Julieta Ortega: "Si una tiene un micrófono y está siendo genuina, es muy difícil que no le toque el corazón a alguien"

Con honestidad y sensibilidad, la actriz repasa su presente: el impacto del podcast Las pibas dicen, su gira con Sex y cómo cambió su mirada sobre los deseos, el vínculo y la individualidad. “Si una tiene un micrófono y está siendo genuina, es muy difícil que no le toque el corazón a alguien”, comparte.

Aunque confiesa que detesta las frases hechas, los conceptos de moda y los mensajes de superación que circulan en las redes, hay un verso de Charly García que a Julieta Ortega la marcó para siempre: “Cada cual tiene un trip en el bocho”. Curiosa y segura, como se mostró cuando se alejó de casa para probar si la actuación era lo suyo o solo algo heredado, la experiencia le dio la razón: siempre estuvo lista para hacer su propio camino.

En esta charla con EPU no hay lugar para las etiquetas: la actriz se anima a repensar muchas de las ideas con las que creció y deja un consejo entre risas y verdades: “Después de los 50, te das cuenta que se sufre mucho al pedo, ya te vas a terminar riendo de todo”.

–En una storie de Instagram compartiste la frase: "Lo que es para vos te encuentra”. ¿Qué te fue encontrando a vos a lo largo de estos años o qué decís: “Ah, ¿esto era para mí entonces”?

–Ya desde muy chica, mi vocación. Y la gente que forma parte de mi vida, los amores, los amigos, lo que no vino conmigo necesariamente pero se cruzó en mi camino y, de forma muy mágica, terminó siendo una parte esencial de mi vida. Es muy finita la línea entre trabajar para lograr las cosas con las que uno sueña y también confiar en que el universo tiene su propio plan.

–¿La paciencia es la clave?

Sí, con los años una aprende a no hacer tanta fuerza ni para los vínculos ni para los trabajos (hace una pausa). Quiero decir: una cosa es construir un vínculo y otra es querer forzar algo que no está pasando. Yo soy re respetuosa del otro si al otro le pasa lo mismo conmigo. Hablo de amigos, amores, amantes, lo que sea. Y si no, está todo bien. No me enojo por demás, no me resiento, y no tanto por el otro, sino por mí. No me tomo nada personal. Y las cosas no te las hacen a vos la mayoría de las veces. Igual raramente comparto esas frases que circulan por ahí, muchas son horribles (se ríe).

–¿Como “si sucede, conviene”?

Sí, horrible. Lamentablemente, ‘ni todo lo que sucede, conviene’ ni ‘si creés, podés’. Hay limitaciones propias, no creo en la meritocracia, no todos nacemos con el mismo viento a favor. Por supuesto que sí están las historias totalmente extraordinarias, como la de mi padre, por ejemplo, pero no es habitual que una persona con tan poco pueda hacer tanto. Hay que pararse en un contexto, y esto lo tomo incluso para mis logros. Creo que soy una mujer muy trabajadora y muy enfocada, pero no puedo ignorar de ninguna manera el lugar donde crecí, que me dediqué a algo que venía de familia y que no es lo mismo empezar desde otro lado.

–Con el podcast Las pibas dicen te encontraste en un rol totalmente nuevo, como el de comunicadora, y lograste abordar temas que invitan a repensar la realidad de cada mujer, incluso la tuya. ¿Qué te sorprende de ese proyecto?

¡Más que nada la mía! (se ríe). Es impresionante todo lo que nos volvió de ese trabajo, me acercó mucho a otras mujeres. Poder abrir nuestro corazón en esta época donde, como decís, hay mucho discurso de superación y se habla mucho del empoderamiento de las mujeres, es clave. Creo que parte del proceso también es entender qué nos pasa y poner sobre la mesa las zonas más oscuras, las cosas que no podemos, los momentos donde no nos sentimos tan geniales ni empoderadas, lo no resuelto, los miedos, las inseguridades, los cuerpos y el paso del tiempo, nuestras madres, la relación que tenemos con el dinero, los mandatos, la depresión como algo real, un poco de todo eso que intentamos ocultar.

–El eslogan justamente recalca: “Las cosas no salieron como querías”. ¿Hay que hacerse amiga de la frustración o resignificarla?

La realidad es que la vida está llena de cosas que no van a salir como vos querías, de frustraciones y de incertidumbre. El otro día hablaba en otra entrevista sobre la presión por los cuerpos y de nuestras madres ejerciendo eso, y los comentarios que más recibí fueron: “¡Cómo dos feministas se juntan a hablar de eso! ¡Están retrocediendo mil años!”, y es al revés. Si uno no puede nombrar lo que pasa, no hay forma de encarar ese tema ni resolverlo. Yo ya lo hablé con mi madre, me pidió disculpas hace mucho tiempo pero no es joda de dónde venimos; a mí tal vez me pasaría con una hija mujer. Mi generación viene con otro chip e, inconscientemente, eso está todavía. Entonces, poder reconocerlo me parece un gran avance.

–La mayoría de los comentarios en los episodios agradecen que esté dirigido a mujeres adultas, un público que en esta era de redes sociales y streaming a veces queda ajeno a los diálogos actuales. ¿Eso lo habían notado?

Es que hasta hace algunos años no había contenidos que circularan fácilmente para mujeres adultas. Sobre la menopausia, por ejemplo. Y me pasó a mí, eh. Me levanté un día con muchísimo calor, asustada, se lo comento a mi mamá, y ella fue quien me dijo que fuera a ver a la ginecóloga porque la suya había sido a una edad muy temprana y eso podía influir. Por suerte, ahora hay más representación de mujeres en los medios: mujeres hablando de temas de mujeres. Y realmente es necesario.

–Además, las oyentes destacan mucho la complicidad que transmiten, como si realmente fuera el grupo de amigas de una hablando sobre eso que aún no se animaron a plantear…

¿Viste que el amor romántico suele ocupar mucho espacio y tiempo en la vida de las mujeres? Entonces, en una reunión de amigas, ponemos en común lo que le pasó a nuestro hijo, lo que hicimos con nuestro marido, lo que nos gusta del que estamos conociendo… Nos reíamos el otro día durante la producción de la cuarta temporada, porque de cinco temas que propusimos, tres hablaban de la pareja. Yo decía “Chicas, volvamos a nosotras” (se ríe). Acá, en Las pibas…, somos posta un grupo de cuatro amigas: dos de nosotras somos hermanas (N. de la R.: participa Rosario Ortega), con Ana Paula Dutil casi porque fuimos familia (N. de la R.: ex pareja de su hermano, Emanuel Ortega) y Fernanda Cohen es íntima. Entonces, hay un conocimiento de la otra que también lo hace rico y distintivo.

–Como si fuera una intervención a micrófono abierto.

Algo así, charlas que nos inviten a conocernos mejor. Porque en la pareja, una se va perdiendo en el otro, las cosas empiezan a ser de a dos: los lugares donde vamos de vacaciones, las series que miramos, los amigos que visitamos… Y en esa concesión se pierde el deseo propio, y es sumamente importante distinguir qué le gusta a una. Yo estoy sola desde hace un montón de años, y en este tiempo pude entender quién soy, qué me gusta, cómo elijo perder mi tiempo. Empecé a pensarme más allá de los vínculos.

–¿También cambió tu vínculo con otras mujeres? Amigas, hermanas, compañeras…

A partir de esta experiencia y, sobre todo, del feminismo, mi relación con otras mujeres cambió por completo. Esos celos por otras mujeres ya no van conmigo, aunque mis amigas se rían. Con mi militancia, empecé a ver a otra: las mujeres somos personas sumamente interesantes. Y años después, me pasó que en medio del show de Sex, venían chicas a saludarme y apoyarme por lo que estaba haciendo con el podcast. Si una tiene un micrófono y está siendo genuina, es muy difícil que no le toque el corazón a alguien.

–Tu presente personal pero, sobre todo, profesional, te invita a resignificar conceptos y vínculos constantemente. Desde que formás parte de Sex, ¿hubo algo que te sorprendiera en cuestiones del deseo y la sexualidad?

Uf, puso algo en primer plano que tal vez ya no estaba ahí en los últimos años. A ver, el sexo en mi vida tiene importancia cuando está; si no, pienso más en comer rico que en sexo (se ríe). Pero sí puso sobre la mesa la cuestión de los placeres. Sex cayó en mi vida en un momento muy justo, hace poco más de un año, y ahora estamos a punto de iniciar una gira que me tiene muy entusiasmada.

La energía erótica es muy arriba, es divertida, pasa por el cuerpo y te subís o te subís. Es una obra que propone pensar la sexualidad en un espectro muy amplio: un cuerpo es un cuerpo, la sexualidad se vive sin género, la persona que te gusta y la química de alguien es indescriptible y no se categoriza, está en el aire… Entonces, claro que se puso en juego todo eso, el qué hubiera pasado si hubiese crecido pensando que podía sentirme atraída por cualquiera de los dos sexos. Yo creo, sospecho, que en mí tiene más que ver con nuestra historia que, hoy por hoy, con algo real.

Fotos: Alejandro Calderone Caviglia

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