Emiliano Brancciari: "No Te Va Gustar es mi familia y mi lugar en el mundo"
El cantante y guitarrista de No Te Va Gustar repasa su camino como solista sin dejar de lado su historia con la banda. Habla del paso del tiempo, el valor de los discos físicos y la forma en que se consume la música hoy. Su mirada incluye el poder sanador del arte, la importancia del trabajo colectivo y fuerte su vínculo con el público argentino. Un líder con los pies sobre la tierra y la reflexión como bandera.
El camino de la música es errante y está repleto de incertidumbres. Requiere tiempo, kilómetros, actitud y paciencia. Emiliano Brancciari cumplió con todos esos requisitos y tuvo su premio con la banda de su vida, No Te Va Gustar. Al nombrarla, nadie se puede hacer el distraído ni desconocer grandes éxitos como “A las nueve” o “Llueve tranquilo”, sus doce discos de estudio, o su largo periplo en el universo de la canción. Sin perder de vista el proyecto que lidera hace más de 30 años, el músico argentino –uruguayo por adopción– se lanzó hacia una búsqueda solista, en vías de explorar otro canal de composición.
La aventura lo llevó a publicar en 2022 un primer álbum, Cada segundo dura una eternidad, de buena recepción. Ahora llega con otro bajo el brazo: La sombra en luz, donde acorrala sus emociones a través de ocho canciones sin perder su sello característico. Esta posibilidad introspectiva de navegar por lugares más personales lo sacó de su rol habitual y se encontró con shows más íntimos otra vez y la posibilidad de cantar sin tener que tocar la guitarra. “Esto para mí es nuevo”, confiesa Brancciari a El Planeta Urbano, entusiasmado por consolidar su carrera solista y protagonizar de dos fechas en The Roxy.

“Es un desafío lindo. No le pongo tanta carga, pero me parece un lindo desafío. Me pone más nervioso tocar en un lugar chico que en un estadio. Ahí conectamos cara a cara y me da mucha más adrenalina”, revela el compositor y guitarrista, que vivió su preadolescencia en Munro, se mudó a Montevideo y hoy se alterna con estadías en Piriápolis. “Más allá de que ocupo un lugar en el escenario, no dejo de ser una persona tímida. Tiene mucho que ver con eso. Cuando ves la expresión de la gente, te genera un poco más de nervios”, confiesa.
–¿Te genera alguna sensación extraña no estar haciendo cosas para la banda con la que empezaste en todo esto?
–Son dos mundos distintos y es lo que disfruto. Los nuevos desafíos son los que te generan un fuego interno, y también me hace extrañar a No Te Va Gustar y querer dar lo mejor al vernos. Cuando no estoy ahí, los extraño. Es mi familia y mi lugar en el mundo. Está bueno eso.

–¿Qué es lo que mantiene la llama encendida después de tantos años de transitar un mismo camino?
–El combustible es el arte. Por lo menos en mi caso y en el caso de otros con los que comulgo. Tratar de hacer lo que a uno le gusta, expresarse, sacar cosas de adentro, siempre termina siendo el motor de todo esto. Eso es lo que manda, y después viene todo el resto.
–¿Te da miedo repetirte?
–Por un lado, sí, pero también hay una parte que es como un sello y no se puede evitar. Podes ir cambiando la piel y las formas, pero uno es uno. Esto ya lo canté (risas). Sí, eso te puede pasar, pero la idea es seguir haciendo. Podés tomarlo como un sello también.

–¿Qué te dio la música?
–Lo que me dio, sobre todo, es terapia. Escribir cosas y sacármelas de adentro, cantarlas, reinterpretarlas… Hay cosas que escribí hace mucho tiempo que ya no me pasan, pero son letras que reinterpreto y utilizo para canalizar cosas que me pasan hoy. Eso desde el lado intérprete/compositor. Después, escuchar música me ha dado todo. Es un refugio en infinidad de momentos; y la utilizo, la disfruto… saco mucho por ahí.
–Ciertos conceptos presumen que la música no se hace como antes y que la vara estética bajó mucho. ¿Cómo analizás eso?
–Las cosas cambiaron. Lo importante es que la música genere emoción en el público, y eso se sigue dando. Obviamente, hay cosas que me gustan y cosas que no. Hay cosas de mayor y menor calidad, pero hay de todo. La música está para escucharla, no para andar comparándola.

–Como hombre que escucha, y como artista también, por supuesto, ¿cómo te repercute la forma en que se consume la música?
–Como escucha me gustan todas las formas. Poner una canción en la ruta y que me vaya paseando por donde quiere, y también poner un disco como lo pensó el artista, en qué orden. De hecho, como artista me gusta hacer discos. Nosotros pensamos los álbumes sabiendo que los vamos a sacar en físico, por eso tienen un orden. Después, la gente hace lo que quiere.
–Seguir manteniendo esa estructura del disco físico no es algo azaroso, es un trabajo donde todavía hay que pensar.
–Totalmente. A mí me gusta pensarlo, ponerme en el lugar del público y que el orden me lleve para distintos lugares, que no se vuelva monótono. Que arranque con cierto tema y termine con otro. Soy el encargado de eso desde que la banda es banda; y en mi proyecto solista, por supuesto, también. Me encargué de eso desde el principio y no lo he largado hasta ahora.

–¿Te sorprende la recepción del público argentino?
–Lo vivo con mucha alegría porque es mi país. Y, además, con orgullo de haber logrado el respeto con base en el trabajo, a tocar y convencer a la gente de esa manera. Nosotros empezamos tocando para 30 personas, en ese momento sin redes sociales, plataformas, sin nada. El boca en boca hizo que la gente nos fuera a ver. Pagamos todos los derechos de piso habidos y por haber en los festivales, tocando a las dos de la tarde.
La gente nos adoptó como una banda local. Más allá de que veníamos del otro lado del Río de la Plata, hicimos todo el camino. Primero, cuando veíamos nuestros CD en la góndola de bandas de rock nacional, nos parecía raro, y después lo asumimos como un elogio. Nos tomaron como propios.
–En los tiempos que corren, tomar decisiones en conjunto parece ser una travesía del siglo pasado. ¿Cómo lo viven ustedes como banda?
–Depende mucho de cada grupo. En el nuestro no: ya tenemos tanta confianza y un grupo humano tan fuerte, sin lucha de egos, que delegás. Hay cosas que deciden algunos y todos vamos atrás, o van atrás mío. Ya sabemos que hay gente idónea para diferentes rubros y nos relajamos y delegamos. Eso está buenísimo. Cuando se logra eso y sentís que no tenés que estar en todo para sentirte parte, ya está. Delante de todo está el bien grupal.

–Solés detenerte en el tiempo en algunos pasajes de tus letras, casi como una búsqueda filosófica. ¿Qué representa el tiempo en tu vida?
–El tiempo avanza inexorablemente y lo importante es saber aprovecharlo. El tiempo es calidad de vida. Por eso a mí me gusta vivir acá, donde en un mismo día puedo hacer un montón de cosas que en una gran ciudad tal vez no porque no te da. Pasé una adolescencia alucinante. Montevideo era una ciudad supertranquila. Tenía mucha libertad, algo que en Buenos Aires no tenía.
–¿Por qué viniste a vivir a Uruguay?
–Mis padres se separaron. Madre uruguaya, padre argentino. Eran tiempos difíciles, donde no había trabajo, y mi vieja vino a buscar trabajo a Uruguay. La mitad de la familia es uruguaya, y además era el lugar donde nos íbamos de vacaciones todos los años. Acá empecé otra historia, sin dejar de ir todo el tiempo a la Argentina.

–Este mes (21 y 22 de mayo) vuelven al Movistar Arena con No Te Va a Gustar y se habla de dos noches especiales, ¿por qué?
–Hicimos cuatro Movistar Arena en diciembre y estuvo alucinante. Y ahora tenemos un proyecto que llevamos a cabo con la Filarmónica de Medellín, un espectáculo sinfónico que hicimos con ellos allá. Surgieron estas dos fechas en el Movistar para poder hacerlo y la orquesta decidió que va a venir, así que vamos a dar ese show que es algo puntual y único en esas dos fechas. Va a ser totalmente diferente a lo que hicimos en diciembre.
–¿Cómo nació la relación con la Filarmónica?
–Fue algo de ellos. Nos invitaron. Primero nos pareció una locura. Generalmente los discos sinfónicos no me gustan. Cuando fuimos y empezamos a tocar con ellos fue impactante. Lo hicimos en febrero y ahora se vuelve a dar.
–¿La música sana?
–A mí sí. Sana, canaliza, saca sentimientos oscuros. Te limpia, es un refugio hermoso.
Fotos: Gentileza prensa

