle hice una huelga: después de dos años de maquillarme todos los días, empecé a ir sin maquillarme por mucho tiempo. ¡Una libertad! Pero veía los recortes y decía: “¿Qué me pasó?”.

–¿Sos de volver a verte en los videos?

–Trato. En lo que más o menos me copó, reviso; y cuando veo algo que me da gracia de mí misma, me motiva. Lo que me salió mal, ya sé que me salió mal, por eso trato de motivarme con los recortes que sí me copan. Ahora estoy mejorando mi diálogo, pero por lo general me cuesta. En mi intimidad sé perfectamente qué hago bien y qué hago mal. Estoy orgullosa de las cosas que me salen bien, y hay otras que digo: “Esto debe haber salido terrible”, y pospongo verlo. Después cuando lo veo digo: “Ah, no estuvo mal”, pero en mi cabeza era algo espantoso. Lo hablo con mi psicóloga y lo que estoy pateando es ver que lo que hago me gustó y lograrme felicitar. A mí me cuesta recibir halagos. Siempre pienso que en el fondo es mentira, que no es cierto. Hay algo de mi impostor que me dice: “No es verdad lo que te están diciendo”. Aunque ahora me relajé, y me dedico a aceptarlo y agradecerlo.

–¿Cómo creés que lograste esa transformación?

–Terapia. Que es algo que me viene muy bien ahora también, porque dejé un programa en el que estaba muy estable (N. de la R.: Perros de la calle), un lugar muy valioso, muy deseado por mucha gente. En su momento me costó aceptarlo y entender que me lo merecía, sentirme cómoda, encontrar mi personalidad dentro del programa. Cuando pasaron cinco años, que pude construir ese lugar, sentí que ya estaba cumplido un ciclo y que tenía ganas de volver a acercarme al arte, a cantar más. En un momento dejé de cantar, y ahora estoy cantando todos los días. Siempre canté pero no encontré la manera de hacerme cargo de ese deseo. La terapia ayudó mucho, y decidí que necesitaba el tiempo y la energía que estaba poniendo en el programa para que empiecen a pasar cosas. Y así como decidí dejar Perros…, salió el casting de La Sirenita, fue automático.

–¿Cómo armaste el personaje? ¿Eras fan de la historia de "La Sirenita", o cero?

No tenía tantos recuerdos e hice un trabajo de investigación serial sobre La Sirenita. La vi dos veces en español neutro, dos veces en inglés, vi el live action, leí el cuento original de Hans Christian Andersen, vi todas las versiones que encontré de las Úrsulas de los Broadway, una Úrsula polaca, una brasileña. Y vi las películas de Divine, de John Waters, que es la inspiración del primer boceto de Úrsula. Es una drag queen de la escena neoyorquina de los 70, megatrash. Los dibujantes de esa época de Disney se basaron en ella.

–¿Qué te identificaba de Úrsula?

–Con todos mis amigos de la comunidad LGBTIQ+ estamos de acuerdo con que ella es una drag queen. Yo no miré todas las temporadas de Rupaul Drag Race que miré para no estar preparada para este momento (se ríe). Hay algo de la forma de comunicar de ella, los tonos altos y bajos, los cambios de ánimo; algo de eso hay en mi personalidad. Es un pulpo queer que vive sus días desterrada en las regiones inferiores del mar y está resentidísima. Es atolondrada, ansiosa, está tan enceguecida por lo que le hicieron, que le sale todo mal. Entonces es muy gracioso eso para jugar, para construir. Y saber que me tengo que poner arneses y volar, me parece increíble.

–¿De cuál a cuál ánimo sentís que pasás en general?

–Ahora estoy más tranquila porque empecé a gestionar mejor mis emociones, pero yo soy “calentonita”. Si hay algo que no me gusta, tengo un impulso que me hace decirlo. Ahora aprendí a decirlo con humor. Para mí se puede decir todo, depende de cómo lo digas. Lizzy me ayudó mucho con eso. Esta cosa de las drag queens, que todo es brillo, risa, alegría, fantasía, “¡qué felicidad, qué divertido!”, hasta que en un momento es: “Esto no, y no se negocia”. Yo en mi equipo nuevo de Olga soy muy de gritar en el aire, a la producción. Y después digo: “Che perdón, no quise gritarte, me salió de loca”. Así, paso de la locura al pedido de disculpas permanente.

–La sinceridad relaja. Siempre hay alguien que dice todo lo que otros no dicen.

–Sí, yo estoy tratando de elegir mis batallas. “Esto no va a cambiar”, pienso, entonces respiro, me voy a otro lugar de la sala. Ya aprendí a hacer eso también.

– ¿Qué batallas se conquistaron a favor de la diversidad de género y qué cosas sentís que son más un discurso para el marketing y aún no se logran?

–Yo estoy muy confundida. No sé si hay derechos adquiridos o ganados; últimamente pongo en duda todo, porque hay muchos discursos que hoy me dan miedo. Hay cosas que son obvias, como que el otro tenga ganas de hacer lo que quiera con su vida, porque, ¿a alguien le debería molestar? Pero hay toda una nueva ola de volver a lo cuadradito, pareja varón-mujer, a tratar de quitar información sobre la ESI… Ahora que me toca hacer este personaje, pienso en Úrsula, en las drag queens, que no hacen más que llevarle alegría a la gente. Pero no todas las personas de la comunidad LGBTIQ+ son drag queens: hay personas que son trans y quieren trabajar de abogadas, por ejemplo. Siento que nosotras tenemos un poco más de fuerza en algunas cosas y hay varones un poco más educados. Pero falta un montón.

–Cuando estuviste en "Sex", ¿qué te pasó con el hecho de mostrarte desde ese lugar que no habías explorado antes?

–Entendí que la sensualidad puesta en pos de ciertos cuerpos es un espejismo, una idea que tenemos instalada en el inconsciente colectivo. “La gente se calienta con la gente”, dice Bimbo, y es muy exacto. La inteligencia es sexy, la actitud es sexy, y un montón de otras cosas que yo comprobé estando en ese show. Mi peso, ser gorda, es una característica más de mi cuerpo, y no es una mala palabra. Esto me ayudó a entender algunas cosas de un proceso que yo ya venía haciendo. Úrsula se cree lo más y eso es lo más espectacular. Pienso en escenas donde ella está con el pelo para arriba, con una caracola en el cuello, explotada, y es encantadora. No tiene que ver con lo que conocemos o lo que nos enseñaron que era la belleza, sino con otra cosa. Creer que sos lo más, te hace ser lo más. Pero tenés que creerlo de verdad. Y eso es lo más difícil.

– ¿Podés creer cada vez más que sos lo más?

–Sí, me lo digo todos los días. A la mañana me paro en el espejo y me digo: “Sos increíble, no entendés lo espectacular que sos, linda, buena hija, buena amiga, buena persona. Te merecés todo lo bueno”. Empiezo a hablar como una loca psiquiátrica, pero me lo digo, en voz alta. Y entro a bañarme. Necesitamos decirnos cosas buenas. Hablar bien de uno es chocante para el resto. Decítelo vos, en la intimidad, y después eso se va a notar.

Fotos: Alejandro Calderone @accphoto

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